Necesitamos Estados sociales sólidos que garanticen nuestra salud, bienestar y futuro colectivo

La crisis sanitaria provocada por el coronavirus ha demostrado que las administraciones públicas aragonesas son débiles y carecen de dirección política y recursos reales y efectivos. La gestión del Gobierno de Aragón ante la alarma sanitaria e incremento del número de contagios se ha demostrado deficiente y ha carecido en todo momento de mando y capacidad para hacerle frente. Los aragoneses y aragonesas no necesitamos meros gestores que liciten contratos. Preferimos gobiernos que toman decisiones y administraciones que tienen capacidad de aplicar esas medidas que disponen. Aragón carece de estas dos cosas: su gobierno no tiene orientación política ni su …

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Foto: Jack Finnigan (Unsplash).

La crisis sanitaria provocada por el coronavirus ha demostrado que las administraciones públicas aragonesas son débiles y carecen de dirección política y recursos reales y efectivos. La gestión del Gobierno de Aragón ante la alarma sanitaria e incremento del número de contagios se ha demostrado deficiente y ha carecido en todo momento de mando y capacidad para hacerle frente.

Los aragoneses y aragonesas no necesitamos meros gestores que liciten contratos. Preferimos gobiernos que toman decisiones y administraciones que tienen capacidad de aplicar esas medidas que disponen. Aragón carece de estas dos cosas: su gobierno no tiene orientación política ni su estructura herramientas para afrontar situaciones de excepcionalidad. En un mundo global, en el que parece que hay constantes amenazas externas, hemos asistido a un ejercicio de improvisación que pone de relieve que no existen grandes planes de choque para momentos críticos.

Buena prueba de ello es haber dejado en los primeros momentos a todas las administraciones locales sin instrucciones o enviando muchas y poco precisas a los centros educativos mientras comenzaba a propagarse por Aragón el COVID-19. También el no tener capacidad de suministrar a los centros sanitarios, asistenciales y de ayuda a domicilio elementos de prevención y protección frente al contagio del coronavirus, son buena prueba de ello.

El Gobierno de España tampoco ha actuado con rapidez y contundencia. Decidió intervenir una semana tarde con los costes humanos y para la salud pública que esa decisión conlleva, y lo que supone en términos de capacidad para el control de la epidemia. Decide intervenir tarde y con focos de contagio disparados y descontrolados, pero no obstante, como Estado dispone de bastantes herramientas, al contrario que una autonomía como la nuestra, que siquiera cuenta con un cuerpo policial propio ni unos servicios de emergencia unificados.

En este contexto de crisis sanitaria, con Estados como el italiano o español fuertemente afectados, la Unión Europea no ha aprobado el plan de 400.000 millones de euros propuesto por España, Italia y Francia para frenar los efectos económicos del COVID-19.

Mientras el Eurogrupo “promete medidas de alivio” sin precisar, se abre una guerra económica y geopolítica por dominar el mercado europeo. China se mueve y comienza a ayudar al sur de Europa, Alemania se alinea con el eje anglosajón (Estados Unidos y Reino Unido).

Estos movimientos podrían tener repercusiones en el futuro de la Unión Europea y en la configuración de un nuevo equilibrio internacional. Las potencias del Norte están reconfigurando sus relaciones. China también, y los Estados subalternos del sur deberían hacer lo mismo si quieren tener la capacidad para enfrentarse a esta crisis.

China lo hace porque tiene algo que ofrecer. Envía material sanitario porque puede, pero no solo eso. Tiene una alta capacidad de producción, y también de planificación e intervención. Los Estados del sur europeo, no. Dispone de un Estado sólido capaz de garantizar su soberanía y la supervivencia de su economía tras tres meses con el 90% de la industria sin funcionar, y mientras tanto puede actuar en España o Italia. Tiene algo que ofrecer y no solamente bienes.

El impulso de los sectores estratégicos, empresas con producción local, y un papel central de los Estados son medidas de obligatorio desarrollo si deseamos tener capacidad para hacer frente a los vaivenes del mercado o a una crisis de la magnitud de la que se avecina.

Además se tiene que hacer a escala de la Unión Europea en su conjunto, o mediante la agrupación de muchos Estados periféricos, pues ninguno tiene capacidad real de enfrentar este nuevo tiempo por sí mismo.

La crisis sanitaria va a traer irremediablemente consecuencias en forma de recesión económica, y la alternativa a esto será tomar la deriva griega: liquidar el Estado y todos sus bienes, siguiendo la senda de las políticas neoliberales de 2008, renunciando definitivamente a disponer de todo lo estratégicamente relevante.

Han quedado patentes las tremendas debilidades e ineficacia de nuestros sistemas sanitarios, con una capacidad parcial de enfrentarse a esta epidemia y la emergencia sanitaria generada. Esta carencia no es solamente técnica, humana y material, ya que también políticamente se ha demostrado nuestra dependencia de otras instituciones supranacionales.

Para garantizar la supervivencia del propio proyecto político de integración europea, o de sus Estados miembro, se debe disponer de industria, políticas públicas en materia de salud, vivienda, protección social o educación, así como políticas fiscales y monetarias que protejan a amplios sectores garantizando la cohesión.

Todo ello pasa necesariamente porque los Estados sociales recuperen su fuerza en este momento crucial, renunciando a perseverar en medidas que no hacen más que ahondar y profundizar en sus debilidades.

Pequeñas medidas no van a ser suficientes. Recetas neoliberales como las bajadas de tipos de interés o de la presión fiscal sobre las empresas son parches que solamente conducen al mismo destino y que obligarán al Estado a recaudar por otro lado, como ya hemos visto recientemente. Sin ninguna duda el peso de estas políticas recaerá sobre los sectores trabajadores y populares, ya empobrecidos por las “medidas paliativas” impulsadas e implementadas desde 2008 por las élites financieras.

Debemos aprender de la historia reciente y comprender que lo que está en juego es la reconstrucción de nuestras economías y Estados. Seguramente no tendremos otra oportunidad, no podemos cometer de nuevo los mismos errores. Las inyecciones de capital no pueden volver a destinarse a la banca y la deuda, debe priorizarse el rescate de la economía real y ciudadanía.

¿Para qué queremos una unión económica y monetaria, así como unas autoridades europeas, que en momentos de crisis son incapaces de satisfacer las necesidades de la población y economía de los Estados integrantes?

El momento va requerir en breves una fuerte inyección de dinero público de los Estados y de la propia Unión Europea para salvar sus economías y para no dejar a nadie atrás. Como ya sucediera pero con otra orientación. Un gran movilización de recursos a escala europea, que destine ingentes cantidades de dinero público a la industrialización para el fortalecimiento de los Estados y sectores estratégicos, que multiplique la capacidad productora y recupere las soberanías tan debilitadas, al mismo tiempo que se sostiene el empleo y la capacidad económica de las familias.

Se debe apostar por un cambio de mirada. El capitalismo es inviable medioambiental y socialmente, y se necesita estrechar lazos de comunidad e impulsar las economías locales y reales frente al estímulo de la financiera. El capitalismo lleva décadas promoviendo soluciones individuales y reproduciendo una sociedad individualista. El modelo actual no funciona, y la crisis del coronavirus nos enseña que la única manera de salir adelante es la solidaridad, colaboración y cooperación de todas.

Recientemente hemos visto la fuerza de ese apoyo mutuo, en algunos centros de producción se ha materializado con el paro de la producción de las fábricas por parte de la propia plantilla ante la incapacidad real de proteger su salud. Incluso en nuestros vecindarios vemos esas muestras de apoyo a aquellas personas mayores que requieren una especial atención y cuidado, visibilizando todos aquellos trabajos feminizados tradicionalmente no valorados. Esto nos tiene que servir como diagnóstico de que es posible avanzar en otra dirección. No podemos permitir que nuestros gobiernos vuelvan a incidir en el mismo error de los atajos basados en privatizaciones y recortes que tantas vidas se han llevado por delante. ¿Cuanto costó el rescate bancario y cuanto se va a invertir ahora en la gente?

De lo contrario las tensiones sociales crecerán, como ya lo hicieron, en un momento de auge de los neofascismos y nacionalpopulismo. El momento es diferente a 2008, y sin duda las democracias liberales y sus maltrechos estados de bienestar verán mermada su legitimidad y sufrirán envites del autoritarismo creciente. Recuerden los años 30 del pasado siglo. Todo es cíclico, como las crisis capitalistas.

Mientras la vieja Europa se posiciona en una nueva fase de la globalización urge aplicar un paquete de medidas sociales y económicas que ayuden a amplios sectores populares a no ser excluidos. Además del futuro de los Estados está en juego el bienestar inmediato de nuestra sociedad. Construyamos en este nuevo escenario una alternativa con un futuro social y económicamente digno, e intervengamos de inmediato. Paso corto y mirada larga.

Los costes de esta crisis no pueden recaer de nuevo sobre los sectores populares, es por eso que se deben estudiar medidas para prevenir el abuso patronal y compensaciones especiales para autónomos y empresas.

Es crucial reforzar de inmediato nuestros sistemas sanitarios y de protección de las personas vulnerables. Algunas medidas ya han sido anunciadas por el Gobierno español, como soluciones en el campo de la vivienda con medidas de aplazamientos hipotecarios y la prohibición de cortes de agua, gas o electricidad de manera temporal, pero son del todo insuficientes.

La suspensión de los pagos de suministros -si la situación así lo requiere- o el pago subsidiario de alquileres por parte del Estado son imprescindibles mientras las familias no dispongan de ingresos suficientes durante esta crisis sanitaria. Después de ésta se deberán crear prestaciones o rentas básicas a aquellas personas a las que no se les pueda asegurar un empleo.

El Gobierno español también ha anunciado algunas medidas económicas para autónomos y empresas con alguna moratoria impositiva. Están bien, pero son necesarias medidas que garanticen que ninguna empresa quebrará a consecuencia del COVID-19, y hay promover reformas e inspecciones para proteger a los asalariados y asalariadas, en especial a las más precarias.

En lo inmediato, se deben clausurar los centros de trabajo que produzcan bienes o servicios no esenciales que no puedan garantizar la salud de las y los empleados, concediéndoles permiso retribuido por deber inexcusable. Las medidas propuestas por el Gobierno español van destinadas a aquellas empresas que no pueden producir a consecuencia de la declaración del Estado de Alarma, nada tienen que ver con proteger la salud de los trabajadores y trabajadoras, y debe ser una prioridad.

En aquellos servicios indispensables se debe cumplir con la normativa y adoptar medidas especiales, poniendo todos los medios necesarios para no contribuir a la propagación del coronavirus y su contagio entre aquellas personas que prestan el servicio. Las autoridades tienen la obligación de velar por la salud, derechos y bienestar de su ciudadanía haciendo respetar las normas que establezcan en estos tiempos de excepcionalidad, también a las empresas.

Las medidas anunciadas por el Gobierno español son manifiestamente insuficientes pero muy diferentes a las implementadas en Reino Unido. No puedo evitar preguntarme qué hubiera sucedido con el bloque de las derechas gestionando esta crisis. Derechas que se han encargado de privatizar en algunas comunidades todo lo privatizable. Que no se olvide.

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