Nadie elige a sus padres

Niñas y niños del proyecto de aprendizaje vivencial Semillas del barrio de Torrero de Zaragoza.

El otro día hablaba con un amigo sobre el tufillo que desprenden ciertas y ciertos pretendidos "progres izquierdosos" cuando tratan el tema que VOX ha puesto de actualidad para comenzar el año.

¡Cuánto nos gusta polarizarnos a los humanos!

Es curioso, sin embargo, como esta cuestión del odioso "PIN parental" (¡como si nuestras hijas e hijos tuvieran también un código de desbloqueo!, no contentos con cosificar a la mujer, pretenden cosificar a la infancia) ha polarizado transversalmente.

Parece que hay quienes conciben a la prole como una lujosa y cara pertenencia con la que hacer y deshacer a su antojo.

¿No es acaso misión de las madres y padres dejar que ell@s decidan poco a poco su camino?

En la última década, los avatares de la vida me han rodeado de niños y, todavía más, de niñas.

Soy madre de dos niñas de 11 y 8 años, supongo que muchos lectores se harán cargo de lo que supone eso en cuanto a la irrupción en la vida de una de un enorme número de nuevas personas. Familias enteras.

Pero, además, soy enfermera y como tal trabajo en el hospital infantil de Zaragoza.

Si me pusiera a contar el número de criaturas hasta quince años que cruzan sus vidas con la mía, me saldría una lista de longitud considerable. Y detrás de cada una, suele haber un par de figuras siempre: mamá y papá. Con lo cual, esa lista se multiplica por tres.

He aprendido y disfrutado, sigo haciéndolo cada día, mucho con ell@s. Cuidando, escuchando y sobre todo observando sus comportamientos y dinámicas.

Hay personas que consideran a los hijos como una propiedad privada que moldear. Les "invitan" con insistencia a seguir una ruta previa y cuidadosamente diseñada, eso cuando no les obligan a ello directamente.

Sinceramente, ¿cualquiera, por el hecho de tener la capacidad de concebir nueva vida, está preparado para reconocer en ello un acto de puro amor desinteresado? Participar en la formación de un nuevo ser debería ser altruista, sabiendo que se tratará de una persona con sus derechos, como el resto.

Conforme vaya creciendo y madurando, irá diferenciándose más de quienes le trajimos al mundo, y ¡menos mal! Evolución de las especies, le llaman.

Observo, mucho, ya lo he dicho, a familias enteras a mi alrededor, y eso me hace pensar en la urgente necesidad de unas bases educativas firmes. No puede cambiarse la ley de educación en cada cambio de gobierno, considero que es una cuestión primordial que debería consensuarse entre todos para que sea inquebrantable en el futuro.

Sin duda, es el Estado el garante de la educación gratuita de calidad para toda la población por igual. Independientemente de si se vive en Madrid o en el pueblo más recóndito del Pirineo, del color de la piel, de la renta per cápita o de los padres que le tocan a cada niño...

Nadie elige a sus padres.

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