Robert Redford, una de las figuras más emblemáticas del cine estadounidense, actor, director, productor y activista comprometido con múltiples causas sociales, ha fallecido este 16 de septiembre. Tenía 89 años.
Nacido el 18 de agosto de 1936 en Santa Mónica, California, Redford irrumpió en la cultura popular en los años sesenta. Tras un inicio en televisión, pronto saltó a la gran pantalla con papeles que lo convirtieron en referente de toda una generación. En 'La jauría humana' (1966), dirigida por Arthur Penn, compartió escena con Marlon Brando y Jane Fonda en un retrato de la violencia y la hipocresía en la América profunda. Un año después brilló en la comedia romántica 'Descalzos por el parque' (1967), de nuevo junto a Jane Fonda, que lo consolidó como estrella de Hollywood.
Redford alcanzó fama mundial con 'Dos hombres y un destino' (1969) y 'El golpe' (1973), ambas junto a Paul Newman y bajo la dirección de George Roy Hill, películas que lo situaron en el Olimpo del cine clásico. En paralelo, se atrevió con papeles menos convencionales, como el trampero de las Montañas Rocosas en 'Las aventuras de Jeremiah Johnson' (1972), un canto a la naturaleza y a la vida en soledad firmado por Sydney Pollack, o el millonario enamorado en 'El gran Gatsby' (1974), adaptación de la novela de F. Scott Fitzgerald.

Su magnetismo en pantalla también quedó reflejado en thrillers políticos como 'Los tres días del cóndor' (1975), donde encarnó a un analista de la CIA perseguido tras descubrir una conspiración, o en la mítica 'Todos los hombres del presidente' (1976), donde junto a Dustin Hoffman dan vida a los periodistas del Washington Post Bob Woodward y Carl Bernstein en la investigación del caso Watergate.
Redford también participó en superproducciones corales como 'Un puente lejano' (A Bridge Too Far, 1977), donde interpretó al mayor Julian Cook en la recreación de la fallida Operación Market Garden durante la Segunda Guerra Mundial. En los años ochenta protagonizó otro de sus grandes éxitos, 'Memorias de África' (1985), junto a Meryl Streep, un clásico del cine romántico de gran espectáculo dirigido de nuevo por Sidney Pollack.
En 1980 debutó como director con 'Ordinary People' (Gente corriente), que ganó el Oscar a la Mejor Película y a la Mejor Dirección. Su carrera tras la cámara confirmó que su compromiso era también artístico, con un cine atento a los dramas humanos y a la crítica social. Dirigió después títulos como 'El río de la vida' (1992), 'Quiz Show: El dilema' (1994), 'El hombre que susurraba a los caballos' (1998), 'La leyenda de Bagger Vance' (2000) o 'Leones por corderos' (2007), películas que combinan sensibilidad narrativa, exploración de la condición humana y, en muchos casos, un cuestionamiento del poder y de la ética.
En 2002 la Academia le concedió un Oscar honorífico por su trayectoria. Su último papel como actor protagonista fue en 'The Old Man & the Gun' (2018), donde interpretó a un atracador veterano. Con ese personaje cerraba con elegancia su presencia en la gran pantalla, fiel a su estilo: mezcla de carisma, rebeldía y ternura. Un año después llegaría su adiós definitivo con una aparición sorpresa en la película de Marvel 'Avengers: Endgame'.
Un legado más allá de la pantalla
Uno de los mayores aportes de Redford fue la fundación del Instituto Sundance en 1980 —un centro de enseñanza para jóvenes cineastas—, y del Festival Sundance —que se celebra todos los eneros desde 1983 en Park City, Utah—. Sin duda, espacios vitales para el cine independiente, para narrativas que a menudo quedan al margen del circuito comercial de Hollywood. Allí surgieron voces nuevas, diferentes, incluso incómodas, y muchas encontraron en Sundance una plataforma para desarrollarse.
Su compromiso político fue constante: militante demócrata, defendió causas medioambientales y la lucha contra el cambio climático, los derechos civiles y de los pueblos indígenas americanos, la libertad de prensa, y apoyó movimientos progresistas que reclamaban justicia social. Usó su fama como plataforma para denunciar desigualdades, para promover la preservación de la naturaleza y para alentar un cine con conciencia.
Uno de los proyectos que reflejó esa vocación fue 'Diarios de motocicleta' (2004), la película sobre la juventud de Ernesto “Che” Guevara dirigida por Walter Salles. Redford no apareció en pantalla, pero fue el productor ejecutivo a través de su Instituto Sundance, apostando por una obra que retrata las raíces de la conciencia revolucionaria en América Latina y que difícilmente habría visto la luz sin su impulso.
Redford vivía en su rancho en Provo, Utah, donde dedicó sus últimos años a cultivar su legado, apoyando nuevos cineastas, proyectos independientes y activismo cultural y ecológico. Su muerte ha sido confirmada por su publicista: ocurrió “pacíficamente en su casa, rodeado de sus seres queridos”.

Más que Hollywood
Robert Redford nunca fue solo un actor de Hollywood. Puso su rostro al servicio de películas que desnudaban la corrupción política y militar de su país, levantó un festival para dar voz a quienes no tenían cabida en el gran negocio del cine y utilizó su fama para señalar injusticias y defender el planeta. Se marcha una estrella del celuloide, pero también una persona de las que no se resignan al silencio ni a la derrota.

