Mucho más que una gaita

La gaita de boto, una gran desconocida para algunos que marcó la historia de la recuperación del folklore y la identidad aragonesa

La AGA junto a la comparsa de Gigantes y Cabezudos | Foto: Mary Carmen Bozal (AraInfo)

Hace unos días durante la retransmisión del pregón de las pasadas fiestas del Pilar, se describió la historia de la Comparsa de Gigantes y Cabezudos sin mencionar en ningún momento a la Asociación de Gaiteros de Aragón, que ha sido la custodia de esta tradición musical y ha sido un pilar fundamental en su apoyo a la Comparsa, siendo los principales artífices de la recuperación del acompañamiento musical de gaiteros a los gigantes y cabezudos. La fundación de la AGA precisamente nació de esos jóvenes dulzaineros que comenzaron en 1989 a acompañar a la comparsa.

Durante la misma transmisión, se hizo mención de la gaita monegrina como la única gaita aragonesa, pasando por alto el hecho de que se han recuperado una larguísima y extensa tradición, abundante repertorio, bailes y dances en activo y una práctica gaitera habitual en todo el país, Sobrarbe, Monegros, Cinca Meya, Ribagorza, Alto Galligo, La Llitera, Baix Cinca, Somontano de Barbastro, Plana de Uesca, Ribera Baja y Zaragoza (Comarca Central). Más de lo mismo de un medio que centra la cultura aragonesa casi siempre en la jota obviando todo lo demás.

No es extraño escuchar en a calle a personas que ven gaitas de boto asegurar que lo que escuchan es un grupo de galegos, pero en Aragón, los primeros registros visuales de las gaitas se encuentran en la recopilación de fueros que fue encargada por el obispo de Uesca, Vidal de Canellas, entre los años 1247 y 1252. En este compendio, se pueden apreciar miniaturas que representan a nueve gaiteros junto a las letras capitulares, algún siglo después dentro del archivo de la Corona de Aragón, se alberga una rica colección de documentos de gran relevancia en el ámbito musicológico. En esta extensa recopilación, se encuentran numerosos registros sobre las gaitas y quienes las tocaban. Uno de los monarcas aragoneses que se destaca por su profundo interés en la música de la cornamusa es Pedro IV El Ceremonioso. Durante su reinado, que abarcó desde 1345 hasta 1381, contó con la presencia de numerosos gaiteros a su servicio. Todo esto demuestra que es un instrumento propio de la historia de nuestro país.

A finales de la década de los setenta, la gaita de boto, un instrumento fundamental en el folclore aragonés, se encontraba al borde de la extinción. Las pocas gaitas que aún persistían y los escasos gaiteros estaban desapareciendo. Sin embargo, fue precisamente en ese momento crucial, tras el largo período de dictadura, cuando se inició un apasionante proceso de recuperación del folclore aragonés.

Este proceso dio origen a numerosos grupos dedicados a mantener viva la tradición musical aragonesa, algunos de los cuales continúan su labor hasta el día de hoy. Se llevaron a cabo esfuerzos incansables para rescatar valiosas melodías y recuperar instrumentos que estaban al borde de desaparecer para siempre.

Gaita original de Juan Cazcarra de Bestué en el Museo de L'Ainsa | Foto: Mary Carmen Bozal (AraInfo)

Hoy en día, podemos hablar con orgullo de un rico folclore aragonés que trasciende más allá de la jota, con ejemplos que se encuentran en numerosas localidades y que abarcan una amplia variedad de bailes y melodías propias. Entre estos instrumentos rescatados destaca la gaita de boto.

La gaita es un instrumento que forma parte de la música de muchas partes de la península ibérica y en Aragón, tiene una historia particularmente rica y arraigada. Documentos e investigaciones han trazado la presencia extendida de este instrumento por los valles pirenaicos, la ribera zaragozana hacia el este, la zona oriental aragonesa y los Monegros. Un testimonio vivo de esta tradición se encuentra en Sarinyena, donde Juan Mir, uno de los últimos gaiteros de la generación anterior, dejó de tocar en 1975 para el dance.

Poco tiempo después, se dio inicio al proceso de recuperación de la gaita de boto mediante la fabricación de instrumentos que seguían los modelos antiguos que aún perduraban en pueblos o asociaciones culturales. Alrededor de 1979, dos jóvenes originarios de Sarinyena, Pedro Mir y Martín Blecua, adquieren una creciente conciencia acerca de la singularidad de la gaita y en colaboración con otros entusiastas danzantes y bajo la dirección de Clemente Brun, un pastor de Sangarrén, se embarcan en la tarea de construir lo que se convertiría en el primer instrumento "recuperado". Fue en 1980, cuando la intervención de Marcel Gastellu, un hábil artesano radicado en Tarbes, quien confeccionó y donó varias reproducciones de la gaita original de Juan Cazcarra de Bestué, que impulsó la creación de nuevos ejemplares y sirvió como catalizador para el inicio, alrededor de 1986, de la producción regular de gaitas de boto en la región de Aragón.

La consolidación de este proceso fue impulsada por la difusión que llevaron a cabo grupos de folk que surgieron a principios de los años ochenta como Biella Nuei, y el incansable trabajo de personas como Luis Miguel Bajén o Mario Gros. Así, se comenzaron a producir las primeras gaitas de boto, que gradualmente reemplazaron a las primas gallegas que se habían utilizado en la música de acompañamiento del dance debido a su mayor disponibilidad.

Sin embargo, la recuperación de la gaita de boto fue solo una parte de un proceso aún más profundo y significativo: la revalorización de las tradiciones culturales populares del país. Este esfuerzo abarcó canciones, melodías y dances que habían estado en un segundo plano durante décadas, pero que, en los últimos años, han sido rescatados, evitando así su olvido perpetuo. La música y las tradiciones culturales aragonesas se mantienen vivas y vibrantes, enriqueciendo nuestra identidad cultural y honrando su rica herencia, afortunadamente somos mucho más que jota.

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