Modernidad comunitaria, ¿misión imposible?

No se puede volver atrás pero quizá podemos encontrar la manera de avanzar incorporando el valor de la comunidad a nuestras vidas sin renunciar a los beneficios de la modernidad

Foto: Contra Viento y Marea

En el camino hacia el progreso material de las últimas décadas, hemos perdido algunas cosas valiosas. Por ejemplo, conforme nuestras casas se llenaban de electrodomésticos que nos hacen la vida más fácil se perdía la costumbre de lavar la ropa con las vecinas y con la pérdida de esa ardua tarea desapareció también un espacio para compartir. Según el número de personas por hogar se reducía, ampliando el número de m2 construidos por persona, disminuyeron los contactos entre generaciones y por lo tanto la transmisión oral de saberes, tradiciones y expresiones culturales como cuentos y canciones. Cada vez son más comunes los hogares con una sola persona, fenómeno que unido al envejecimiento de la población resulta en que cada vez más nuestros mayores mueran solos y pasen días o incluso semanas o meses hasta que su ausencia sea advertida.

Otro ejemplo, hace no tanto, cuando los niños se aburrían, salían a la calle a encontrarse con otros niños, inventándose sus propios juegos o incluso sus propios juguetes. En no pocas ocasiones las familias daban de merendar a sus pequeños y los amigos de éstos. Los dispositivos móviles, que tantas ventajas tienen, anclan a los niños frente a las pantallas, vacían de vida los patios y las calles, que gracias a la popularización del automóvil privado, que tantas ventajas ha traído, ahora no son de fiar para que los niños jueguen a su aire.

La migración en masa del campo a la ciudad, mejor dotada de servicios y con más oportunidades laborales, ha causado que las personas pasen de una sociedad donde todo el mundo se conocía desde niño y era común la ayuda mutua a una donde no conocemos al vecino del rellano.

Hace no mucho, era común tener una red social sólida, donde uno convivía con decenas de personas quienes le habían visto a uno crecer, caerse de un árbol, hacer travesuras y emparejarse. Esto, que los sociólogos han llamado “capital social” y aún sobrevive en algunos barrios es precisamente lo que ha permitido que surjan las redes de apoyo.

Sucesos históricos como esta pandemia, nos recuerdan nuestras carencias y fragilidades, así como nuestras fortalezas y potencialidades y nos invitan a volver a pensar sobre qué es lo verdaderamente importante. ¿volverá la vida comunitaria al centro de nuestras vidas?

No se puede volver atrás pero quizá podemos encontrar la manera de avanzar incorporando el valor de la comunidad a nuestras vidas sin renunciar a los beneficios de la modernidad.


Este contenido es parte del proyecto Contra Viento y Marea, financiado por la European Cultural Foundation. Todo sobre el especial #RedesVecinales.

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