Migrar es un derecho

El Día Mundial del Refugiado es un día internacional designado por las Naciones Unidas para honrar a las personas refugiadas y desplazadas de todo el mundo. Se conmemora el 20 de junio de cada año para enaltecer la fuerza y ​​el coraje de las personas que se han visto obligadas a abandonar su hogar para escapar de conflictos o persecuciones. El Día Mundial del Refugiado es una ocasión para fomentar la comprensión y la empatía hacia las personas refugiadas y desplazadas en consideración de las difíciles circunstancias en las que se encuentran; asimismo, la fecha permite reconocer su capacidad de …

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María Ángeles Manzano. Foto: Podemos

El Día Mundial del Refugiado es un día internacional designado por las Naciones Unidas para honrar a las personas refugiadas y desplazadas de todo el mundo. Se conmemora el 20 de junio de cada año para enaltecer la fuerza y ​​el coraje de las personas que se han visto obligadas a abandonar su hogar para escapar de conflictos o persecuciones. El Día Mundial del Refugiado es una ocasión para fomentar la comprensión y la empatía hacia las personas refugiadas y desplazadas en consideración de las difíciles circunstancias en las que se encuentran; asimismo, la fecha permite reconocer su capacidad de resiliencia en la reconstrucción de sus vidas.

Este día hay que subrayar los derechos, las necesidades y los sueños de las poblaciones refugiadas y desplazadas y fomentar la movilización de recursos y de la voluntad política para que estas poblaciones no solo sobrevivan, sino que también prosperen.

Un refugiado puede haber huido de su país por varios motivos. Puede haberse escapado de una guerra o de la amenaza de grupos armados. En algunos países, tener ideas diferentes a aquellos que están en el poder, creer en una determinada religión o formar parte del colectivo LGBTIQ+ también pueden llevar a alguien a tener que huir de su país.

Por ello debemos denunciar entre todas y conjuntamente la difícil situación que viven millones de personas desplazadas, hecho agravado todavía más tras la pandemia mundial ocasionada por la COVID-19. Debemos, con ahínco, denunciar las políticas europeas de migración y asilo, que están lejos de dar una respuesta solidaria, respuesta que debería estar basada en el respeto a los derechos humanos de las personas migrantes y refugiadas.

Europa, sus estados miembros de la UE lo único que han hecho ha sido apostar por externalizar sus fronteras, levantar más vallas y pagar a terceros países para que les hagan de porteros sin importar la brutalidad con la que actúen, y utilizan a las personas refugiadas como moneda de cambio. Si se toman medidas, pero esas medidas, como los acuerdos con Marruecos, que no hace mucho hemos podido comprobar cómo ha fracaso, siendo un modelo cuyo enfoque dista con Turquía, y que vulnera la Carta Internacional de Derechos Humanos, la Carta de Derechos Fundamentales de la UE, el Convenio Europeo de Derechos humanos, la Convención de Ginebra para los Refugiados, y diferentes Directivas europeas en materia de asilo.

Todas estas medidas provocan situaciones trágicas, muertes y un gran sufrimiento, y no están impidiendo que las personas continúen buscando seguridad, dignidad y una vida mejor. Estamos ante una Europa que mira hacia otro lado, mientras se sigue produciendo la tragedia insoportable en el Mediterráneo. El año pasado fueron 1179 personas las que fallecieron, y en lo que llevamos de 2021 ya han sido más de 180 las personas fallecidas. Por ello es importante que sepamos atender la vulnerabilidad de todas las vidas, y que se cumpla la legalidad europea e internacional, habilitar vías legales y seguras para que las personas no tengan que arriesgar su vida en peligrosas rutas, prestando especial atención a la violencia sexual y de género, y a la ejercida sobre menores y personas con discapacidad.

Es necesario un nuevo Pacto Europeo para la Migración y el Asilo basado en la responsabilidad compartida de todos los Estados miembro, en el que se garantice una acogida basada en el respeto a los Derechos humanos, habilitando los presupuestos y recursos que requieren los actuales desafíos.

Por ello desde nuestros ámbitos debemos trabajar por la democratización de la economía y la sociedad, por la defensa y la universalización de los derechos humanos y la equidad de género, y por un desarrollo sostenible, democrático y equitativo que respete y cuide nuestro planeta sin dejar a nadie atrás. Debemos construir una alianza democrática internacional que defienda la soberanía popular, la justicia y la fraternidad entre los pueblos, y defendemos que nuestro país pueda y deba ser una referencia en la lucha para conseguir ese mundo más justo, más democrático, mejor. Especialmente debemos seguir dando respuestas efectivas a las personas en situación de protección internacional.

Otro 20J ha pasado pero no puede ser un 20J más. No podemos ser parte del muro, tenemos que ponernos en sus zapatos y no debemos olvidar que no hace tanto los refugiados éramos nosotros.

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