Mientras tanto llueve

Ahí, fuera del estudio, está lloviendo. Igual para las grandes informaciones alternativas no es gran cosa, no es noticiable. Para la situación de sequía y el cambio climático que se nos viene encima sí que importa. En Ucrania llueven bombas y en Yemen también, pero las segundas no parecen importar tanto. Llueven refugiados, pero antes también venían, solo que no eran tan deseables hasta que podían servir de mano de obra barata. Refugiados económicos, de los que no necesitan una guerra porque la escasez de casi todo es una guerra de baja intensidad pero que también mata. Esto no es …

llueve
Foto: Harirak en unsplash

Ahí, fuera del estudio, está lloviendo. Igual para las grandes informaciones alternativas no es gran cosa, no es noticiable. Para la situación de sequía y el cambio climático que se nos viene encima sí que importa.

En Ucrania llueven bombas y en Yemen también, pero las segundas no parecen importar tanto.

Llueven refugiados, pero antes también venían, solo que no eran tan deseables hasta que podían servir de mano de obra barata. Refugiados económicos, de los que no necesitan una guerra porque la escasez de casi todo es una guerra de baja intensidad pero que también mata.

Esto no es excusa, de todas formas, para descuidar de mirar lo que es Putin: un sátrapa y un tipo que pisotea los derechos humanos con la impunidad asegurada, pero sobre todo un producto capitalista al cien por cien. Un defensor del libre mercado y del nacionalismo más atroz que tiene enfrente a otros negociantes de muerte. La guerra es un estupendo negocio cuando los muertos y las refugiadas las ponen otros.

En la UE llueven precios abusivos y a nuestros gobernantes no parece que les cuadre la solución, pese a que es bien simple: impedir que los sectores estratégicos como la energía o la alimentación estén en manos de oligopolios. Pero, para eso, habría que cambiar las reglas del juego, las de la Europa de los mercaderes, que está por encima de la Europa de los derechos básicos.

Lluvia fina cae también sobre quien no podrá encender la calefacción o quien tenga que comprar productos tan básicos como la harina más caros porque los especuladores necesitan que les lluevan unos pocos millones más.

Donde también llueven palos, porque lo que es agua poca, es en el Sáhara Occidental. Territorio esquilmado y ahora doblemente machacado por la Real Politik del PSOE que prefiere abrazar a un monarca corrupto y a los intereses empresariales en Marruecos antes que a un pueblo abandonado a su suerte desde hace casi 50 años. Un pueblo que mantiene a 173.000 personas en campos de refugiadas en lo más duro del desierto argelino.

Parece que llueve, pongamos a refugio. Nosotros y nosotras a lo mejor podemos. Mucha otra gente no.


Editorial de El Acratador | Radio Topo 

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