
Esta situación aparte de pervertir el lenguaje, conculca derechos de algunos padres, que si bien, pueden elegir un centro cerca de su domicilio, no pueden recibir la formación religiosa y moral que esté de acuerdo a sus convicciones si no son católicos. Los centros privados concertados religiosos hacen llegar a los padres una nota donde les comunican que como su ideario es religioso católico la formación en este aspecto “va incluida” y no hay otra opción. Se excluye la atención educativa, pero los gobernantes miran para otro lado.
Quizá porque ese 25% que en las encuestas del CIS se declara ateo o no creyente no forma parte de “los suyos”. Pero luego cuando comienzan las legislaturas nos dicen que van a gobernar para todos y en ocasiones, exigen a los demás el cumplimiento de la Constitución. ¿Por qué incumplen entonces los artículos 16.3 y 27.3 de forma sistemática?



