Mesa y mantel para los centros de datos

Es una frase hecha: poner mesa y mantel. Esto viene a propósito de la irrupción en Aragón, en los últimos dos años sobre todo, de industrias algo menos feas que los mataderos industriales y las macrogranjas, pero no con menos impacto. Unas empresas a las que se les está poniendo mesa y mantel. Dando todas las facilidades y que, por lo pronto, nos están costando dinero a todas a base de exenciones de impuestos, cesiones de terreno o trámites gratuitos. Hablamos de los centros de datos. Un gasto silencioso pero descomunal de energía y agua en el que se ha …

Es una frase hecha: poner mesa y mantel.

Esto viene a propósito de la irrupción en Aragón, en los últimos dos años sobre todo, de industrias algo menos feas que los mataderos industriales y las macrogranjas, pero no con menos impacto. Unas empresas a las que se les está poniendo mesa y mantel. Dando todas las facilidades y que, por lo pronto, nos están costando dinero a todas a base de exenciones de impuestos, cesiones de terreno o trámites gratuitos.

Hablamos de los centros de datos. Un gasto silencioso pero descomunal de energía y agua en el que se ha metido el Gobierno de Aragón y en el que colaboramos todas y todos.

Una colaboración que emprendemos con el acto inocente de desbloquear nuestro móvil. Por ello parece que a algunas personas les parece “menos malo” o que el beneficio, en forma de su enganche al smartphone y el uso de la inteligencia artificial o las plataformas de compras les compensa.

Todo son ventajas nos dicen. Muchos puestos de trabajo, compromiso a largo plazo con el territorio, beneficios a la larga para las arcas públicas... Pero esos argumentos se caen con un mínimo análisis.

Sobre los puestos de trabajo hay que aclarar que las granjas de datos tienen mucho en común con el oligopolio de las renovables: generan poco empleo sobre el terreno y pueden ser totalmente gestionadas en remoto dado que es un proceso muy automatizado.

Sí, habrá un puñado de trabajadores muy especializados, a lo que sumar mantenimiento básico, limpieza o seguridad. Pero, tras la construcción y puesta en marcha ¿Alguien ha facilitado cifras exactas y creíbles del personal que se empleará? ¿Alguien, en una comunidad tan pequeña como Aragón, conoce a alguna persona que trabaje en estas empresas?

Escuchamos cifras mareantes de inversión (se habla de en torno a 48.000 millones en todas las inversiones previstas, más de 3000 solo en la más reciente) pero se concreta muy poco sobre el impacto laboral de estas empresas.

El compromiso con el territorio pasa por la mesa y mantel. Porque se les ha dado todas las facilidades y se les provee de energía barata y más o menos limpia, o por lo menos con los avales necesarios que lo afirman. Si esa energía resulta ser no renovable tampoco nadie hará preguntas.

El compromiso de empresas como Endesa, por ejemplo, pasa por duplicar la energía vertida a la red en un territorio como Aragón que está al límite de su producción eléctrica. Un 94,26% de los nudos de tensión están saturados y la red está ya al límite. Tampoco nadie se ha parado a contarnos por cuanto nos saldrá el recibo.

Y es que, en tan solo tres años se ha triplicado la demanda con respecto al consumo de 2022. Los propios responsables de Endesa hablan claro: Ahora mismo más de la mitad de la potencia comprometida corresponde a centros de datos, baterías de almacenamiento independientes ('stand alone'), hidrógeno verde o procesos industriales de electrificación. Pero aún estamos en una fase muy inicial de los proyectos. Se habla de hasta 30 instalaciones solo en Aragón.

En cuanto a los beneficios para el erario. Por lo pronto lo que tenemos es gasto.

Este tipo de proyectos han visto su brecha de oportunidad en los beneficios fiscales que comporta la inversión en renovables o las exenciones por proyectos de I+D+i, a lo que se le suma las declaraciones de proyectos de interés autonómico.

A todo esto hay que sumar otra variable. Las instituciones públicas no tienen ningún control sobre el fin último de esas instalaciones: desde los datos que se manejan a los servicios de Amazon Web Services (AWS) un auténtico gigante económico que opera como gestor de capitales y que saca ingentes beneficios de la venta de sus apps y su sistema de compras. Tampoco se controla el uso de todos estos centros para fines como contaminar las redes con spam o con propaganda política de pago como la que abastece las redes de odio.

Toda esta avalancha de centros en el corredor del Ebro (tampoco es casual situarse al lado del río más caudaloso de la Península) ha llamado la atención también del Ministerio para la Transición Ecológica. Pero ya van tarde.

Hemos tenido un montón de anuncios espectaculares, ruedas de prensa en la que se da una visión totalmente triunfalista de la llegada de nuevas granjas de datos. Pero, si de algo adolecemos la población en general, es precisamente de datos más allá de las inversiones millonarias.

Una vez más, como en tantos estropicios ambientales, nos comeremos los hechos consumados. La mesa y el mantel los habremos puesto entre todas. Ojalá no nos toque pagar los platos rotos.


Acratorial semanal del programa El Acratador de Radio Topo, radio libre de Zaragoza.

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