Masacres cotidianas

Como parte del paisaje, de las noticias que no se oyen, transcurren varios conflictos armados en el mundo. De vez en cuando alguien cita Sudán, Yemen o Myanmar, aunque normalmente los medios generalistas pasan de puntillas o hasta olvidan rápidamente hechos muy recientes. Tenemos muy presente el genocidio en Gaza y un poco menos el permanente hostigamiento de Israel contra sus vecinos, sobre todo Líbano pero también Siria o Irán. También la guerra de Ucrania. Una guerra en la que los medios estuvieron muy interesados y ahora un poco menos. Guerra enquistada que lleva meses en un siniestro impasse. Pero …

Como parte del paisaje, de las noticias que no se oyen, transcurren varios conflictos armados en el mundo. De vez en cuando alguien cita Sudán, Yemen o Myanmar, aunque normalmente los medios generalistas pasan de puntillas o hasta olvidan rápidamente hechos muy recientes.

Tenemos muy presente el genocidio en Gaza y un poco menos el permanente hostigamiento de Israel contra sus vecinos, sobre todo Líbano pero también Siria o Irán.

También la guerra de Ucrania. Una guerra en la que los medios estuvieron muy interesados y ahora un poco menos. Guerra enquistada que lleva meses en un siniestro impasse.

Pero ¿Alguien se acuerda, por ejemplo, de que hace exactamente dos años hubo una guerra entre Armenia y Azerbaiyán que provocó 7.000 muertos y más de 100.000 refugiadas?

Algunos conflictos como el nombrado de Nagorno Karabaj son explosivos y breves. Otros son matanzas terribles y represión contra civiles sostenidas en el tiempo, como en el caso de la guerra de baja intensidad (por llamarlo de alguna manera) entre los yihadistas de Boko Haram y el estado nigeriano o los 10 años de guerra en Mali sellados con una paz muy precaria.

Menos aún parecen recorrer las noticias la contienda civil de Myanmar. Entre la sublevación y la guerra civil el pueblo birmano lucha contra la junta militar en un conflicto que se arrastra nada menos que desde 1988 con escaladas periódicas y tiempos más tranquilos.

De Sudán se habla ahora un poco más, pero han tenido que acontecer masacres de las que saltaron imágenes en octubre.

De esta guerra, entre las FAR apoyadas por Emiratos Árabes Unidos y el ejército sudanés, apoyado por Egipto, ha habido que esperar a que haya tres millones de desplazados, un millón de ellos en condiciones terribles en torno al lago Nasser en territorio egipcio, más de 150.000 bajas y medio millón de muertos por hambre.

Casi al lado está Etiopía, con otra guerra interminable y en África Central Congo con una guerra que es una sucesión de varias desde 1996, por el control de las materias primas del país. Uno de los países con mayores riquezas del planeta y uno de los más pobres al mismo tiempo.

Por otro lado ¿Alguien es capaz de decir que no hay una guerra en México? Nadie la ha declarado, los contendientes no tienen un general al frente, en todo caso capos de carteles, jefe de jefes o patrones. Pero el goteo de muertos es diario y las cifras oficiales desde 2006 superan las 400,000 víctimas entre civiles, militares y policías.

Algo tienen en común todos estos conflictos: el dinero. En diversas formas, ya sea por intereses geopolíticos, de materias primas o toda suerte de negocios turbios. Como dice el tópico detrás de cada guerra sigue la pista del dinero.

Esto unido a los intereses inconfesables de países que, incluso, presumen de democracia.

Es de sobra conocido el intervencionismo estadounidense, como de otras potencias occidentales por los más diversos motivos. Ahora mismo, por ejemplo, a Trump le ha entrado un irrefrenable interés humanitario por Nigeria, curiosamente el mayor productor de petróleo de África.

Como Rusia a través de sus contratistas (antes se les llamaba mercenarios) está tomando posiciones en determinados países.

O como las potencias del Golfo han pasado de puntillas sobre el genocidio palestino pero, de repente, aparecen en Yemen, como es el caso de Arabia Saudí, con sus propios intereses.

Si seguimos los intereses, de hecho, a lo mejor encontramos a la mente que se esconde tras la mano ejecutora en todas esas masacres cotidianas.


Acratorial semanal del programa El Acratador de Radio Topo, radio libre de Zaragoza.

Autor/Autora