Más borrajas, menos flores

12 junio, 2021. 07:15

Grandes palabras se han vertido en el ‘elogio de lo efímero’, esas cosas que sin ser eternas son muy importantes para las personas y las mantienen a flote. Es una defensa de que lo que nos hace sobrellevar la vida no siempre es duradero, que a veces hay cosas muy breves que nos dejan una gran marca.

Cuántas veces hemos dado la razón a Dostoyevski afirmado que “la belleza salvará al mundo”, convencidas de que no podemos vivir sin pan, pero de que también es imposible existir sin belleza.

Así que, en los tiempos que corren, buscar el impacto instantáneo, la novedad nacida y recreada para Instagram, es una tentación a la que es complicado resistirse. Pienso en el fin de semana pasado cuando coincidieron en Zaragoza dos acontecimientos en principio unidos por lo verde: por un lado, la reivindicación vecinal y de colectivos ecologistas de la huerta de Las Fuentes y por otro, el festival ZGZ Florece, un escenario de arte floral en un Parque Grande luminoso y festivo, ¿son incompatibles?

En principio, no. Organizar una exposición al aire libre en un espacio público en tiempos de pandemia es una buena idea, apoyar al sector de las floristerías, castigado como tantos por el confinamiento y las limitaciones, también lo es.

Y defender una opción de presente y futuro como es la huerta zaragozana, que permita recuperar un modelo de desarrollo sostenible, que favorezca el consumo de productos agrícolas de proximidad generando empleo y abriendo un camino a muchas personas jóvenes que se sienten perdidas, no puede más que ser calificado como positivo.

¿Dónde está, entonces, la polémica? Quizás, simplemente en que desde el gobierno de la Ciudad solo se apuesta por lo efímero, por lo bello y fugaz, obviando que a él le corresponde hacer algo más, por su condición de motor de la economía local, de administración pública que tiene el deber de trabajar de la mano de vecinas, vecinos y movimientos en una dirección de futuro sostenible.

Quizás, también, porque las flores solo llegan a unos pocos y nada se ve de esos colores en las calles y plazas de los barrios obreros. Porque hace falta ir más allá del marketing, que dure más que el “me gusta” de una foto en Instagram y que no vacíe Zaragoza hasta convertirla en un marco, en un fondo, en un photocall, porque las flores son preciosas en centros y jarrones, pero la inversión de dinero público debería ir más en la dirección de las borrajas.

En tiempos de emergencia climática, de desempleo, de búsqueda de oportunidades, apostar por la tierra, aunque sea menos glamuroso, puede ser más sustancial, y ¿quién sabe quizás la huerta de Las Fuentes pueda destinar una parte a la floricultura?

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