36 años han pasado desde el último ascenso que logró el equipo de balonmano masculino de Maristas en Zaragoza. Mucho ha llovido desde aquella fase de 1979 pero la filosofía sigue siendo la misma para uno de los decanos del balonmano zaragozano y aragonés: luchar, luchar y luchar.
Tras haber vencido de manera holgada al filial del Naturhouse La Rioja y haber empatado con los gasteiztarras del Auzune-Coeca, todo parecía indicar que el segundo puesto -que garantiza el ascenso en un grupo de cuatro- estaba asegurado.
Tercer y último partido, en frente la Salle Bonanova, equipo favorito para llevarse el primer puesto, como había demostrado en los dos partidos ante riojanos y vascos. A pesar de que la segunda plaza estaba casi asegurada, los chicos de Maristas salieron decididos a dejarse la piel en el campo -una ceja rota lo avala-. El inicio del partido se decantó del lado catalán, rápido en el movimiento de balón y con bastante acierto en la portería local, logrando una considerable ventaja en el marcador. Cuando rondaba el ecuador de la primera mitad se logró dar la vuelta al resultado, gracias a la rocosa defensa 6-0 y al acierto en el ataque.
A partir de entonces fue un toma y daca entre uno y otro equipo. A falta de minuto y medio, los catalanes se situaban un gol por encima. Tras una jugada con polémica y varias exclusiones, Maristas, con la garra que le caracteriza, consiguió dar la vuelta al marcador dejando un 25-24 final.
Gracias al incesante apoyo de una afición que ha llenado hasta la bandera el pabellón cada partido se pudo obtener tan ansiado triunfo.
Por su parte, el equipo femenino a pesar de hacer los deberes y ganar a las valencianas L'Alcudia Ribera Alta no pudieron lograr el ascenso a la división de plata del balonmano estatal dado que dependían de otros resultados.

