Maradona y la izquierda

Comenzaba la segunda parte del Argentina-Inglaterra, eran los cuartos de final de la Copa del Mundo de 1986 en el estadio Azteca de México, en apenas 4 minutos de diferencia Maradona hizo dos de los goles más famosos de la historia del fútbol: el “gol del siglo” cruzándose el campo y dejando sentados en el suelo a 5 ingleses y el de “la mano de dios”, con la trampa de meter el gol con la mano. Ese es el mejor resumen de Maradona, ser capaz de la mayor genialidad y de las más evidentes trampas y errores en apenas un …

Maradona en el Mundial de México 86.

Comenzaba la segunda parte del Argentina-Inglaterra, eran los cuartos de final de la Copa del Mundo de 1986 en el estadio Azteca de México, en apenas 4 minutos de diferencia Maradona hizo dos de los goles más famosos de la historia del fútbol: el “gol del siglo” cruzándose el campo y dejando sentados en el suelo a 5 ingleses y el de “la mano de dios”, con la trampa de meter el gol con la mano. Ese es el mejor resumen de Maradona, ser capaz de la mayor genialidad y de las más evidentes trampas y errores en apenas un instante. Fue como Eduardo Galeano lo calificó: un dios sucio.

Calamaro le cantaba que era un hombre pegado a una pelota de cuero, tenía el don celestial de tratar muy bien al balón. Pero hablar de Maradona es también hablar de droga, prostitución, relaciones con la camorra y violencia machista. ¿Cómo el mundo puede llorar a alguien así? se pregunta parte de la izquierda que se divide entre criticarlo o admirarlo, pero de lo que se trata es de comprenderlo. Maradona se declaraba socialista, pero nada tenía que ver con el hombre (y la mujer) nuevo que persigue el socialismo, la clave es que se parecía mucho al actual, al que debe conquistar el socialismo.

Nació en Villa Fiorito, como a él le gustaba decir un barrio privado de Buenos Aires, privado de luz, de agua y de teléfono. Jugaba al fútbol como nadie y eso le llevó a la fama y al dinero que como tantos deportistas humildes no gestionó correctamente. Se equivocó públicamente en sus decisiones, acabó cayendo en la droga y su adicción le hizo continuar equivocándose de manera estruendosa y vergonzante.

Algunos critican a Maradona por eso, por ser un drogadicto, por el espectáculo televisado de su propia degeneración causado por la droga. Pero Fiorito el barrio humilde donde nació Maradona hoy es un supermercado de la droga bonaerense, donde los chavales deambulan por la calle arrastrando su adicción. Y aunque Maradona no hubiera sido el mejor jugador de fútbol del mundo, es probable que hubiera acabado en la droga como sus amigos de la infancia arrastrando sus miserias por las calles de Fiorito. Pero como no hubiera sido televisado algunos se habrían ahorrado la vergüenza.

Le critican por ser un perdedor, por no saber gestionar su fama, por no ser perfecto. Y es que nadie es perfecto, salvo los que lo critican claro, ellos si son perfectos porque lo hacen desde la superioridad moral de quién critica al muchacho de la barriada. Por ello en las barriadas sienten a Maradona y sus errores como propios, porque han sufrido, como él, el desprecio de la superioridad. Han sentido muchas veces el escarnio público hipócrita, que les corten las piernas por errores de los que les culpabilizan como individuos, ocultando las causas sociales. Las barriadas se han sentido muchas veces como Maradona sacado del campo escoltado, al final de aquel partido contra Grecia del Mundial de EEUU.

Pero hay motivos para criticarlo y más desde la izquierda, algunos gravísimos como sus agresiones machistas, no señalarlo y condenarlo sería ser cómplice de ello. Pero no debemos tirar al niño con el agua sucia. Más aún en un mundo donde hay problemas estructurales como el machismo que nos atraviesa a todos y todas en menor o mayor medida, que no podemos abordar desde la misma dimensión en todas las épocas y latitudes, pero que eso nunca debe llevarnos a ser indulgentes. Maradona, Neruda, Bertolucci o Marx eran machistas y maltratadores, hay que señalarlo y condenarlo, pero esa condena no se extiende al marxismo como método científico para analizar y transformar la realidad, a los poemas de Neruda como sentir del pueblo, a Noveccento como una obra maestra o a Maradona como el mejor jugador de fútbol del mundo.

Pero Maradona era algo más que el mejor jugador de fútbol del mundo, fue también el Nápoles, como representación del sur pobre y excluido de Italia, ganando el Scudetto y la Copa al Milán y a la Juve del norte rico. Algo vivido como una venganza de clase del mezzogiorno italiano en los estadios de fútbol, que hacía imposible el propio traslado del pelusa al estadio de fútbol porque eran multitudes las que se agolpaban en las calles de Nápoles para venerarlo como a San Genaro.

Maradona en la cumbre de su carrera futbolística, en aquella Copa del Mundo que ganó en 1986, a la par que dejaba sentados a medio equipo inglés, criticó la corrupción de la FIFA, llamó a los futbolistas a sindicalizarse convirtiéndose en defensor de aquellos futbolistas que no vivían del fútbol. Los despachos de la FIFA temblaron, jamás se lo perdonaron, pero casi 30 años después el tiempo acabó dándole la razón con el FIFA Gate, que puso al desnudo el fútbol negocio corrupto.

Maradona fue aquel que en el 2005 ante la visita de Bush a Argentina no dudó en apoyar las luchas contra el ALCA, fue, como dijo Hugo Chávez, el maquinista de aquel “Tren del ALBA”. Los pueblos latinoamericanos lo saben, saben que otros se callaron y tú tomaste el camino difícil de mojarte.  Apoyaste el despertar de Latinoamérica, de la revolución bolivariana, el proceso de integración del ALBA, la revolución cubana y todos los procesos emancipadores de América Latina. Pero hay que decirlo todo, fuera del continente patinó, como cuando jugaba en Marruecos con motivo de la marcha verde. Maradona tan solo representaba fielmente el sentir popular latinoamericano y por la plata hizo cosas horribles.

Maradona murió ayer y hasta eligiendo el día de su muerte hiciste la genialidad de coincidir con Fidel Castro y la cagada de coincidir en el día contra la violencia machista, tú que fuiste un maltratador eclipsaste el día que denunciamos la violencia machista que sufren las mujeres. Otra vez lo mejor y lo peor, como en aquel partido contra Inglaterra. El capitalismo está ahí, el patriarcado también lo está, por eso se pospusieron programas televisivos dedicados a la violencia machista o se olvidó el propio 25N en las agendas.

Maradona sólo es, en este caso, un nombre más de hombre que merece atención mientras otras no. No acabamos con el patriarcado omitiendo el homenaje merecido a Maradona, pero si denunciando nuestros privilegios como hombres, rompiendo el pacto de género y trabajando para unos héroes y heroínas del pueblo, un "pueblo" que incluya a hombres y mujeres en pie de igualdad.

Con esto y con todo, hoy a Maradona lo lloran en las barriadas, de Buenos Aires a Nápoles, en el mundo entero y especialmente en Latinoamérica a la que representó como pocos. Podemos seguir la izquierda acusándonos de no condenar lo suficiente los errores de Maradona o comprender que las capas populares están atravesadas de contradicciones, pasiones, miedos y esperanzas. La grandeza de Maradona es que los supo representar sin querer, él mismo lo dijo “nunca quise ser ejemplo". No pretendió ser un ídolo, pero lo idolatraron, elevándolo a la categoría de D10S. Una cosa es lo que fue y otra lo que quisieron que fuera, lo que necesitaban que fuera.

Podemos seguir con nuestras criticas diferenciadoras, las barriadas no las entienden y lloran a Maradona con sus errores condenables, con sus miserias e imperfecciones. Y es que cambiar el mundo tiene mucho más que ver con representar al pueblo con sus contradicciones, que con pretender la perfección absoluta. Cambiar el mundo es apasionar con la idea de lograrlo, como Maradona apasionaba cuando paraba la pelota y arrancaba en carrera.

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