Este invierno, mientras los amos del dinero —que no de nuestras vidas, pues son solo nuestras— se esfuerzan por empobrecer el mundo y militarizarlo, nuestro colectivo Mambrú cumple 45 años de vida desobediente y 40 la publicación antimilitarista de la que tomamos su nombre tras conseguir acabar con la mili, explican desde la entidad antimilitarista.
El antiguo COA (Colectivo de Objeción y Antimilitarismo) nació en noviembre de 1980 junto al desaparecido CAN (Colectivo para una Alternativa Noviolenta). Ambos surgieron del primigenio Grupo de Objetores de Zaragoza, que comenzó su andadura hacia 1973. "Con el COA creamos el fanzine antimilitarista Mambrú, una humilde revista aragonesa de contrainformación editada por primera vez en diciembre de 1985", rememoran.
Esta publicación se convirtió en el órgano ‘oficial’ de un floreciente Movimiento de Objeción de Conciencia en el Estado español (el MOC), cuya fundación en 1977 contó con la contribución de integrantes del grupo de Zaragoza. "Hoy, aquella vieja revista es un medio de expresión digital para el aprendizaje de la noviolencia que sirve de altavoz a la resistencia civil de todo el planeta, una multitud de experiencias pacíficas, muchas de ellas ignoradas, que os contamos con orgullo y admiración", añaden.
Con una mirada retrospectiva, se hacen eco de "la lucha histórica por la objeción de conciencia frente a los cuarteles de la dictadura franquista, la insumisión en una democracia que la llaman así y no lo es, la autoorganización antimilitarista, tenaz, valerosa, dentro y fuera de sus cárceles hasta acabar con el servicio militar obligatorio y la prestación sustitutoria, la desobediencia civil sin fronteras contra los señoros de la globalización neoliberal, talleres y más talleres de educación para la paz, contra la economía de guerra y la precarización social, la denuncia de los crímenes y la represión en Bosnia, Irak, Palestina, Siria, Ucrania, Venezuela, Irán o Mineápolis".
"Un suma y sigue de guerras, invasiones racistas y coloniales, dictaduras, estados policiales… Pero también una carrera ilusionante por mejorar la condición de la humanidad, por ofrecer herramientas noviolentas a los movimientos civiles para oponernos a las injusticias y divulgar alternativas a la defensa armada y la autodestrucción humana y medioambiental", sostienen.
Mambrú es "cientos y cientos de acciones directas coherentes, transformadoras y divertidas —¿por qué no cambiar el mundo con alegría?— para defendernos de quienes dicen defendernos, aunque en verdad solo defiendan, a sangre y fuego, capitales, imperios y privilegios". A lo largo de todo este tiempo les ha movido la convicción de que "el camino que seguimos es un espejo del destino; por eso, nos esforzamos para que nuestros métodos sean siempre coherentes con nuestros fines, con el mundo que deseamos vivir. No queremos esperar al futuro para ser libres, queremos que nuestras formas de actuar ahora sean ya un reflejo de ese mundo nuevo que llevamos en nuestros corazones".
Reiteran que el colectivo es, ante todo, un "puñado de gente dispuesta a frenar la apología de la guerra, que cuestiona la normalización de la violencia y la dominación estructural, que trata de prevenirnos de nuevas y mortíferas guerras o de la represión cotidiana superando la idea de que la seguridad requiere de ejércitos, autoritarismo, jerarquías, rearme y obediencia ciega".
Y lanzan una reflexión: "Se dice que quien controla el pasado controla el futuro, y quien controla el presente controla el pasado. La nuestra es una lucha contra el control del tiempo vivido y por vivir, también contra la indiferencia y el olvido que perpetúa las causas y agrava las consecuencias de los problemas a los que nos enfrentamos. Celebramos nuestra memoria, reflexionando sobre el ayer para imaginar, y construir, un mañana de justicia. Somos un pequeño colectivo haciendo cosas pequeñas para cambiar el mundo".
El colectivo lanza una invitación a la ciudadanía para que participe el viernes, 13 de febrero, en una jornada de "debate y reencuentro". Ese día, tendrá lugar a las 18:30, en La Pantera Rossa (San Vicente de Paúl 28), un cinefórum con la proyección de ‘Te harán un hombre’, de Mireia Prats y Joan Torrents. Un documental que "increpa a la sociedad sobre la normalización de la violencia militarista, la impunidad del ejército español y la ausencia de transparencia institucional en una democracia bajo la sombra de la dictadura franquista", explica el colectivo.





