Culturas

Maléfica, una de las mejores malas, malísimas (redimidas)

Pocas veces Disney se había ocupado tanto de caracterizar a una malvada. La película dedicada a la vida de la bruja de ‘La bella durmiente’ contiene metáforas del patriarcado y refuerza la alianza entre mujeres, aunque su domesticación y su sentimentalismo pueden decepcionar. El punto de partida. La Bella Durmiente o eres tú mi dulce...
| 27 junio, 2014 07.06

malefica-hadaPocas veces Disney se había ocupado tanto de caracterizar a una malvada. La película dedicada a la vida de la bruja de ‘La bella durmiente’ contiene metáforas del patriarcado y refuerza la alianza entre mujeres, aunque su domesticación y su sentimentalismo pueden decepcionar.

El punto de partida. La Bella Durmiente o eres tú mi dulce ilusión…

La bella durmiente es un cuento de hadas de tradición oral que Disney adaptó a la gran pantalla con idéntico título en el año 1959. La bella durmiente de Disney, sigue la estela de Blancanieves y los 7 enanitos (1937) y Cenicienta (1950), en la que una joven, bella, generosa y virtuosa princesa sufre los rigores de una malvada bruja (o madrastra) que la envenena o la hace padecer, generalmente por envidia de su dulzura o de su belleza. A pesar de las dificultades, estas princesas acabarán siendo felices porque la bondad triunfa y porque existe un príncipe azul que las salva y se casa con ellas. Fin del cuento.

En La bella durmiente la princesa Aurora recibe en su cuna un compromiso matrimonial y una maldición por parte de la bruja Maléfica sin ninguna otra razón que la maldad: cuando la princesa cumpla 16 años morirá. Para intentar salvarla, tres hadas buenas se trasladan con ella al campo para huir del cruel destino, dulcificado en parte por una de las hadas buenas que ha cambiado la muerte por un profundo sueño del que sólo despertará con un auténtico beso de amor. Amor que le proporcionará un príncipe que casualmente ha conocido en el bosque.

Maléfica. Más allá de La Bella Durmiente. La traición como metáfora del patriarcado

Maléfica (Robert Stromberg, 2014) se centra en la vida del personaje de Maléfica y se fija en el proceso de transformación de un hada buena que se convierte en una perversa bruja. La niña-hada Maléfica vive en la ciénaga, donde conoce al niño Stefan. Se enamoran. Pero la desmedida ambición de Stefan puede más que el amor a Maléfica, y la más fuerte de las hadas, la protectora de las ciénagas, es traicionada.

Stefan, quien no tiene precisamente aspecto de caballero andante, traiciona a Maléfica por la corona del reino, por el poder. La traición es feroz; le arranca las alas –símbolo de su poder- pero no lo hace de cualquier manera.

Aprovechando la confianza de Maléfica, la narcotiza y le agrede. A partir de ese instante, Maléfica ya no será un hada buena, seguirá siendo la protectora de unas ciénagas que se convierten en oscuras y su único fin será buscar venganza.

Su imagen tras la agresión, una Maléfica mutilada, se convierte en una metáfora del patriarcado. La traición, el poder masculino, la agresión, la transformación, la pérdida de libertad se significan y representan de una forma que supera claramente lo simbólico.

Las aportaciones y limitaciones de Maléfica

Maléfica es mala, perversa, vengativa y calculadora. Pocas veces Disney se había ocupado tanto de caracterizar a una malvada. En primer lugar, la hace protagonista absoluta de la historia. Ahonda en las razones de su maldad -la traición del amado- y lo que es más relevante, crea un universo icónico oscuro y excesivo que obedece al odio y a la falta se sentimientos del hada buena convertida en mala. Su fuerza procede las tinieblas y de la desolación que coronan un trono tan oscuro como espectacular.

Maléfica es una mala con entidad, que despliega su poder con majestuosidad y grandeza. Las secuencias en las que se gesta su nueva personalidad, su nuevo reino, el nuevo trono son sin duda lo más destacable de la película. La espectacularidad de la puesta en escena que incluye huracanes, frío, los trajes de Maléfica, sus rojísimos labios, su forma de moverse o su cinismo la convierten en un referente cinematográfico que enriquece el olimpo de las pérfidas.

Goza y disfruta de la maldición que le ha enviado a la princesa Aurora, la hija del hombre ya convertido en rey que la traicionó. La voz en over lo deja claro: “Y disfrutó del sufrimiento que había provocado”. Pero, y éste es uno de los aspectos más discutibles de la película, en su afán por controlar la vida de la princesa Aurora, acaba por protegerla y cuidarla, de forma especial, para paliar los descuidos de las tres hadas buenas, que sin magia son incapaces de afrontar con solvencia los cuidados que exige una niña. Resulta muy sugestiva la representación de las hadas que se convierten en humanas para cuidar a Aurora y son incapaces de ser unas “madres” perfectas, ya que lo suyo son los conjuros.
Puede parecer insuficiente y decepcionante la domesticación de Maléfica, esa vengadora del patriarcado que se arrepiente de su hechizo por el ¿instinto maternal? que le despierta la niña y joven Aurora. Sin tener nada en contra de la humanización de las malvadas, y siendo consciente de que a una película no es del todo lícito exigir como espectadora, resulta llamativa esta evolución hacia el sentimentalismo, máxime desde un personaje que había sido definido y desarrollado como una auténtica mala. Y es que da la impresión de que las mujeres en el cine no pueden ser malas y vengativas, aunque estemos hablando de Disney. No obstante, reivindicamos de forma clara esta primera parte de la película tan visual y catárquica. Y no podemos olvidar que, a pesar de que nos pudieran gustar otras derivas argumentales, Maléfica siempre se presenta como un ser indestructible.

Si asumimos todo lo mencionado, habrá quien disfrute con esta humanización que viene de un sentimiento de cuidado que tiene que ver con lo maternal, de ver a la verduga convertida en madre, y habrá a quien le disguste. Pero es innegable que el universo femenino, con sus alianzas que se tejen por encima de odios y circunstancias, es el que sale reforzado. Mientras las masculinidades se ven abocadas al oscuro abismo, las feminidades sobresalen como la única opción válida frente a la destrucción y al inmovilismo que representa la masculinidad. El rey, ante la aparición de Aurora, responde con la fuerza, no la escucha y opta por encerrarla. Quizá sea ésta una de las grandes aportaciones de la película, presentar la feminidad como posibilidad de futuro.

Pero no es la única ruptura. El hechizo que lanzó Maléfica en la cuna de Aurora, que se mantiene inalterable a pesar de los esfuerzos de la primera – que llega a renegar de su propio poder- sólo se rompe con un verdadero beso de amor. Y este verdadero amor ya no lo representa un príncipe apuesto como el príncipe Philip, que aparece en el bosque y del que Aurora se enamora. Este verdadero amor, como bien apuntara Frozen, lo representa una mujer, una hermana o una “madre”. Por lo tanto, Disney continúa con la tendencia que inició con Brave de dinamitar la noción del amor romántico. Manda a los príncipes a un plano secundario y pone el foco en las relaciones entre mujeres, madre-hija o hermanas, contribuyendo a deconstruir mitos que ha reforzado durante décadas, el del amor a primera vista o el del príncipe azul salvador. El verdadero beso de amor no lo da Philiph, lo da Maléfica, la hada mala que ama a la princesa y que construye un nuevo referente lejos de la heterosexualidad y de la heteronorma.

Finalmente, con la colaboración de Aurora y tras una lucha cuerpo a cuerpo con el rey, Maléfica no sólo sale victoriosa, sino que recupera su bien más preciado, sus alas, que le permiten volar, ser libre y ser ella misma. La alianza entre mujeres lo ha conseguido y ha condenado al Rey un único destino, la muerte y la destrucción.

Y es que Maléfica no está nada mal…

María Castejón Leorza | Publicado en Píkara Magazine

27 junio, 2014

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