Mal llamadas granjas

A las granjas industriales en EEUU ahora les llaman  oficialmente CAFOS (Concentrated Animal Feeding Operations), que en su traducción cuasi-literal serían “operativos concentrados de alimentación animal”. No les llaman granjas, y hacen bien, porque estas factorías son ciertamente lo más alejado de lo que entendemos por una granja ganadera tradicional. En Carolina del Norte, estado con gran producción porcina, los CAFOS se concentran en el llamado Black Belt (Cinturón Negro), comarca pobre con alto porcentaje de población de color. Muchas familias blancas con más recursos ya abandonaron la zona al proliferar las macrogranjas, y se quedan únicamente los que no …

porcino
Foto: Pablo Ibáñez (AraInfo)

A las granjas industriales en EEUU ahora les llaman  oficialmente CAFOS (Concentrated Animal Feeding Operations), que en su traducción cuasi-literal serían “operativos concentrados de alimentación animal”. No les llaman granjas, y hacen bien, porque estas factorías son ciertamente lo más alejado de lo que entendemos por una granja ganadera tradicional.

En Carolina del Norte, estado con gran producción porcina, los CAFOS se concentran en el llamado Black Belt (Cinturón Negro), comarca pobre con alto porcentaje de población de color. Muchas familias blancas con más recursos ya abandonaron la zona al proliferar las macrogranjas, y se quedan únicamente los que no pueden permitirse un cambio de vida. Porque las macrogranjas porcinas afectan a la calidad de vida de las personas y suponen un impacto medioambiental brutal.

Los purines (excremento porcino líquido) contienen patógenos, endotoxinas, metales pesados y bacterias resistentes a los antibióticos (administrados de forma preventiva para evitar que el hacinamiento y la ausencia de movimiento enferme a los animales). Estos purines acaban esparcidos en nuestros campos como abono y pueden llegar a nuestros acuíferos, afectando al agua de boca y a los ecosistemas acuáticos.

El olor que desprenden estas explotaciones y los purines viaja kilómetros, es nauseabundo, y contiene irritantes tales como el sulfuro de hidrógeno y el amoniaco. Este aire contaminado afecta a nuestra calidad de vida y, en algunas comarcas, se respira muchos días al año. Si cualquier industria hoy en día vertiera en el aire la misma porquería, sería sancionada de inmediato. Pero el porcino industrial parece tener “carta blanca”.

En el Senado estadounidense se habla ya de “racismo medioambiental” y el Gobierno Federal ha creado la Office of Environmental Justice (Agencia para la Justicia Medioambiental), que vela entre otros asuntos por la salvaguarda de la salud pública de las minorías (las factorías de cerdos se instalan en áreas de “menor resistencia”, donde la población es más vulnerable y menos capaz de quejarse). Precisamente como ocurre en España en las zonas rurales poco pobladas.

Mientras tanto aquí en Aragón estas mal llamadas “granjas” siguen proliferando con el apoyo explícito de nuestros gestores, que miran para otro lado en un tema que afecta a la salud y el bienestar de los ciudadanos. Los habitantes de las zonas rurales tenemos el mismo derecho que los demás ciudadanos a un medioambiente protegido y saludable, y a que la Administración Pública vele por garantizarlo. También tenemos derecho a una información veraz y completa sobre los impactos de la ganadería industrial. Actividad económica sí, pero NO A CUALQUIER PRECIO.

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