Nacido en Zaragoza en 1956, Luis Felipe Alegre falleció este pasado sábado 26 de abril a los 68 años de edad. Amante de la palabra, del verso y la conversación, amante radical del amor y de la vida, Luis Felipe Alegre ya era inmortal antes de su muerte, pues su vida entregada al arte de la palabra le hacía transcender de la vida terrenal a la que ha puesto fin un cáncer de vejiga.
Respetado y aplaudido por profesionales y amantes del teatro y la poesía, fue también muy querido en Aragón, en el sur de Europa y en Latinoamérica. Fundó en 1972, acompañado por personas que como él amaban la palabra, la compañía, mucho más que teatral, El Silbo Vulnerado, un proyecto juglaresco tan consolidado como siempre vivo y cambiante, que fue y es escuela para el teatro aragonés y universal. El empleo de la métrica clásica combinada con el verso libre, su capacidad para fundir tradición y modernidad conseguía siempre el respeto y admiración de la profesión, y el aplauso radical de un público, al que siempre consiguió conmover. Capaz de recitar en castellano, francés, catalán, galego y aragonés, Luis Felipe inventó su propio universo amplio, como sólo consiguen los grandes creadores.
En su larga trayectoria sorprendió -siempre- con montajes de autores como Cernuda, Blas de Otero, Jorge Manrique, Miguel Hernández, Ángel Guinda, Nicanor Parra, Quevedo, Antonio Machado, Borges, Homero, Alfonsina Storni, Lorca, Rubén Darío, Luciano Gracia, Julio Donoso o su venerado Rosendo Tello, difundiendo la poesía y el amor por ella, a públicos de toda procedencia. Inteligente y sagaz, un radical amante de la vida, Luis Felipe Alegre, jugó también con el humor, fino, somarda, ese humor de mil claves y aristas, para regocijo de espectadoras y estudio de academias y locales de ensayo. Recibió en 2017 el Premio a la Trayectoria Profesional en el sector del libro en Aragón “por la difusión, a lo largo de casi 45 años, de la poesía a través de espectáculos, recitales y charlas en diversos escenarios”, aragoneses e internacionales.
Como tan certeramente expresa el gran Antón Castro, es muy probable que Luis Felipe “solo reconociera un auténtico Dios: la poesía. La palabra hecha emoción y verdad, adivinación y sueño, musicalidad y ritmo, lo concreto y lo inefable”, que los dioses de la lírica te sean propicios, que la tierra te sea leve, tu memoria te mantendrá inmortal en cada verso que Aragón escriba para el mundo.

