Movimientos  Portada

Los Pueblos originarios de Baja California en lucha por su territorio ancestral

Es el mediodía de una primaveral mañana en la capital del país. Las activistas de Aturando Yesa acompañan a vecinos y vecinas de Artieda que están presentando alegaciones contra la colonial expropiación de sus tierras de cultivo por parte de la CHE. Es jueves, 18 de abril de 2013, y las buenas gentes del XIII...
| 28 abril, 2013 08.04

KumiaiEs el mediodía de una primaveral mañana en la capital del país. Las activistas de Aturando Yesa acompañan a vecinos y vecinas de Artieda que están presentando alegaciones contra la colonial expropiación de sus tierras de cultivo por parte de la CHE. Es jueves, 18 de abril de 2013, y las buenas gentes del XIII Seminario de Solidaridad Política de Zaragoza entienden que deben acudir a mostrar su solidaridad. Así lo hacen. Acompañadas de Fausto Díaz, representante del Pueblo Kumiai y ponente en sus jornadas, se suman a la concentración en las puertas del enorme edificio racionalista.

Tras el acto de entrega de las alegaciones, los mayores, parten de regreso hacia Artieda, deben atender sus obligaciones, el campo y la ganadería no entienden de leyes coloniales. Sin embargo las más jóvenes deciden mantener una breve reunión con Fausto Díaz. El breve encuentro se convierte en una larga charrada en la que las miradas conectan cómplices desde el primer momento. Las explicaciones de Fausto sobre la situación actual del Pueblo Kumiai suenan muy cercanas en los oídos de los jóvenes de Artieda. Por su parte, Fausto, no debe hacer ningún esfuerzo para comprender y empatizar con lo que le cuentan los jóvenes.

Salvando todas las distancias históricas, geográficas o culturales, todas las interlocutoras entienden que charran del mismo problema; de la desigual lucha del Pueblo contra las nuevas formas, o no tanto, del salvaje colonialismo capitalista. Una telúrica corriente atraviesa el océano para unir los corazones del américano y los aragoneses. La ternura entre los Pueblos se construye con pequeñas caricias, entendiendo la palabra, comprendiendo que su lucha y nuestra lucha es la misma, siempre.

Aprovechando la visita de Fausto Díaz Carrillo a Aragón para participar en el XIII Seminario de Solidaridad Política de Zaragoza podemos comenzar a entender la situación actual del Pueblo Kumiai, para ello reproducimos un resumen de situación elaborado por el propio Fausto Díaz:

Auka Chamehj mat kñup [Saludos a todos los compañeros de lucha]

El Mundo, Norteamérica, México, Baja California

En el Mundo hay un continente llamado América y condenado al castigo perpetuo por un poder ilegítimo. En Norteamérica, un mal gobierno llamado México. De su extremo Noroeste cuelga, sobre el océano Pacífico y bajo la frontera gringa, el estado de Baja California. En su sector Norte se encuentra la comunidad de San José de la Zorra, desde donde llega Fausto Díaz Carrillo, autoridad del Pueblo Kumiai, para darnos a conocer el dolor y la lucha de los pueblos originarios de Baja California.

La cuestión principal es el territorio. Siempre. Los pueblos originarios de América hemos resistido las amenazas de desaparición durante siglos. Uno de los problemas principales que actualmente padecen los pueblos y comunidades indígenas es el del reconocimiento, como tales, de sus tierras y territorios. Sus recursos naturales, usos, costumbres, lenguas, culturas, se encuentran en peligro de extinción.

Todo esto se debe a la codicia insaciable de las corporaciones, a las leyes de los malos gobiernos y a su desconocimiento dentro de nuestros propios territorios. Ellos oyen pero no escuchan. O se hacen los sordos. No les importa que existamos ni dónde estamos. Usan la estrategia de declarar “propiedad nacional” la tierra a la que pertenecemos como primer paso para su privatización, con el fin de convertirla en dinero y sin tenernos en cuenta.

Por la fuerza y sin ninguna maña, nos preguntan: “¿oye indio, dónde está tu título primordial de propiedad de la tierra en la que has vivido durante siglos?”. Una vez declarada “nacional” (es decir: estatal, nunca pública), la tierra es ofrecida en subasta, en ocasiones hasta a sus propios pobladores originarios, para que se vean obligados a comprarla.

El monstruo de la propiedad. El arma del “ejido”

Para un capitalista, la tierra es su propiedad. Para nosotros, los pueblos pertenecen a la tierra.

Una vez nacionalizada la tierra, el estado dice: “no te la vamos a devolver; te vamos a dar una parte de ella en régimen ejidal o como co-propiedad”. Nunca reconocida como comunidad indígena. De ese modo se nos niega el derecho a reclamarla, concediéndonos dadivosamente una pequeña parte del territorio fragmentado y pretendiendo convertirnos en propietarios. Así se rompe la organización, “se divide para vencer”, convirtiendo en ejidatarios (propietarios) a una pequeña parte de la población para provocar conflictos internos y así lograr sus propósitos.

Esa estrategia que condena a muerte el régimen comunal, supone la desintegración física, social y cultural de nuestras comunidades. Por eso hablamos de peligro de extinción. Ellos miran pero no ven. Sus leyes son inhumanas. Sus proyectos también: gas, turismo, minería, carreteras, latifundios vinícolas, y un largo etcétera criminal.

¿Derechos humanos?

No contamos con facilidades. Más bien todo lo contrario. Todos los problemas se vinculan directamente a la cuestión del territorio como partes de la misma agresión, del mismo proceso de autocolonización: los primeros invasores son el estado y el gobierno. Detrás de ellos, las corporaciones compran, venden, ordenan y mandan. Poco les importa la vida que aplastan.

El gobierno federal ha implementado un programa llamado “oportunidades” destinado a familias sin recursos (una pequeña ayuda económica para educación y otra para alimentación) cuyo acceso exige asistir a la visita semanal de una caravana sanitaria itinerante. No acudir a esa visita implica la retirada del apoyo. La utilidad de esa asistencia sanitaria es, en muchos casos, testimonial. Las personas sólo tienen permiso para enfermar durante unas horas a la semana, en el momento en que la caravana se encuentra de visita: cualquier emergencia exige un desplazamiento hacia la ciudad más cercana –70 kilómetros desde San José, 200 kilómetros en otros casos. A eso se reduce nuestro derecho a la salud.

Desde que la escuela entró a las comunidades se ha ido extinguiendo la lengua y, con ella, ha ido desapareciendo la posibilidad de transmitir la cultura de generación en generación. El gobierno ha implementado un proyecto de “recuperación” de la lengua que responde, en realidad, a una estrategia de expropiación e inhabilitación. Cualquier iniciativa autónoma es respondida mediante una intervención institucional desde el estado, como cualquier iniciativa individual de un docente digno es censurada desde el estado.

El poder no nos deja hacer lo que debemos hacer. No hay nada más injusto que prohibir lo que se debe hacer. Su postura hacia nuestra voluntad de autoorganización es de “tolerancia cero”, cortando las iniciativas comunitarias y apropiándose de las reivindicaciones. Pero ya no más. La supervivencia de nuestra cultura es nuestra supervivencia.

El expolio y la privatización han provocado un secuestro de las comunidades en su propia tierra que implica, en muchos casos, no poder acceder a la recolección de los alimentos básicos y tradicionales. Volvemos al problema de la tierra. La privatización de la costa nos ha robado el mar. La privatización de tierras en el interior nos ha robado nuestra propia agua de riego, bajo pretexto de la necesidad de solicitar un título de concesión expedido por el gobierno o registrar cada pozo ante la “institución competente”. Beber nuestra agua o regar con nuestra agua es un delito.

El desplazamiento es otra consecuencia de ese mismo conflicto. Con el régimen ejidal, ellos armaron un “plan a futuro”. Con el pretexto de proteger las tierras, las robaron. Repartieron las llaves y, por cada “nuevo propietario” (antes comunero) ya tenían un vendedor potencial. Sabían que la pobreza iba a obligarle, tarde o temprano, a vender y desplazarse a la ciudad. “Expulsados voluntarios”, en una muy cruel paradoja, sin dinero para trabajar la tierra y con una falsa expectativa de futuro. Es lo que ocurrió, entre otras, en la comunidad Kiliwua. O en Jamau, una parte de territorio Pai-Pai, donde las familias fueron despojadas de sus tierras por la invasión de un empresario ganadero amparado por el gobierno.

La lucha sigue

Las comunidades se están organizando. Los pueblos se están uniendo. En comparación con los pueblos en resistencia en otros estados, nosotros no somos muy numerosos. Y estamos lejos. Kiliwuas, Pai-Pai, Kumiai, Cucapás en Mexicali, Cochimís en el Sur. Somos, como tantos otros, pueblos vencidos pero nunca derrotados. No nos rendimos ante su avaricia, su soberbia ni sus cárceles.

Aquí estamos. Nuestra palabra se dirige al Mundo entero, para dar a conocer la situación de los pueblos y comunidades indígenas del rincón que vengo, pueblos que resisten en peligro de extinción. Nuestra palabra va y viene, les recuerda que existimos y les llama a que apoyen nuestra lucha, que es la de todos los pueblos del Mundo.

28 abril, 2013

Autor/Autora


Twitter
Facebook

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.

CERRAR