Los porqués pendientes

18 abril, 2018. 12:09

Llevo un tiempo en la docencia y poco en la política institucional, pero hoy puedo asegurar que hay cosas que no volvería a decir, hacer o defender, ni en uno ni otro ámbito. Hago mía una frase de Emma Goldman cuando dijo “en qué creo es algo más bien cambiante antes que algo irreversible”. Coincido con ella en que “lo definitivo no es para la inteligencia humana”. Por eso, esto que escribo nace de mi incomodidad al querer romper mis propias barreras e intentar como todas, entender los muchos porqués pendientes.

Del Pueblo Gitano no conocemos casi nada aunque hay bastante escrito que bien se pudiera difundir, enseñar y aprender. Sus raíces en España tienen casi seis siglos, sin embargo, sobre la vida de los gitanos y gitanas a lo largo de este tiempo sólo se encuentra silencio en nuestras escuelas y universidades. Ese silencio no es casual porque la invisibilización de las minorías nunca lo ha sido. La persecución, el rechazo social, el racismo, son injusticias que siguen sufriendo los gitanos y gitanas a día de hoy, a pesar de que por ejemplo en España, nuestra Constitución y nuestras leyes lo prohíben.

Nuestro comportamiento deja bastante que desear respecto a un pueblo al que se le falta sistemáticamente el respeto, siendo despreciado a través de estereotipos culturales y al que se le deniega el reconocimiento practicando la invisibilización. Este daño que hacemos a las personas gitanas generación tras generación, perjudica a la comprensión que tienen de sí mismas y de esto, a día de hoy, seguimos sin hacernos cargo.

Para entender el presente es imprescindible conocer el pasado. La segregación escolar concentrando a los y las gitanas en determinados colegios, la exclusión social o el sobrerrepresentado porcentaje de población gitana en las cárceles, tienen sus porqués que siguen durmiendo en la conciencia colectiva de la sociedad mayoritaria.

La educación inclusiva tiene como una de sus muchas tareas, contar la historia y cultura del Pueblo Gitano. “Gitanizar” nuestras escuelas más allá de las paredes, visibilizando y revalorizando la cultura de las niñas y niños gitanos, es algo que todavía está pendiente después de seiscientos años, en la sociedad democrática, plural y diversa que decimos ser.

Las feministas negras nos dijeron a las feministas blancas en los ‘70 y  ‘80 que el feminismo como movimiento liberador, tenía que aliarse con los movimientos que luchan contra la injusticia social que sufren las comunidades. Hoy, también las feministas gitanas nos lo recuerdan.

Dicho de otro modo, la transformación social gitana la liderarán las gitanas y los gitanos y nosotras, las payas aliadas y también los payos aliados, tenemos que colaborar facilitando las condiciones para que sea posible.

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