Los muros de la prisión no sólo impiden que la presa salga; también hacen que desde fuera no se sepa lo que pasa dentro

Nos ha llegado a AraInfo una carta de Jose Luis Menéndez Gonzáles “Pelos”, interno en el Centro Penintenciari Quatre Camins de Barcelona, que reproducimos aquí integramente y sin modificar nada. CP Quatre Camins | Barcelona | 21/03/12. Los muros de la prisión no solo impiden que la presa salga; también hacen que desde fuera no se sepa lo que pasa dentro. Esta fue una de las primeras citas que oí al caer en presidio. Con el tiempo pude comprobar su veracidad. Las presas formamos parte de uno de los colectivos más ignorados y la prisión es una de las entidades …

Nos ha llegado a AraInfo una carta de Jose Luis Menéndez Gonzáles “Pelos”, interno en el Centro Penintenciari Quatre Camins de Barcelona, que reproducimos aquí integramente y sin modificar nada.

CP Quatre Camins | Barcelona | 21/03/12. Los muros de la prisión no solo impiden que la presa salga; también hacen que desde fuera no se sepa lo que pasa dentro. Esta fue una de las primeras citas que oí al caer en presidio. Con el tiempo pude comprobar su veracidad. Las presas formamos parte de uno de los colectivos más ignorados y la prisión es una de las entidades que opera con más impunidad. Las pocas que deciden hablar de ella desde un punto de vista crítico mencionan tortura, maltrato, abandono, depersonalización... y un largo etcétera. Puedo corroborarlo, pero no es lo que nos ocupa ahora.

Llevo meses viendo desde la celda que me recluye cómo muchas se movilizan contar una realidad que oprime, engaña, utiliza y abusa. Siempre lo ha hecho, pero parece que hagan falte periodos de crisis para percibirlo más fácilmente. Es ahora cuándo salen a relucir las auténticas prioridades de las instituciones. La máscara de benevolencia desaparece en cuanto un interés superior peligra. La prisión es un gran ejemplo de ello... pero nadie lo comenta.

La cárcel, su razón de ser, de obrar y las consecuencias de pasar por ella se desconocen o tergiversan incluso para las que la viven. La versión oficial habla de reinserción, la versión pública de castigo y la interna, confusa, calla de puertas para afuera. Somos pocas las que hablamos al salir y menos las que hablan desde dentro, o bien por apatía y hastío o bien por no preocupar a las que esperan fuera... o bien porque si quieres alzar demasiado la voz se te silencia con una insultante facilidad. Pese a todo, que salga la información me parece imprescindible. Lo haré centrándome en los acontecimientos más recientes, ya que, cómo he dicho, se ve más claro que nunca que los propósitos de las estructuras de control están muy lejos de donde dicen estar.

Los últimos años hemos visto desaparecer, a base de recortes presupuestarios, muchas de las que pretendían ser herramientas de reinserción (actividades, fondo bibliotecario, ayudas universitarias, cursos de formación...), se ha reducido el sueldo de las trabajadoras internas, que ya era de por si raquítico, e, incluso, se llega a atentar contra la salud (reducción de la cantidad de comida, eliminación de los lotes de higiene personal que se repartían periódicamente). Con estas cosas queda clara nuestra posición en el orden  de prioridades de la Dirección de Servicios Penitenciarios.

Curiosamente, la peor de las consecuencias no la encontramos en los recortes que nos afectan directamente, sino en los recortes que sufren aquellos que en gran medida deciden quién sale y quién se queda; quién retoma su vida y quién no. Las funcionarias de Régimen de Tratamiento sienten que sus condiciones laborales peligran, así que han decidido tomar cartas en el asunto. Son relativamente conocidas las concentraciones esporádicas que han protagonizado, a modo de protesta (cosa que a nosotras no nos permiten) , paralizando de forma parcial la rutina penitenciaria. Pero nada se sabe de la huelga de brazos caídos que Tratamiento lleva semanas realizando. Esta huelga añade a la ecuación el punto más maquiavélico de los citados. Se para cualquier progresión que la interna pueda tener en su condena. Permisos aprobados por un juez que tardan demasiado en ser programados, solicitudes de 3º grado y 100.2 (artículo que permite salir a trabajar o estudiar) congelados hasta quién sabe cuándo, programadas (especie de “excursion” de horas de duración con carácter deportivo o educativo) que se capan sacando de la lista de autorizadas a internas que ya estaban en ella e incluso en algunos casos simplemente se deniegan los permisos para programarla una vez está todo organizado... En definitiva, acciones cuyo propósito es perjudicar a la presa. Nos niegan las salidas que llevamos años esperando. Puede parecer una crueldad sin sentido, pero tiene un fundamento. Alegan que así boicotean a la Dirección General. ¿Como? Pues utilizándonos cómo herramientas, forzando nuestra situación hasta hacerla insostenible y nos veamos obligadas a explotar y sublevarnos. Un motín sería un triunfo para ellos. Demostrarían que su trabajo es indispensable para el buen funcionamiento de la prisión. Eso les daría la fuerza necesaria para negociar. Ni que decir tiene que nosotras aquí quedamos reducidas a piezas de un juego en el que se nos puede sacrificar sin inconveniente... exactamente igual que siempre.

Sí, siempre ha sido así, pero pocas veces se ve con tanta claridad. Sigue siendo necesario un pequeño esfuerzo e intentar ver más allá de lo echos en si, que son meramente circunstanciales (aunque no menos importantes por ello). Tras los acontecimientos particulares podemos encontrar un problema de base mayor. Algo que afecta ambos lados del muro y que nace fuera de él. Nada cambiará aquí si no cambia ahí antes.

Hablo de una base estructural que nos rodea, se nos impone y, lo queramos o no, llevamos dentro, fomentándola a nuestro pesar. Alimentándola sin darnos cuenta.

Muchas se pueden sentir reflejadas en algunos de los puntos que he expuesto. No resulta descabellado hacer una simple analogía y percatarse de la similitud de las realidades que vivimos dentro y fuera. Por eso es tán importante que salga información de aquí igual que entra. Algunas dicen que esa similitud se debe a que en prision se vive “demaciado bien”. Lo he oído más veces de las que quisiera. Yo diría que lo malo es que la realidad de quien se considera libre tiene demaciado del lugar desde el que escribo. Hoy es más evidente, pero un día dejará de serlo. Aprovechemos ahora. No esperemos hasta la siguiente tormenta, porque el temporal nunca escampa del todo.

Jose Luis Menéndez Gonzáles “Pelos”, interno en el CP Quatre Camins

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