Los Monegros no se venden

Tan singular como la misma tierra resulta la dicotomía de Los Monegros, de contrastes extremos que van de la propuesta de parque nacional a convertirse en una mega central eólica. Nada nuevo, ya lo decía Labordeta: “Hay un amigo siempre de los más ricos”. Y a ellos les ponen alfombra roja y más si son aduladores y prometen dineros a raudales, como aquellos embaucadores de Gran Scala. Ayer fueron casinos y ahora son molinos, mucho antes fue una central nuclear o la sombra de un cementerio nuclear. Los Monegros lo lleva en su ADN, lugar de paso, donde desterrar todo …

Tan singular como la misma tierra resulta la dicotomía de Los Monegros, de contrastes extremos que van de la propuesta de parque nacional a convertirse en una mega central eólica. Nada nuevo, ya lo decía Labordeta: “Hay un amigo siempre de los más ricos”. Y a ellos les ponen alfombra roja y más si son aduladores y prometen dineros a raudales, como aquellos embaucadores de Gran Scala. Ayer fueron casinos y ahora son molinos, mucho antes fue una central nuclear o la sombra de un cementerio nuclear. Los Monegros lo lleva en su ADN, lugar de paso, donde desterrar todo lo que no se quiere, como un lugar abandonado propicio para que los buitres planeen. Pero a la vez es un nombre de paisaje, una marca reconocible, evocadora y sustancial, de belleza y gentes que luchan por su futuro en esa "España vaciada" a la que nos habéis condenado. Esa "España vaciada" a la que habéis quitado servicios, infraestructuras, inversiones y futuro.

Ahora son molinos que pretenden copar Los Monegros, con la alfombra cómplice de nuestros gobernantes, excluyendo a la población de su propio futuro, de información, participación, ordenación y planificación. -No son molinos, querido Sancho-, diría don Quijote -¡son especuladores!-, que responden a un nuevo boom con el disfraz de las energías renovables, pero para nada sostenibles, una transición fallida que nos lastrará más como sociedad y economía.

Así, esa dicotomía resulta profunda, del incontestable consenso científico por el valor natural de Los Monegros a una determinación política de condenar esta tierra que extiende alfombras rojas cegada por el brillo del dinero, cortoplacista que poco a poco nos va lastrando y erosionando esta tierra hermosa dura y salvaje que es nuestro hogar y paisaje.

Lo triste es que todo es extrapolable al medio rural aragonés y español.

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