Las partículas invisibles que ya contaminan mares, ríos y suelos han alcanzado también uno de los espacios más sensibles del planeta: la nieve de alta montaña. Un reciente estudio científico, liderado por la investigadora zaragozana Isabel Marín Beltrán y desarrollado junto a personal investigador del Instituto Pirenaico de Ecología (IPE-CSIC), ha puesto el foco en cómo los microplásticos afectan a las propiedades físicas de la nieve en el Pirineo aragonés.
Tal y como explican desde Stop Plástico, el estudio liderado por la doctora Marín Beltrán demuestra que la presencia de microplásticos oscuros modifica las propiedades físicas de la nieve y puede intensificar su fusión, con implicaciones directas sobre el clima y los ecosistemas de montaña.
La investigación, basada en seis experimentos realizados in situ en el Pirineo aragonés, analiza el impacto de concentraciones realistas de micropellets oscuros sobre nieve superficial. Los resultados evidencian que estas partículas no solo están presentes en la criosfera, sino que también pueden alterar su comportamiento físico y térmico.
La criosfera, un equilibrio clave para el planeta
Las regiones criosféricas —es decir, aquellas zonas del planeta donde el agua se encuentra en estado sólido— abarcan desde las cumbres montañosas hasta los suelos permanentemente congelados de latitudes extremas. Incluyen la cubierta de nieve, los glaciares, el hielo marino, el permafrost, las plataformas de hielo y el hielo dulce de lagos y ríos.
Su importancia es extraordinaria. Estas áreas actúan como un auténtico “termostato” global por tres razones fundamentales: reflejan gran parte de la radiación solar, almacenan aproximadamente el 70% del agua dulce del planeta y regulan el nivel del mar.

Especialmente relevante es el llamado efecto albedo, que mide la capacidad de una superficie para reflejar la radiación solar. La nieve y el hielo, por su color blanco, pueden reflejar hasta el 90% de la luz que reciben. Sin esta función, la Tierra absorbería mucho más calor, intensificando el calentamiento global.
Un círculo vicioso que acelera el cambio climático
El problema es que este equilibrio es extremadamente frágil. El aumento de las temperaturas globales está provocando la pérdida progresiva de hielo y nieve. A medida que estas superficies desaparecen, quedan expuestas zonas más oscuras —agua o tierra— que absorben mayor cantidad de radiación solar.
Este proceso genera un efecto en cadena: más absorción de calor implica más deshielo, lo que a su vez reduce aún más el albedo. Un círculo vicioso que acelera el calentamiento global.
En este contexto, la presencia de microplásticos añade un nuevo factor de preocupación.
Microplásticos: una amenaza también en la nieve
Aunque la contaminación por microplásticos se ha documentado ampliamente en ecosistemas acuáticos, su impacto en regiones criosféricas sigue siendo poco conocido. La investigación liderada por Marín Beltrán aborda precisamente esta laguna científica, analizando cómo estas partículas —especialmente las de color oscuro— pueden actuar como impurezas que absorben radiación solar.
Para ello, el equipo realizó seis experimentos en el Pirineo aragonés, exponiendo nieve superficial a diferentes concentraciones de micropellets durante un periodo de cuatro horas.
Los resultados muestran que los efectos varían significativamente en función del estado de la nieve:
- Nieve reciente (baja densidad): En este tipo de nieve, las concentraciones crecientes de microplásticos provocaron una disminución moderada del albedo y cambios importantes en la superficie específica, reduciéndola en 11,4 m²/kg respecto a las muestras sin contaminar. Sin embargo, la fusión fue prácticamente insignificante, con variaciones inferiores al 1%.
- Nieve envejecida (alta densidad): En cambio, en nieve más compacta y antigua, las concentraciones más elevadas de microplásticos sí tuvieron un efecto claro en el deshielo, incrementándolo hasta un 17% respecto a las muestras control.

Implicaciones y urgencia científica
Estos resultados apuntan a una conclusión inquietante: los microplásticos no solo contaminan, sino que pueden alterar procesos físicos clave en la nieve, afectando potencialmente al equilibrio climático en zonas de montaña.
La investigación subraya además que los efectos no son uniformes, sino que dependen de las condiciones iniciales del manto nivoso, lo que añade complejidad al fenómeno y refuerza la necesidad de seguir investigando.
El equipo concluye que son urgentes más estudios de campo para comprender en profundidad el impacto de los microplásticos en la criosfera a escala global. Porque, aunque diminutas, estas partículas podrían estar contribuyendo —grano a grano— a acelerar uno de los procesos más críticos del cambio climático.
Y, como suele ocurrir, lo pequeño acaba teniendo consecuencias enormes.

