Los augurios y nuestra democracia

[Carta de Arnaldo Otegi] Es de sobra conocido que los Augurios tenían una gran trascendencia en la vida social y política de la Antigua Roma (por ejemplo siempre se consultaba a los augures antes de emprender una batalla o una guerra).

Foto: Arnaldo Otegi
Foto: Arnaldo Otegi

Es de sobra conocido que los Augurios tenían una gran trascendencia en la vida social y política de la Antigua Roma (por ejemplo siempre se consultaba a los augures antes de emprender una batalla o una guerra).

Se cuenta así que por ejemplo el general Apio Pulcro le trataron de disuadir para que no entablara una batalla contra los Cartagineses porque los pollos sagrados no habían querido comer lo que constituía un malísimo presagio. Ante tales augurios el excelso general ordenó arrojar las aves sagradas al mar exclamando "¡si no quieren comer que beban!"… Aunque lo cierto fue que fue derrotado en aquella batalla que tan ansiosamente quiso entablar.

Hoy las modernas elites económicas llevan décadas manteniendo una batalla feroz (incrementado en este último lustro) para destruir y hacer desaparecer todos los derechos conquistados por el movimiento obrero. Para ello hay veces en que necesitan guardar las apariencias y tratan de hacernos creer que sus decisiones necesitan de la autorización de los modernos augures: Gobiernos y Parlamentos.

Entonces, siguiendo el ejemplo de Cesar, que siendo un hombre prudente se ocupaba de mezclar gusanos en el trigo para asegurarse que los pollos sagrados comieran… Mezclan sus exigencias con gusano-ofertas (como un esplendoroso futuro económico en algunos Consejos de Administración) para que sus exigencias sean debidamente legitimadas “democráticamente”.

Por supuesto para quienes no las aceptamos, siguen el ejemplo de Apio Pulcro y nos arrojan a un mar enrejado. Pero lo que no saben, es que también como aquel terminaran por perder esta batalla, no solo porque hace tiempo que aprendimos a nadar sino porque además nuestra dieta política es incompatible con cualquier tipo de gusanos y de gusaneras.

Arnaldo Otegi, desde la prisión de Logroño

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