Lo público primero, es ahora

En el comienzo de esta cuarta ola en Aragón y con la palabra esperanza en nuestro pensamiento a la llegada de las primeras vacunas, es necesario volver la cabeza atrás para recordar los estragos de la pandemia y a quienes más duramente la han sufrido, las personas mayores y concretamente, las personas institucionalizadas en las residencias. En Aragón, hay 278 residencias, de las cuales sólo el 30% son de titularidad pública y de ese porcentaje tan apenas el 13% es responsabilidad del Gobierno de Aragón. En nuestra comunidad, cuya población mayor de 65 años supone el 22% del total de …

En el comienzo de esta cuarta ola en Aragón y con la palabra esperanza en nuestro pensamiento a la llegada de las primeras vacunas, es necesario volver la cabeza atrás para recordar los estragos de la pandemia y a quienes más duramente la han sufrido, las personas mayores y concretamente, las personas institucionalizadas en las residencias. En Aragón, hay 278 residencias, de las cuales sólo el 30% son de titularidad pública y de ese porcentaje tan apenas el 13% es responsabilidad del Gobierno de Aragón. En nuestra comunidad, cuya población mayor de 65 años supone el 22% del total de la población aragonesa y hay 100.853 personas mayores de 80 años, contamos sólo con 9 residencias cuya titularidad y gestión 100% pública pertenece a la DGA.

Con esta realidad, es complicado decir que estamos en una buena posición para avanzar hacia un,s que necesario, cambio de modelo de los cuidados, que sea articulado desde lo público, porque si algo nos ha demostrado la pandemia es que no habrá cambio alguno si estos siguen dejándose en manos privadas.

Mientras han pasado todos estos meses, se han anunciado varios proyectos con 1000 camas geriátricas más en Aragón que serán gestionadas exactamente de la misma manera que en el período pre-COVID, a través de la iniciativa privada y tercer sector de forma mayoritaria. ¿Se imaginan únicamente 9 colegios públicos del Gobierno de Aragón? ¿Se imaginan únicamente el 13% de todas las camas de hospital en la sanidad pública? ¿Se imaginan que una empresa construya una residencia con la mayoría de sus plazas ya concertadas? En educación hemos tenido una experiencia de este tipo (construcción de un colegio previamente concertado) y nos hemos llevado las manos a la cabeza denunciando con ahínco que el derecho a la educación se garantiza desde la educación pública y sus infraestructuras. Pues bien, este es el día a día de los servicios sociales altamente privatizados y gestionados vía concertación.

De la pandemia han quedado muchos aprendizajes que no podemos olvidar, sobre todo, que la sanidad pública es la que ha atendido el 91% de las hospitalizaciones por covid y el 96% de los ingresos en ucis y que toda la red de atención a las personas mayores está estrechamente vinculada a ella. Es necesario pensar y abrir al debate social todo el sistema de cuidados que ha pertenecido siempre a la esfera privada sostenido por las mujeres de manera gratuita o contratada con una elevada precariedad.

Este es otro de los grandes retos en el despliegue de la estructura de políticas públicas en torno a los cuidados, acabar con la precariedad que atraviesa la vida de miles de mujeres cuidadoras. Normativas obsoletas que nunca se reforman y que dan lugar a que haya mucho trabajo en los centros residenciales pero muy pocas personas para llevarlo a cabo, puestos de trabajos sujetos a una alta temporalidad y parcialidad con salarios muy bajos, trabajo invisible y gratuito en el entorno familiar y también sin contrato que generalmente realizan mujeres migrantes. No es casual que un sector altamente feminizado esté en semejantes condiciones.

Poner los cuidados en el centro, significa ponerlos también en el centro de la economía, creando empleo público y un servicio de calidad no condicionado a los beneficios empresariales. Está demostrado que por cada euro que se invierte en los cuidados se recuperan 34, riqueza que debería revertir en el territorio. Eso significa muchos puestos de trabajo estable y de calidad y no deslocalizado, porque nuestra madre o padre van a ser cuidados aquí y no en Polonia. Esto también puede traducirse en un mayor asentamiento de la población y cohesión territorial en este Aragón cada vez más despoblado y unos servicios públicos mejores para toda la ciudadanía independientemente de dónde viva.

Ahora bien, a la vez, todo ello sólo tiene sentido si hay una apuesta clara por liderar las políticas sociales y ponerlas en el sitio que se merecen dentro de la res pública y por eso el empuje social es imprescindible. Necesitamos un sistema en el que las personas mayores puedan decidir cómo quieren vivir. Algo que parece muy simple pero que hoy en día no está garantizado y es fundamental. Necesitamos reforzar la atención primaria y comunitaria para que se puedan desarrollar medidas de prevención y protección básicas para que las personas mayores puedan estar en su domicilio el mayor tiempo posible y eso pasa por construir el empoderamiento social para vivir en comunidad y poner al alcance de todas las personas que más necesidades tienen un servicio de atención domiciliaria de calidad. Además, existen múltiples proyectos innovadores de vivienda compartida, cohousing o centros residenciales pequeños con unidades de convivencia que presten servicios en función de los apoyos que necesitan las personas y que podrían empezar a ser una realidad.

Tenemos también que luchar a la vez por una mayor financiación para ir extendiendo todas estas propuestas. Pero de todo lo dicho, buena parte, como en toda gestión, se trata de voluntad política de cambio. Porque si una empresa es capaz de construir una nueva residencia para prestar un servicio básico y reconocido como es la atención a las personas mayores más dependientes, ¿no puede hacerlo la propia Consejería de Ciudadanía y Derechos Sociales del Gobierno de Aragón?

Seamos capaces de poner en la agenda social y política un sistema de cuidados público, con infraestructuras públicas, con alternativas habitacionales diversas y adaptadas al modo de vida que quieren tener las personas mayores, potenciemos una red intergeneracional que combata la soledad no elegida con servicios públicos y comunitarios suficientes. Por eso, lo público primero, es ahora. Aprovechemos la oportunidad de cambio en el modelo de cuidados que nos ha traído la pandemia. Sin duda, el mejor homenaje a los y las que ya no están y seguro, nuestro mayor legado.

Autor/Autora

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de nuestra política de cookies, pincha el enlace para más información.

ACEPTAR
Aviso de cookies