Ley trans estatal: el PSOE de Aragón debe decidir

El PSOE decidió un día después del Dia Mundial contra las LGTBfobias que era buen día para mostrar que ni siquiera aceptaba que este trámite echara a andar. Ahora tendrá que demostrar antes del Día del Orgullo del 28 de Junio, que es coherente su participación en él.

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Carla Antonelli registrando en 2019 en el Congreso la proposición de ley de autodeterminación de género del PSOE.

El pasado 18 de Mayo, todas las fuerzas parlamentarias salvo PSOE, PP y Vox, votaron a favor de la toma en consideración de la Ley Trans en el Congreso. Un sector del PSOE llevaba muchos meses consiguiendo frenar el trámite como proyecto de ley del Gobierno de la propuesta que había acordado el Ministerio de Igualdad con las entidades LGTBI, y esta toma en consideración -a propuesta de los demás grupos que apoyaron la investidura de Sánchez- era un intento de desbloquear la situación. Unos días antes el PSOE había asegurado que la facilitaría, pero finalmente optó por la abstención, lo que sumado a los votos negativos de PP y Vox impidió la toma en consideración.

Además de múltiples medidas para garantizar la igualdad efectiva de derechos para las personas trans y las políticas públicas precisas, la principal “novedad” de la ley propuesta respecto a la legislación estatal vigente, es la autodeterminación de género que la ley permitiría: la posibilidad de cambiar la mención registral de sexo sin la obligación actual de hormonación o intervención quirúrgica.

Esta autodeterminación coincide con las propuestas y recomendaciones de múltiples instituciones internacionales de las que el Estado español forma parte, y está recogida (hasta donde lo permiten sus competencias) en las leyes de once comunidades autónomas, donde fueron aprobadas con el voto a favor del PSOE e incluso (como en el caso aragonés) de la derecha.

Se trata de una cuestión concreta y material que necesitan miles de personas trans en el Estado español para no ser señaladas públicamente cada vez que se hace evidente la discrepancia entre lo que dice su documentación y su realidad; para no ser rechazadas en el acceso a empleo y vivienda, para no ser acosadas y golpeadas en aulas, trabajos y calles, para no sufrir los más altos índices de desempleo, suicidios y delitos de odio, para llevar, en suma, la vida más o menos difícil que puede llevar cualquier persona cis (las personas que se identifican con lo que indica su documentación).

No estamos hablando de una cuestión filosófica o teórica: hay muchas razones por las que una persona se considera trans. Muchas de ellas consideran simplemente que son mujeres u hombres quieran o no intervenir sobre su cuerpo, otras han decidido que la separación entre dos categorías rígidas hombre/mujer no les incluye o que la que se les asignó al nacer no les corresponde, otras nacieron con alguna de las muchas combinaciones de las distintas variables biológicas (sexo gonadal, configuración cromosómica, genitales externos, desarrollo corporal…) distintas a la que se suele clasificar como “hombre o mujer”, y que de hecho puede ser sin saberlo la situación biológica de muchas personas que están leyendo este artículo.

Pero en todos los casos se trata de realidades materiales que condicionan la vida cotidiana de todas estas personas porque vivimos en una sociedad empeñadísima en simplificar la diversidad en dos categorías; categorías en las que se nos obliga a encajar y permanecer toda la vida, salvo que seas intersexual y un médico decida qué parte de ti no es “conveniente”.

Y otra cosa son las teorías filosóficas o políticas que podamos elaborar sobre el sexo y el género, sobre si somos “abolicionistas del género”, “queers”, “feministas radicales”, o cualquiera de las combinaciones y matices posibles entre esos posicionamientos… o si simplemente queremos que nos dejen vivir nuestra vida como mejor podamos. Debates y teorías que necesitamos para comprender la compleja realidad personal y social en la que vivimos y proponer cómo mejorarla, pero en los que no necesitamos llegar a unanimidades para permitir las muy concretas mejoras que propone la ley trans presentada.

El PSOE de 2019

Sin embargo, un sector del PSOE ha decidido hacer de ese combate teórico bandera para frenar a toda costa una ley que acumula un retraso de muchos años, y sobre cuya orientación a favor de la autodeterminación ya se posicionó el PSOE en 2019, cuando era oposición.

Es difícil explicar este retroceso a un debate que se había superado pragmáticamente hace mucho tiempo con propuestas concretas, lo que sin duda tenía mucho que ver con el trabajo y aprendizaje conjunto del movimiento LGTBI y el feminista en tantas luchas.

Y hay quienes consideran que este retroceso tiene que ver en realidad con otro frente: la necesidad de crear una confrontación artificial para marcar distancias para pelear por la representatividad en el movimiento feminista que ciertos sectores académicos, políticos y sindicales del PSOE han creído en peligro con la aparición de nuevos referentes en el boom feminista de los últimos años. Un miedo que quedaría gráficamente representado en la sustitución de Carmen Calvo (PSOE) por Irene Montero (Unidas Podemos) en el Ministerio de Igualdad.

Pero las vidas de miles de personas trans no pueden ser rehenes de esa disputa, y finalmente las organizaciones Trans y el resto de las organizaciones LGTBI estamos diciendo basta.

En este momento nos encontramos en la paradoja de que una fuerza política como Ciudadanos, a la que se vetó su participación en numerosas manifestaciones del Orgullo por su participación en gobiernos condicionados por Vox, está legitimándose públicamente ante la comunidad LGTBI por encima del PSOE.

Desde entidades como Towanda, que entendemos la defensa de la diversidad afectivosexual como inseparable de la transformación social, siempre hemos mantenido que el modelo “sálvese quien pueda”, el pinkwashing de libro de Ciudadanos no nos sirve si por la puerta de atrás se mantienen todas las políticas neoliberales excluyentes. Pero no podemos negar la realidad de que su posicionamiento respecto a cambios legales necesarios deja hoy al PSOE en evidencia.

Carla Antonelli

¿Qué va hacer el PSOE de Aragón ante esto? A lo largo de toda la geografía del estado, las plataformas que organizan las manifestaciones del Orgullo están planteándose en estos momentos la participación o no del PSOE. E incluso la participación de entidades LGTBI en actos institucionales está cuestionándose y está haciéndose difícil la colaboración en actividades necesarias por cuanto pueda significar avalar lo que se considera un ataque a la comunidad trans. Y el PSOE de algunos territorios ha sabido reaccionar a tiempo y posicionarse en la defensa de la autodeterminación de las personas trans al lado de referentes históricas del partido como Carla Antonelli.

La ley aragonesa

En Aragón tenemos una de las mejores legislaciones territoriales al respecto, y somos muy conscientes del esfuerzo institucional desde la administración aragonesa, aunque el ritmo de los resultados no sea ni de lejos el que querríamos.

Pero colaborar en esos avances no puede suponer avalar cualquier postura del PSOE, y no lo vamos a hacer: en este momento la Asamblea 28 de Junio de Zaragoza está esperando que el PSOE aragonés se posicione clara y públicamente por una ley estatal que incluya la autodeterminación de género, como se le ha solicitado, para decidir sobre la participación del PSOE en el Orgullo.

Las personas trans no pueden sufrir por más tiempo el bloqueo permanente de una ley que, si se quiere mejorar, tiene un largo trámite parlamentario por delante. El PSOE decidió que el 18 de mayo, un día después del Dia Mundial contra las LGTBfobias, era buen día para mostrar que ni siquiera aceptaba que ese trámite echara a andar. Ahora tendrá que demostrar antes del Día del Orgullo del 28 de Junio, que es coherente su participación en él.

Pero no porque hace 16 años votara a favor de una ley de matrimonio igualitario que habían logrado las organizaciones LGTBI con sus movilizaciones de décadas. Sino porque en 2021 está dispuesto a defender vidas vivibles para la comunidad trans, que inició esas movilizaciones hace 52 años en la revuelta de Stonewall.

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