Lecciones mal aprendidas

Que la educación puede ser un vehículo ideológico de primer orden es algo indudable. Que hay una educación que adoctrina es algo evidente, pero no es precisamente la educación cien por cien pública como suele repetir en sus mantras la derecha. Existe la educación concertada, que en el caso aragonés es equivalente a decir colegios católicos, que tiene varios sesgos de origen que hacen ideario y marcan diferencia social. Para empezar si un colegio se llama Cristo Rey, por ejemplo, ya marca tendencia. Colegios que, a menudo, tienen una capilla católica en su interior y en los que abundan símbolos …

Que la educación puede ser un vehículo ideológico de primer orden es algo indudable.

Que hay una educación que adoctrina es algo evidente, pero no es precisamente la educación cien por cien pública como suele repetir en sus mantras la derecha.

Existe la educación concertada, que en el caso aragonés es equivalente a decir colegios católicos, que tiene varios sesgos de origen que hacen ideario y marcan diferencia social.

Para empezar si un colegio se llama Cristo Rey, por ejemplo, ya marca tendencia. Colegios que, a menudo, tienen una capilla católica en su interior y en los que abundan símbolos religiosos por doquier. Esto por lo visto no es ideología.

Son muchos los colegios que imponen cuotas, en teoría voluntarias pero que todas las familias pagan, que pueden sumar varios cientos de euros mensuales, aparte de un uniforme obligatorio. Este proceder hace que este tipo de enseñanza segregue a las familias de menor renta.

También es llamativo que la inmensa mayoría del alumnado con necesidades especiales de cualquier tipo terminan en la pública. Como es patente asimismo que no hay diversidad étnica, con honrosas excepciones, en la concertada.

Y, pese al descenso del alumnado por la bajada constante de natalidad, sin embargo no desaparece ni una sola aula de colegio católico mientras sí se reducen en la pública. De hecho las familias de la escuela pública denuncian la desaparición de 200 aulas desde 2013.

La guinda del pastel viene cuando el presidente de Aragón anuncia que va a existir también un bachillerato concertado, para lo que se va a emplear, como no, dinero público. Un bachillerato en el que puede ser que se repita lo que sucede en el privado: notas sospechosamente altas y que no corresponden ni de lejos a los conocimientos demostrados en la PAU-Selectividad. Una injusta diferencia más que sabida que permite un acceso más fácil a determinadas carreras con alta nota de corte para sus estudiantes.

Todo esto al mismo tiempo que se anuncia la posible implantación en Zaragoza y Calatayud de tres nuevas universidades privadas, auténticos mercadillos de compra de títulos, una de las cuales, la Universitá Niccolo Cusano, está abiertamente vinculada a la ultraderecha.

Lo peor de todo: que lo que estamos contando no es nada desconocido. Se da por hecho que hay colegios gueto y otros que molan más. Que las familias pueden gastar algo de dinero extra en las cuotas “voluntarias” y que así no tendrán que juntarse con gente precaria o racializada.

Como se da por hecho que, si no eres un estudiante muy brillante, puedes acudir a una privada donde lo mismo te sacas una doble titulación, o en las que conseguir un máster es una cuestión de dinero, no de mérito.

La elaboración de un esquema educativo esculpe un pensamiento. Una educación, además, que está claramente escorada ideológicamente y no precisamente hacia el pensamiento crítico.

El modelo está claro y no es cosa del PP, pues desde el PSOE tampoco se ha planteado cambiar la dirección del mismo y parece que, en pleno siglo XXI, tendremos que volver a reivindicar una educación pública que cada vez se cierra a más personas.

En las manis estudiantiles de los 80, durante huelgas que duraron meses, se coreaba aquello de “el hijo del obrero a la Universidad”. A lo mejor la consigna no ha caducado.

No hemos aprendido la lección, o la hemos aprendido mal. Quien tiene el poder genera el discurso del mismo. Y si tiene un lugar desde el que esparcir doctrina, no dudará en usarlo.


Acratorial semanal del programa El Acratador de Radio Topo, radio libre de Zaragoza.

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