Lecciones de la huelga de limpieza

La huelga indefinida de las limpiadoras de Zaragoza deja varias enseñanzas: la fuerza de la movilización colectiva, la vigencia de la huelga como herramienta de lucha, el papel de las instituciones frente al conflicto laboral y la necesidad de relevo generacional en el sindicalismo y los movimientos sociales

11 junio, 2026. 12:03
Huelga de las limpiadoras en Zaragoza | Foto: CCOO

AraInfo ha seguido la huelga de la limpieza durante sus dos semanas de duración. Una huelga de un sector precario como pocos, feminizado y cada vez más racializado. Unas circunstancias que parecían poco propicias para llevar a cabo una huelga tan larga. Sin embargo lo han hecho y, a la postre, le han doblado el brazo a la patronal.

No hay que echar las campanas al vuelo, hay que dejarlo claro, pues ahora mismo los convenios que se firman en muchos sectores como mucho cubren el IPC interanual y, en este caso, ni a eso se ha llegado. Con las actuales cifras de inflación las trabajadoras terminan perdiendo poder adquisitivo.

Tampoco esto es nada nuevo. En la coyuntura actual muchos convenios se están luchando ni siquiera para avanzar, sino para no perder derechos adquiridos.

Pero vamos a este conflicto específico.

Para empezar la victoria ha sido de la movilización. Sin el trabajo colectivo cualquier reivindicación carece de sentido y el personal de limpieza ha estado en la calle desde el primer momento.

La primera lección es que, si uno de los sectores más precarios del mundo laboral puede, cualquiera puede. No hay excusas y quince días resistiendo, mujeres que cobran a duras penas el SMI y muchas de ellas con jornada parcial, nos han dado una lección de dignidad y entereza. Los testimonios personales escuchados ponían los vellos de punta.

Otra lección es que la huelga sigue siendo una herramienta válida de lucha, mucho más si se acompaña de acciones en la calle. Sin la huelga no se hubiera pasado de una subida ridícula y eso lo aprendió este sector en huelgas históricas como la de 2008, también en Zaragoza.

Porque las huelgas se ganan en la calle y no en los despachos.

Las limpiadoras se han atrevido a gritarle cuatro verdades a las instituciones que querían obviar el asunto, han cortado el tráfico, han organizado piquetes desde las 5:00 de la mañana hasta las 10:00 de la noche y han sido piña durante dos semanas. No todas claro. Lo del seguimiento del 90% fue un día y en algunas contratas.

Algunos de los piquetes durante la huelga | Video: OSTA

Otra lección: las instituciones han tomado partido.

Los nuevos gobiernos de derecha han impuesto unas condiciones en los servicios mínimos que pretendían, sin disimulo, desactivar la huelga. Pocas veces ha estado tan claro el alineamiento, especialmente del Ayuntamiento de Zaragoza, contra las legítimas demandas laborales.

Cuando fueron viendo que las limpiadoras se la montaban intentaron dar unas pobres explicaciones, pero los servicios impuestos en algunos casos del 100% hablan por sí mismos.

Mirando la parte empresarial la lección que se saca es que las patronales en general cada vez son más reaccionarias.

Ya se atreven con peticiones como eliminar pluses consolidados desde hace décadas o pretenden penalizar las bajas laborales, como si una baja se pidiera por capricho. En lo salarial la oferta inicial habla sola: 74 céntimos diarios.

En general, además, hay una tendencia a suscribir los llamados pactos de empresa, vaciando cada vez más de sentido los convenios colectivos y, en última instancia, se buscan negociaciones personales que socavan lo común.

Ahora bien, esta avaricia no es buena idea. Es sabido que, ante condiciones tan lamentables, estas empresas, como sucede con las de hostelería por ejemplo, cada vez tienen más dificultades para encontrar personal. Esta situación, al mismo tiempo, cierra el círculo de la precariedad: cada vez gente en peores condiciones y con menos posibilidad de protestar.

Protesta frente al Ayuntamiento de Zaragoza | Video: OSTA

Otra reflexión: hace falta relevo generacional.

Se ve a simple vista. La media de edad de la gente que se ha movilizado y ha estado más en las calles y asambleas pasaba la cincuentena y en bastantes casos de los 60. Mención especial a las jubiladas del sector que estaban día a día manifestándose. Se os quiere, vosotras sabéis quienes sois.

Es el contexto actual, en el que la lucha social de cualquier tipo, incluso las dinámicas colectivas, están desprestigiadas.

Los sindicatos mayoritarios se han anquilosado en posiciones institucionales y de escasa combatividad y la huelga casi es la excepción, no digamos ya los piquetes o la solidaridad de clase.

Detalles como que en la mesa negociadora se sentaran tres hombres —en un sector con más de un 90% de mujeres— que no son trabajadores de la limpieza no son un buen ejemplo.

Las excepciones están precisamente en la afiliación de base y en la mucha gente que va por libre, honrada y combativa. La que ha dado el callo.

Aún así, el mensaje queda claro. Ellas han podido, han ganado, aunque sea una una victoria con muchos matices.

Terminamos con preguntas: ¿Quién se anima? ¿Quiénes serán las próximas huelguistas?

La lucha es fértil y se ha demostrado.

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