Usaremos unos pocos caracteres para insistir en la desidia social que supone la idea de desregularización que parece ser la forma finolis con que la fachosfera viste la idea de desarticulación de la democracia para instalar el sistema más adecuado a los intereses de la casta. Un término popular muy adecuado que incluye a las elites de siempre que son el vector intemporal que atraviesa calendarios. La eterna pugna de los ricos propietarios contra los míseros proletarios, entre plutocracia y democracia. Algo que no puede ocultar ni el humo de los incendios.
Unas élites, unas castas que, llegado el momento, no tiene mayor problema en reeditar procedimientos de asalto al poder, de golpes de estado, con armas, bulos o serviciales algoritmos, en función de cómo evolucionan los tiempos. Ya en 1978 Paul Preston describió bien en un magnífico libro, (La destrucción de la democracia en España"), los procesos sociales y mediáticos que socavaron la democracia española desde 1931 hasta su sangrienta aniquilación. Una recomendable lectura para entender algo de esta actualidad que rima con el pasado.
Hoy, como en el tiempo de la II República que narra el libro, hay experiencias socio-políticas foranas que tienden hacia la generalización de un modelo de estado corporativo. Aunque Mussolini se haya mudado a la Casa Blanca y Stalin se haya reencarnado en capitoste de la cleptocracia capitalista, el mensaje, las falsedades mitómanas, el relato identitario que arrasa la racionalidad, han cambiado poco. Todo ampliado, si cabe mayor perversidad, por el régimen de la bulocracia, el fruto de una sociedad de la desinformación participada frívolamente por usuarios de redes sociales que, en su desvarío identitario creen ejercer/disfrutar de una libertad de expresión y de creación de contenidos que les convierte poco menos que en líderes de opinión, cuando no pasan de meros correveidiles de la falsedad. Altivos siervos de la plutocracia o, como diría el saber popular, tontos de capirote.
Los protagonistas actuales son distintos de los que presenta Preston, pero no dejan de rimar también: Gil Robres-Abascal, Lerroux-Núñez Feijoo, Prieto-Sanchez, Maurín-Iglesias,.. los emparejamientos pueden ser tan variados como la percepción del lector, aunque puede que el intelecto haya mermado con el tiempo. Se repite la desilusión porque la burguesía (antes como ahora) no alcanza a gestionar un espacio de convivencia básica ante el asalto permanente de la reacción de grandes propietarios y élites económicas. Mientras, se repite la sumisión de una parte de las clases subalternas que se identifica con los poderosos de todos los tiempos. Sectores sociales que prefieren enriquecer más a la familia March a través de su alarma doméstica, antes que pagar una cuota sindical, la sabiduría popular, siempre certera, los llama fachapobres.
La tensión CEDA - PSOE por imponer su impronta en la gobernanza española de los años treinta se reactiva en la historia, como los focos aparentemente apagados de los incendios forestales que quedan tras el frente del fuego que aterra este verano. La Asociación Nacional Católica de Propagandistas de antaño y su periódico El Debate, dirigido por el que llegaría a ser cardenal Herrera Oria, tiene su correlato en la variedad de grupos conservadores/reaccionarios católicos con todos sus medios de información que trasgreden sin el mínimo dolor de los pecados el octavo de sus mandamientos.
En resumen, las formas con que la casta pretende prevalecer su voluntad y sus intereses por encima de cualquier otra realidad, son una constante histórica que conviene reconocer entre las páginas de la actualidad siguiendo las pistas que dejaron en los libros de historia. Y, en medio de todo eso, en este lado del tiempo, el fuego pone sobre la mesa lo que debería ser la única prioridad nacional: la vida de las personas.
Llegado a este punto, con todos los incendios que aterran las noches de este verano, habrá que dejar para otro momento este juego de paralelismos entre la historia y la actualidad en el que, a decir de algún crítico, abusamos en este blog. Pero como, tal como decía Luis E. Aute, el pensamiento no puede tomar asiento (más aun el librepensamiento) y por ello es obligado mirar en otras direcciones y abandonar el ruido generalizado y los reenvíos repetitivos de ocurrencias de todo caletre que saturan las redes.
Puede que saltando sobre realidad e historia se caiga en el más aquí del pensar y el sentir individual. En la soledad personal, esa soledad repleta de finitudes de la que se tiende a huir para caer en el cenagal de todas la banalidades que la filosofía ha llamado existencia inauténtica, esa toxicidad anímica que domestica las vidas hasta convertirlas en un servilismo maquillado de libertades.
Los incontrolados fuegos de estos días bien pudieran parangonarse con las hogueras de la Caverna de Platón que muestran a los prisioneros encadenados a su ignorancia, una realidad que no son más que sombras y reflejos. Ahora que estamos tan atentos al fuego, será buen momento para desenmascarar las sombras que se tienen como los protagonistas de la actualidad. Presidentes/as de comunidades autónomas negacionistas del cambio climático (y también los otros ocho límites planetarios) que se lanzan a la espectacularidad cotidiana, sin ninguna voluntad de hacer frente a sus responsabilidades y con la firme intención de continuar la especulación en el mercado de las almas si reparar en cuantas desgracias acarree la gente, sean pandemias, inundaciones o incendios. Todo en beneficio exclusivo de su asalto al poder.
Ahora que vemos la extrema fragilidad de lo grande, del paisaje, de los bosques, de las casas, de los recuerdos y proyectos de tanta gente que asiste inerme al banquete del fuego, puede que se caiga en la cuenta de cual es el valor más alto, aquello que debería estar en el centro de todo pensamiento y de toda organización humana: la vida. Porque por encima de cualquier pérdida que se pueda sufrir, es la vida el valor que contempla el tiempo y ello debería llevarnos (¡vana ilusión!) a una reconfiguración de objetivos, modelos vitales y de gestión de la cosa pública, entendida como escenario para la con-vivencia.
El ser humano es plenamente capaz de salir de la caverna, doblar las apariencias de realidad y buscar ayuda para apagar la hoguera de las vanidades e identificar luces y sombras.
Publicado originalmente en laribagorzana21.blogspot.com.




