Las otras elecciones

Que ha ganado Keir Starmer ya lo sabemos, que ha obtenido mayoría absoluta en el Parlamento también. Pero, ¿qué otras lecturas ofrecen los resultados de las elecciones de este jueves en Gran Bretaña y el norte de Irlanda?

Imagen de un acto de campaña de Corbyn. | Foto: @jeremycorbyn

Los titulares grandilocuentes, a la hora de definir la victoria laborista, se han sucedido desde que en la noche de este jueves se celebraran las elecciones generales en Gran Bretaña. Algo así como "los laboristas arrasan a los conservadores". Y esos titulares han sido acompañados de un relato, la victoria laborista se debe a la moderación de Keir Starmer y al "orden" impuesto en el laborismo. Ese discurso tiene un claro objetivo: asentar la idea de que es la purga de Jeremy Corbyn lo que ha permitido al laborismo recuperar una pretendida centralidad de acuerdo a lo que podríamos denominar el sentido común dominante.

Es cierto, los 410 representantes en el parlamento alcanzados por el Partido Laborista, impresionan. Suponen una mayoría absoluta muy amplia en la cámara. Pero, ¿realmente Starmer ha logrado una victoria a la altura de los titulares? ¿Ha sido el abandono del giro a la izquierda que representaba Corbyn lo que ha permitido el triunfo laborista?

Las cifras desmientan ambas lógicas. Si hacemos un histórico de los resultados del Partido Laborista desde 2015 hasta estas últimas elecciones, vemos como el mejor resultado de esta serie histórica corresponde a la primera candidatura de Corbyn en 2017. El 8 de junio de ese año el dirigente laborista obtuvo 12.878.0460 votos que supusieron un 40% de los mismos. Es verdad que no pudo obtener la victoria, ya que el Partido Conservador que presentó a Theresa May alcanzando 13.636.684 votos y algo más del 42%. El sistema electoral de Gran Bretaña hizo que ese 2% de diferencia se convirtiera en 317 asientos para los conservadores y 262 para el laborismo.

Elaboración propia

Este escenario venía precedido de unos resultados mucho más modestos en 2015, con el moderado Ed Miliband como candidato, 9.347.273 de votos y un 30,4% de los mismos. Es decir, el discurso de Corbyn llevó al Partido Laborista a ganar más de tres millones de votos y diez puntos más en términos porcentuales. En 2019, elecciones que justificaron los movimientos para alejar a Corbyn del liderazgo laborista, el partido obtuvo 10.269.051 votos y un 32%. Un resultado que suponía una importante pérdida de apoyos respecto al 2017, pero que aún así y como veremos supera en términos absolutos al resultado de este jueves de Starmer y resulta muy cercano en términos relativos.

Elaboración propia

Starmer ha obtenido 9.698.409 votos y un 33,7%, es decir que su liderazgo difícilmente puede explicar la victoria laborista. Ya que sus resultados están muy lejos de los obtenidos por Corbyn en 2017 y no pueden considerarse ni mejores, ni peores, que los obtenidos por el partido en 2019. Teniendo en cuenta que además, Jeremy Corbyn tuvo que enfrentar todo tipo de ataques desde los grandes medios de comunicación, así como vergonzantes compañas de desprestigio, como las orquestadas por la dirección que hoy representa precisamente Starmer. Entre las acusaciones destacó la de calificar de "antisemita" a Corbyn por la defensa del pueblo palestino, una campaña en la que participaron activamente el Estado israelí y los grandes grupos mediáticos.

¿Entonces como Starmer ha logrado 410 representantes y una mayoría tan destacada en el Parlamento? Los dos principales motivos de esa pretendida victoria arrolladora son el descalabro del Partido Conservador y un sistema electoral muy mayoritario. De hecho, alcanzar ese resultado tan abultado en representación, la mayoría se alcanzaba con 326 asientos, ha sido posible con un resultado que no llega al 34% del voto.

La pequeña revancha de Corbyn

Una muestra del apoyo que sigue despertando el que fuera líder laborista, hoy purgado del partido como muchos otros dirigentes y cuadros del ala izquierda, ha sido su victoria en su circunscripción, Islington North. Allí ha obtenido 24.120 votos, frente a los 16.873 del candidato del oficialismo, Praful Nargund. Parece que sus posiciones políticas de izquierdas, así como su apoyo expreso a la causa palestina, no han penalizado a Corbyn que obtiene una abultada diferencia, en un feudo en el que lleva ganando desde 1983.

Genocidio en Gaza. La factura de mirar hacia otro lado

A pesar de la victoria obtenida, además del asiento ganado por Corbyn en la circunscripción londinense de Islington North, el domesticado laborismo de Starmer ha perdido asientos en otras zonas electorales como Leicester South, Dewsbury y Batley en West Yorkshire, así como en Blackburn en Lancashire. En todos estos casos candidaturas independientes en favor de la causa palestina obtuvieron los asientos relegando a los candidatos del oficialismo laborista.

En otros distritos electorales esta fractura, causada por el apoyo al estado colonial sionista de Starmer, ha permitido la victoria de los conservadores, como en Chingford y Woodford Green donde se presentaba como independiente Faiza Shaheen, purgada como Corbyn del laborismo.

La derrota en Leicester South de Jon Ashworth, un peso pesado del laborismo, ha sido especialmente dolorosa. El independiente Shockat Adam, celebró su victoria espetando: "Esto es por Gaza".

El Sinn Féin se impone por primera vez en unas generales en el norte de Irlanda

Otra de las lecturas de esas "otras elecciones" sucede fuera de Gran Bretaña y ha sido el primer puesto obtenido por el Sinn Féin en el norte de Irlanda, propiciado por un buen resultado y por el hundimiento del Partido Unionista Democrático. El partido nacionalista irlandés ha obtenido así siete escaños que ha anunciado no ocupará. El resultado refuerza la tendencia ascendente del Sinn Féin, que ya logró gracias a los resultados obtenidos en 2022, un 29% del votos, que Michelle O'Neill sea en estos momentos la ministra principal de Irlanda del Norte.

Fin de la era conservadora y la vuelta a la tercera vía

Si bien el resultado actual pone fin a 14 años de mandato conservador, y esto bien podría ser motivo de alegría para amplios sectores progresistas de la sociedad, no es menos cierto, que tal y como se trasluce en este relato de "las otras elecciones", el laborismo de Starmer recuerda mucho a la "tercera vía" de Tony Blair. Es verdad que el Partido Conservador y el discurso público encabezado por el anterior primer ministro dan vértigo por su reaccionaria radicalidad. Pero, no es menos cierto, que la memoria de lo que supuso el reinado de esa "tercera vía" en el laborismo no invita a un optimismo respecto a un cambio sustancial para las condiciones de vida de la clase trabajadora en Inglaterra, Gales, Escocia y el territorio ocupado en el norte de Irlanda. Tampoco parece que existirá un cambio sustancial de la agresiva política militarista de Gran Bretaña en el conflicto de Ucrania, el apoyo al colonialismo israelí y en general del seguidismo de las políticas internacionales de EE.UU. El tiempo nos dirá, si acertamos o erramos en esta caracterización del próximo gobierno de Starmer.