Las limpiadoras contra el coronavirus

Saben qué tenemos en común las limpiadoras sanitarias y el coronavirus: La invisibilidad. Nadie nos ve pero ambos desarrollamos nuestra tarea en silencio. La del virus que nos trae a todos de cabeza consiste en infectar y expandir la enfermedad con la eficiencia que caracteriza a los microorganismos. La de las limpiadoras, atajar y plantar cara a la pandemia con poco más que una bayeta y un producto hiperclorado. En los protocolos que se dictan desde sanidad se nos considera personal de bajo riesgo. Es bien sabido que somos una super-raza, la de la limpieza, que resulta inmune a los …

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Hospital Clínico. Foto: Pablo Ibáñez (AraInfo)

Saben qué tenemos en común las limpiadoras sanitarias y el coronavirus: La invisibilidad. Nadie nos ve pero ambos desarrollamos nuestra tarea en silencio. La del virus que nos trae a todos de cabeza consiste en infectar y expandir la enfermedad con la eficiencia que caracteriza a los microorganismos. La de las limpiadoras, atajar y plantar cara a la pandemia con poco más que una bayeta y un producto hiperclorado.

En los protocolos que se dictan desde sanidad se nos considera personal de bajo riesgo. Es bien sabido que somos una super-raza, la de la limpieza, que resulta inmune a los riesgos a los que se ven expuestos el resto de los trabajadores sanitarios. O así debe serlo puesto que desde las empresas subcontratadas que pagan nuestros sueldos con dinero público no se está mostrando el menor interés en formar adecuadamente a sus trabajadores.

Obviando que se nos considere personal sacrificable a nosotros y nuestras familias, quizás alguno de los cráneos privilegiados que coordinan esta crisis no ha reparado que con el desconcierto y falta de pautas concretas estemos contribuyendo a ser colaboracionistas con el famoso COVID-19.

Ante una emergencia de este calibre, lejos de agradecer, tranquilizar y proteger a las plantillas de limpieza sanitaria, las empresas y los mandos intermedios se lavan las manos (más exhaustivamente que Pilatos) deniegan refuerzos humanos y no se plantean proporcionar materiales tan necesarios como mascarillas, gafas, guantes o batas sabiendo que el servicio público sanitario está desbordado y carece de estas medidas básicas para sus propios empleados. Incluso algunos de estos "encargados/as", responden a la preocupación mostrada por la falta de personal, información y medios con amenazas más o menos veladas sobre la posibilidad de rescindirles el contrato.

En los últimos pliegos de condiciones advertimos al servicio aragonés de SALUD que los recortes en limpieza pueden matar. Nadie nos escuchó.

Las empresas pujaron a la baja y los responsables de nuestra salud dieron por bueno que un ahorro en limpieza era una nonada que no acarrearía consecuencias para la prestación del servicio.

Así se recortaron plantillas con la bendición de la Consejería pese a que lo que estaba en juego, como ahora se demuestra, era la vida de los pacientes.

No tenemos miedo. No más que a otras enfermedades con las que nos toca lidiar a diario. Pero no podemos hacernos responsables de la dejación e incompetencia de las empresas que se llenan las buchacas con nuestro trabajo y de la absoluta falta de empatía con la que la mayoría de las encargadas y encargados de limpieza están gestionando este asunto.

Tampoco nos sentimos respaldadas por nuestros comités de empresa, más interesados en seguir manteniendo el culo atornillado a sus privilegios y horas sindicales que en defender los derechos de quienes les han votado.

Las limpiadoras acudimos cada día a nuestros puestos de trabajo como soldados desarmados que van a las trincheras. El exceso de trabajo y el estrés están minando nuestras filas. Y desde la retaguardia, nuestras jefas, lejos de proporcionarnos chalecos anti-virus y palabras de ánimo, nos apuntan para que avancemos a cuerpo descubierto a colocarnos en primera línea de fuego.

Dicen que en las situaciones excepcionales se conoce la verdadera naturaleza de las personas. Puede que las limpiadoras seamos invisibles. Menos que nada para algunos gerifaltes. Sin embargo somos la primera barrera de contención que puede evitar contagios a la ciudadanía.

No somos heroínas. Somos hijas, madres, abuelas y, sobre todo, seres humanos conscientes de que, nuestro humilde trabajo, puede salvar vidas.

También tenemos memoria. Y cuando todo esto pase llegará el momento de purgar a los que han demostrado su incompetencia y falta de humanidad.

¡La limpieza no se vende ni achanta! Pero ahora nos toca ser valientes y defenderla de los mercaderes de la salud y los estómagos agradecidos. ¡Mucha fuerza! ¡Tod@s junt@s compañer@s!

No olvidaremos a quienes hoy nos traicionan. Pero esa será otra guerra. Y los que tendremos enfrente son más cobardes que las ratas. Ellos sí que son menos que nada.

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