Altavoz

Las animalistas somos así

Nos hacemos animalistas por distintas circunstancias. Crecemos, vemos, leemos, nos formamos, nos inquietamos. Un día, sin darnos cuenta, escuchamos a alguien decir “las animalistas somos así”, o “el movimiento anda muy dividido”. Así pues, quienes pasamos de la cuarentena nos descubrimos casi de repente blandiendo consignas en una manifestación o en una concentración rodeadas de...
| 21 agosto, 2018 07.08
Las animalistas somos así
Foto: Día Mundial de los Animales

Nos hacemos animalistas por distintas circunstancias. Crecemos, vemos, leemos, nos formamos, nos inquietamos. Un día, sin darnos cuenta, escuchamos a alguien decir “las animalistas somos así”, o “el movimiento anda muy dividido”. Así pues, quienes pasamos de la cuarentena nos descubrimos casi de repente blandiendo consignas en una manifestación o en una concentración rodeadas de otras personas que parecen compartir algunas de nuestras inquietudes.

Las animalistas más jóvenes se han formado en las redes sociales a golpe de evento y convocatoria y tal vez lo vivan de otro modo. A ellas corresponde su parte de reflexión.

Permítaseme una anécdota personal. Hace un tiempo decidí dejar de comer soja por motivos de salud y por motivos medioambientales. Lo expresé en distintas situaciones porque quería compartir mi decisión. Algo así no debería soliviantar a nadie. Sin embargo, mi comentario supuso una ristra de miradas burlonas y frases no muy afortunadas. Me sentí como alguien que dice en una reunión familiar que ha dejado de comer animales. Y no debería ser así porque cada vez que lo dije estaba rodeada de otras animalistas.

¿Quería yo ser animalista? No escogemos querer, o eso quiero pensar. Bien, pero… ¿quería yo ser animalista? Es más, ¿lo soy? He empleado el verbo querer a sabiendas de que acabo de ganarme un pedazo de infierno en el discurso de otras personas porque no hay que querer, hay que respetar, o algo parecido.

Las palabras nos ayudan a expresarnos, o se convierten en enemigas. Por más que intento analizar qué me hace animalista o qué me aleja del mencionado movimiento no consigo saberlo. Sé que, al igual que tantas otras personas, respeto la vida de todas las criaturas que pueblan nuestro amado planeta Gaia. O lo intento, a sabiendas de que la perfección no existe.

Hablemos del “especismo”. El animalista Richard D. Ryder acuñó este término para describir la existencia de una discriminación de carácter moral basada en el hecho de pertenecer a una especie o a otra. Ha llovido mucho desde entonces y parece ser que el “painismo” o “dolorismo”, términos creados por el propio Ryder unos años después, sigue vigente aunque es revisado con frecuencia. Según Ryder, una criatura merece respeto porque tiene la capacidad de sentir. Ahora otros “-ismos” explican lo que se ha convertido en un movimiento complejo y con vocaciones más o menos mesiánicas.

Somos amigas de tertulias interminables que suelen acabar con la aparición de familias animalistas nuevas y parece que escuchamos ahora mismo esas eternas diatribas sobre el respeto que merece una criatura que siente o que no sabemos si siente pero cabe pensar que sí o… Como he dicho, es interminable. A veces agotador. No siempre productivo.

Con el tiempo estoy descubriendo que hay distintos grados de animalismo, hay uno que consideran muy puro o eso cabe pensar, hay uno discreto, otro es viajero, siempre en ruta de manifestación en manifestación, otro más que reniega de lo tradicional por considerarlo poco auténtico, sin tener en cuenta las circunstancias de las personas que lo componen, su entorno o su motivación. Y eso sin hablar de los alimentos que consumimos. Este tema merece si cabe una reflexión mucho más profunda y despierta tormentas más violentas.

Así pues, creo que no seré considerada animalista, o seré una animalista de segunda clase o de subgrupo. Creo que ya no me importa tanto. Creo en mi cariño por los animales y en el respeto que les debo. Creo en mi amor por el planeta.

Creo en el discurso sereno y la conversación constructiva, aunque no siempre lo consigo. Creo incluso que reniego de la policía del animalismo. Siempre imagino que están a punto de prender hogueras hechas con recetarios de cocina y no me gusta. Me inquieta. Yo, animal imperfecto, quiero querer y quiero ayudar. Pero sin morir en el intento, sin perder la sonrisa ni la esperanza.

21 agosto, 2018

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