La Unión Europea y Canadá firmaban este domingo el Acuerdo Integral de Economía y Comercio (CETA por sus siglas en inglés), que permite la eliminación de cualquier barrera comercial entre ambos. Salvaban así, no sin dificultades un primer escollo burocrático, pues el tratado todavía debe ser aprobado por unos 38 parlamentos regionales y nacionales en Europa, en los próximos meses, para entrar completamente en vigor.
El primer ministro canadiense, Justin Trudeau, junto a los jefes de las instituciones de la Unión Europea, firmó el tratado que debería allanar el camino para que entre parcialmente en vigor a comienzos de 2017 con la eliminación de la mayoría de los aranceles a las importaciones.
El acuerdo con Canadá está considerado como un trampolín para un pacto mayor de la Unión Europea con Estados Unidos, conocido como la Asociación Transatlántica de Comercio e Inversión (TTIP por sus siglas en inglés), otra suerte de liberalización de los mercados, que acabaría con los estándares actuales de libertad de decisión de los Estados europeos.
La comisionada de Comercio de la Unión Europea, Cecilia Malmström, aseguraba que las negociaciones para el TTIP no estaban muertas, al contrario de lo que han dicho algunos políticos en Alemania y Francia, pero que se reanudarían sólo después de que el próximo presidente de Estados Unidos asuma su mandato en enero.
La aprobación del CETA no ha sido fácil. Los francófonos del sur de Bélgica, una minoría dentro de su país y que responden por menos de un 1 por ciento de los 508 millones de consumidores de la Unión Europea que probablemente serán afectados por el CETA, manifestaron objeciones que paralizaron el acuerdo hasta un desbloqueo el jueves, confirmado por votos de parlamentos regionales el viernes.
"Tenemos 20 negociaciones en curso y hoy estamos fijando los estándares globales que la Unión Europea y la Comisión Europea quieren que acepten otros", comentó el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker.
Los partidarios aseguran que el CETA aumentará el comercio entre Canadá y la Unión Europea en un 20 por ciento y que impulsará a la economía del bloque en 12.000 millones de euros al año y a la de Canadá en 12.000 millones de dólares canadienses (9.000 millones de dólares estadounidenses).
Unos millones que revierten únicamente en la empresa privada, y no solo eso, sino que es está la que gana poder frente a las instituciones públicas, liberalizando la mayoría de servicios públicos, y no solo eso, permitiendo que las empresas demanden a los gobiernos si no consiguen los beneficios proyectados en la gestión de estos servicios, antes públicos, además de bloquear la reversión de los mismos, o dicho de otro modo, el servicio público europeo que pase a manos privadas, no podrá ser devuelto a las administraciones públicas.
“Los acuerdos de libre comercio suponen prosperidad y desarrollo” celebraba el presidente del Consejo Europeo Donald Tusk durante la rueda de prensa. Pero la realidad es otra, y a día de hoy, tal y como muestra el informe de 2014 de la UNCTAD de Naciones Unidas, no existe ningún estudio que evidencie el beneficio de los tratados de libre comercio para la población media, más bien han supuesto la desregulación de sectores públicos, mayor desigualdad y pérdida de empleo. El informe de la universidad de TUFTS proyecta la pérdida de 200.000 empleos con la entrada del CETA.
Sin embargo, para los firmantes, representantes elegidos democráticamente pero al servicio de las multinacionales, la firma está considerada un triunfo. Para Canadá, el acuerdo es importante para reducir la dependencia a su vecino Estados Unidos como mercado para sus exportaciones.
Para la Unión Europea, es el primer pacto comercial con un país del G-7 y un éxito arrebatado de una derrota casi segura en momentos en que la credibilidad del bloque ha sido golpeada por la votación en Reino Unido en junio de abandonar la Unión Europea tras 43 años en ella.
Mientras el CETA era rubricado con toda la pompa de quienes firman un acuerdo de espaldas a sus ciudadanos, cientos de manifestantes protagonizaban una sonora protesta en Bruselas, que terminaría con la detención de al menos 16 personas tras cargas policiales.

