Este avance político e ideológico de la ultraderecha provoca que el sentido común de la gente siga modificándose en favor de sus intereses. Haciendo tolerable lo que antes era marginal o despreciable: el racismo, la xenofobia, el machismo o el clasismo. Y esto tiene diferentes traducciones en la población.
La primera y más evidente es que la derecha cada vez se radicaliza más escorando el centro ideológico hacia la extrema derecha. Y, como explicó Manu Levin, hay medios, como Euronews, que ya no hablan ni siquiera de “extrema derecha” para referirse a ultraderechistas como Meloni o Marine Le Pen, sino simplemente de “derecha”. Y lo mismo ocurre con el Partido Popular Europeo, el cual es tildado de “centroderecha”.
Otro síntoma, muchas veces invisibilizado e infravalorado, del avance cultural de los neofascistas, tiene que ver con que las gentes de lo que podríamos denominar “la familia de la izquierda”, están utilizando sus marcos discursivos y sus gafas ideológicas para analizar la realidad.
Un ejemplo muy claro y reciente de ello fue cuando, tras las elecciones europeas, Juanlu de Paolis, guionista del programa de La Sexta Salvados, habló en X de “mucha inmigración”, relacionándola con un “problema de convivencia ciudadana”.
Algo que llevan haciendo de forma incansable representantes mediáticos de la ultraderecha como Roma Gallardo, Infovlogger, Jiménez Losantos, Vito Quiles, Cake Minuesa o el también amigo de los nazis, Roberto Vaquero.
También, otro ejemplo muy significativo del avance cultural de la internacional neofascista, fue cuando el rapero Kase 0. en una entrevista en El Español, en la que se declaró “antifascista”, “anarquista” y “antimonárquico”, utilizó el mismo marco discursivo de “las paguitas” de la extrema derecha y la derecha. Realizando afirmaciones como “Tú lo que quieres es que venga papá Estado y te dé una paguita por no trabajar” o “Prefieres la paguita que buscar un trabajo”. No obstante, hay que decir que posteriormente matizó sus palabras y aseguró que desconocía que el concepto de “paguitas” era comúnmente utilizado por la ultraderecha.
Hacer caja difundiendo odio y bulos en las redes
La ultraderecha ha puesto mucho dinero y muchos recursos en potenciarse en las redes sociales y, en la actualidad. Instagram, Youtube, X, Tik Tok, etc, están plagadas de contenido favorable a sus postulados. Algo que se traduce en que los llamados “monetizadores de odio” como Roma Gallardo, Un Tío Blanco Hetero, Libertad y lo que Surja, Infovlogger o El Xokas, no paren de hacer caja a base de propagar bulos y relatos manipulados para defender el terrorismo machista, el racismo, el neoliberalismo y todo tipo de postulados reaccionarios.
Esta realidad, por un lado, demuestra la debilidad que actualmente tiene la izquierda a la hora de dar la batalla cultural en las redes sociales y, en segundo lugar, evidencia que las redes sociales son en la actualidad un terreno de batalla crucial en la batalla política y en la disputa por un relato político con capacidad de materialización. Sirva como ejemplo que el agitador ultraderechista Alvise ha hecho su campaña principalmente en redes sociales al margen de los medios convencionales y en Instagram está cerca de tener un millón de seguidores.
La criminalización de la okupación, la falsa dictadura venezolana, el blanqueamiento del Estado sionista de Israel, poner en la diana a los mal llamados “menas”, afirmar y propagar el bulo de que “Irene Montero suelta violadores”, los discursos para legitimar el terrorismo machista, el negacionismo del cambio climatico, la crítica a la “terrible” Agenda 2030… han sido los temas principales que la ultraderecha ha puesto en la agenda política y mediática.
Medios convencionales al servicio de la reacción
No obstante, a pesar de que las redes sociales son cruciales a la hora de dar la batalla cultural y propagar estos bulos (especialmente entre la gente joven) reaccionarios, no podemos pasar por alto el papel que han jugado los medios convencionales a la hora de normalizar a la internacional ultraderechista. Y esta normalización no solo ha venido por parte de medios de extrema derecha y de derechas como Es Radio, 13 TV, La Cope o Antena 3, sino por medios supuestamente progresistas que se han dedicado a blanquear y a dar altavoz a cloaqueros como Eduardo Inda o Alfonso Rojo.
El caso más escandaloso ha sido el de La Sexta. Ya que, como ha quedado demostrado tras la filtración por parte de Crónica Libre de los audios del Ferrerasgate, su director, Ferreras, es uno de los mayores protectores del ultraderechista y cloaquero Eduardo Inda (se refiere a él como “su hermano”) y como se puede escuchar en dichos audios, difundió información de las cloacas para perjudicar a Podemos y, en concreto, a Pablo Iglesias a sabiendas de que era falsa.
Asimismo, tampoco Ana Pastor, la periodista de La Sexta y fundadora de Newtral, una empresa para verificar bulos, ha desmentido a Ok Diario ni un solo bulo. Recordemos que, tal y como demostró un estudio de Greenpeace, Ok Diario es uno de los medios que más bulos propaga, seguido de Mediterráneo Digital y Libertad Digital.
E incluso el periodista fichaje de Ana Pastor para La Sexta, Emilio Domenech, conocido como Nanisimo, llegó a celebrar la detención a golpes del periodista Julian Assange en la embajada de Ecuador en Londres. También, este presentador de La Sexta, llegó a comparar al agitador ultraderechista Alvise con el periodista Fonsi Loaiza: “No hay diferencias entre Fonsi y Alvise. Propagadores de bulos que, incluso cuando sentenciados, solo buscan aprovecharse de sus seguidores polarizados pidiendo dinero”, afirmó.
Por ello, es necesario no solo poner la lupa en la derecha y la extrema derecha mediática, sino en aquellos que desde supuestas posiciones progresistas hablan la lengua de la reacción y están contaminando y permitiendo dar altavoz a los representantes de esta internacional ultraderechista. Una internacional que, lejos de lo que muchos afirman, sí que tiene un programa político: volver a la caverna y arrasar con todo lo que huela mínimamente a democracia. En Aragón llevamos ya meses viendo cómo el PP y Vox llevan ese programa político a la práctica, recortando en partidas sociales, haciendo apología del racismo o humillando a las víctimas del franquismo y derogando la Ley de Memoria Democrática.
“Un padre agrede a Jaime Caravaca”
Como todo el mundo sabe ya, hace unas semanas uno de los nazis más violentos de todo el Estado español agredió brutalmente al cómico Jaime Caravaca por unos comentarios en X que buscaban ofender al nazi.
Pese a ello, la mayoría de los medios compraron el marco mental que impusieron la noche de la agresión los nazis en redes y los cloaqueros como Javier Negre, pretendiendo hacer creer a la opinión pública que Alberto Pugilato es solo “un padre de familia que defiende a sus hijos” y que por eso se defendió (agrediendo) ante los “terribles e intolerables comentarios pedófilos” que había realizado el cómico Jaime Caravaca en X. Haciendo pasar de ese modo a la víctima como agresor y al agresor como víctima.
Y para que este marco discursivo funcionase, los medios reprodujeron la mentira de que Caravaca había realizado un comentario “pedófilo” sobre el hijo de 3 meses del nazi Pugilato. Algo totalmente falso, ya que hablaba de su hijo cuando fuera mayor.
De esta manera, la mayoría de los medios que trataron esta agresión nazi, sin ningún tipo de vergüenza o escrúpulo, se referían a Pugilato como un “padre” y no como un “nazi”.
Algo similar ocurría cuando, tras el asesinato de Borja Villacís, el hermano de la política de Ciudadanos Begoña Villacís, muchos medios se referían a él como “el hermano” de Begoña Villacís y no como “un nazi”, que es lo que era.
Y no olvidemos tampoco que, pese a que Fonsi Loaiza, el periodista y autor de obras como ‘Florentino Pérez: el poder del palco’, había alertado de que estaba en el punto de mira de los nazis, los medios convencionales invisibiliza dicha amenaza así como que sufrió un ataque ultraderechista en la Feria del Libro de Madrid este pasado fin de semana.
Luego, muchos de esos grandes medios se preguntan cómo es posible que la ultraderecha siga creciendo y que proliferen tipos como Milei, Modi, Ayuso o Alvise.
Una ultraderecha disfrazada de outsider
Pese a que, siguiendo a Poulantzas, “el fascismo no constituye una simple forma diferencial del Estado capitalista en su estado de desarrollo”, sino que “constituye una forma de Estado, una forma de régimen ‘límite’ del Estado capitalista”, la internacional ultraderechista ha sido capaz de presentarse ante cada vez más gente como los antisistemas, los outsiders, los que luchan contra las injusticias, los perdedores, las víctimas.
De tal forma que sus tesis autoritarias, xenófobas, punitivistas, islamófobas, antifeministas, negacionistas del cambio climático son presentadas como una contestación de protesta de los de abajo contra las “élites corruptas y globalistas”.
El nivel de manipulación es tal, que incluso los millonarios youtubers que deciden irse a Andorra para no pagar impuestos, son pintados como “héroes” por “luchar contra el infierno fiscal del Estado español.” Como señala Miguel Urbán en su reciente libro ‘Trumpismos: Neoliberales y autoritarios’, “la revuelta antifiscal es también uno de los símbolos genéticos de este voto de protesta, que se levanta contra el papel del ‘Estado usurero y corrupto’”.
Un hecho muy representativo de este relato, que intenta hacer pasar a la ultraderecha como outsider, lo vemos cuando el agitador y propagador de bulos Alvise utiliza como símbolo de su partido a la máscara de V de Vendetta cuando, precisamente, Alan Moore, su creador, se declara anarquista y ese personaje lucha contra el capitalismo y la tiranía fascista. Hoy V de Vendetta se cargaría a los Alvise, Milei, Modi, Bukele, Ayuso o Trump de turno.
El fantasma de la extrema derecha como táctica política
Mientras la extrema derecha avanza posiciones en todos los frentes, la izquierda es incapaz de plantar cara y de materializar proyectos políticos emancipadores.
De hecho, una de las principales estrategias del presidente Pedro Sánchez para ganar elecciones consiste en sacar el espantapájaros de “que viene la extrema derecha”, mientras tiene a Grande Marlaska de ministro de Interior y no hace nada por combatir a la extrema derecha que ya opera dentro del Estado y a nivel mediático.
Asimismo, y para dividir a la derecha y a la ultraderecha, está prefiriendo “dar oxígeno a Alvise mencionándolo reiteradamente en el pleno del Congreso y en mítines”, tal y como denunció el periodista Fernando Garea.
Algo muy peligroso y de una enorme irresponsabilidad, ya que, como también le recordó Garea, “el socialista Mitterrand hinchó a Jean Marie Le Pen para dividir a la derecha en Francia” y “hoy los herederos de aquel Le Pen ganan las elecciones en Francia.”
Una izquierda que juega con las cartas del enemigo
Si nos fijamos en el Estado español, pese a que se ha convertido en algo habitual el lawfare y la represión a la izquierda (los jóvenes de Altsasu, los 6 de Zaragoza, Mónica Oltra, los ocho de Yesa, Vicky Rosell, Pablo Iglesias, Irene Montero, Tsunami Democrátic, Alberto Cubero, sindicatos como el SAT,…) y pese a que el propio Pedro Sánchez denunció en una primera carta a la ciudadanía la “campaña de acoso” de la ultraderecha y en una segunda advirtió de "una cuidada coreografía diseñada por la coalición ultraderechista para intentar condicionar las elecciones y debilitar al Gobierno", desde el Gobierno no se está tomando ninguna medida de calado para plantar cara a la máquina del fango y a la internacional reaccionaria.
Y no solo eso, sino que pese a existir fórmulas para renovar sin el PP el Consejo General del Poder Judicial, cuyo mandato lleva caducado más de 2.000 días, el PSOE se niega a hacerlo, y sigue prefiriendo realizar dicha renovación con un PP cada vez más voxizado.
Recientemente, otra vez, el PSOE ha vuelto a insistir al PP en renovar el CPGJ: “Si no se desbloquea, el Gobierno, junto con el Congreso, dará una respuesta a este atropello institucional", ha afirmado.
Y algo similar ocurrió con la (no) reforma laboral de Yolanda Díaz. Una reforma (aplaudida por FAES) que se prefirió llevar a cabo con la patronal en vez de con las fuerzas de izquierdas. Recordemos que la derogación íntegra de la reforma laboral del PP se plasmó en un acuerdo suscrito por EH Bildu con el PSOE y Unidas Podemos.
Poniendo de manifiesto un escenario en donde, mientras la derecha avanza por una autopista sin peajes, la izquierda pide permiso hasta para conducir por una carretera secundaria sin asfaltar. De aquella Transición en donde los fascistas fueron perdonados, la monarquía se legitimó y cierta izquierda institucional se domesticó, estos lodos.
Relato mata dato
La sociedad que se está configurando está rompiendo con muchas premisas que teníamos normalizadas y estamos en un punto en donde el relato mata al dato (pese al imprescindible trabajo que hace el bueno de Julián Macias para desmontar todo tipo de bulos). Donde el terraplanismo o la negación de la pandemia del COVID pueden pasar como una opinión más, como “hechos alternativos”. Y, como no, ahí está Iker Jiménez echando un capote a todas esas teorías funcionales a la ultraderecha.
Hoy en día a la derecha le pesa ya muy poco la corrupción a nivel mediático. De hecho, están a un paso de defenderla abiertamente y si Ayuso está donde está es, principalmente, por el respaldo mediático que tiene y el relato mediático que se hace de ella.
Este escenario en donde la derecha avanza posiciones utilizando los bulos, el lawfare y asaltando la propia democracia y, en cambio, cierta izquierda sigue intentando llegar a consensos con ellos, no molestar demasiado y jugar con sus propias reglas de juego es, precisamente, el cianuro que está matando a la izquierda.
Aullar con los lobos para que no te devoren lo único que hace es retrasar la masacre, pero la izquierda que asume los marcos políticos y culturales de la derecha y la extrema derecha es solo un cadáver putrefacto que aún no sabe que lo es.
Por ello, es necesario que, al igual que el enemigo, la batalla sea dada de nuevo en todos los frentes. Es necesario agendar política y mediáticamente nuestros temas y hablar de banca pública, de una Europa sin la OTAN y de alianzas al margen de la misma, de feminismos, del genocidio en Palestina, aplicar el artículo 128 de la Constitución y nacionalizar los sectores estratégicos de la economía, de derogar la ley racista de extranjería, de república y de repúblicas, de la autodeterminación de los pueblos, de una ley de medios que garanticen unas reglas de juego iguales para todas y que impida que medios que difunden bulos (como Ok Diario, Hoy Aragón, 13TV, esRadio) reciban pasta de las instituciones, de la abolición de la tauromaquia, de lucha de clases, de okupación, etc.
Y esto puede parecer algo evidente, pero no lo es cuando vemos que ciertas izquierdas (en un ecosistema donde lo mediático y las redes sociales tienen cada vez mayor peso en la influencia política) se han limitado a ser meras gestoras de lo público dejando la batalla cultural a un lado. Algo que no han dudado en aprovechar los ultras como Milei o Bukele. De hecho, en la actualidad, mientras cierta izquierda continúa en el día de la marmota hablando desde posiciones muy institucionales, la ultraderecha es quien de verdad está apostando por la batalla cultural, por conquistar las calles y por disfrazarse de antisistema.
Por todo ello, o la izquierda da la batalla cultural e ideológica en todos los frentes y deja de luchar por “un pedazo miserable de la tarta” y “según sus normas”, tal y como denuncia el filósofo del punk, Evaristo Páramos, en su último disco de Tropa do Carallo, o el fantasma de “que viene la ultraderecha” se hará realidad. Y, entonces, que nadie dude de que irán a por todo.


