La sociedad río (reilusionemos la sociedad; Italia y la Europa de hoy)

Quizás nos asuste más por la cercanía, por idioma, por idiosincrasia, por conocimiento mutuo, lo italiano en España, no nos es ajeno. De ahí que el que, una coalición de derechas en la que, además hay que calificar de “moderado” a Berlusconi y no como el más radical a Salvini, nos ponga los pelos de punta y cómo se suele decir, vayamos poniendo las barbas a remojar, dado su éxito electoral. Apenas es un consuelo que los gobiernos en Italia duren tan poco. Tampoco lo es el que el margen de maniobra que tienen los ejecutivos, sobre todo con programas …

Enrique Gómez, presidente de ARMHA. Foto: Iker G. Izagirre (AraInfo)

Quizás nos asuste más por la cercanía, por idioma, por idiosincrasia, por conocimiento mutuo, lo italiano en España, no nos es ajeno.

De ahí que el que, una coalición de derechas en la que, además hay que calificar de “moderado” a Berlusconi y no como el más radical a Salvini, nos ponga los pelos de punta y cómo se suele decir, vayamos poniendo las barbas a remojar, dado su éxito electoral.

Apenas es un consuelo que los gobiernos en Italia duren tan poco. Tampoco lo es el que el margen de maniobra que tienen los ejecutivos, sobre todo con programas tan maximalistas, sea muy estrecho.

En el fondo, lo más preocupante es que la tendencia filofascista ya está llegando a los países, teóricamente, con democracias más avanzadas.

Italia fue la cuna del fascismo y pareció que, tras la guerra, el proceso de liberación de las estructuras persistentes de ese Estado “orgánico” y su herencia ideológica no pesaba tanto en esa sociedad italiana como lo había hecho en la alemana, que sí fue aunque parcialmente, desnazificada.

Por eso no creíamos que pudieran volver a tropezar de nuevo en una “piedra” histórica de tales dimensiones; de ahí nuestro pasmo, nuestra decepción.

Pero, no os engañemos, las estructuras estatales sirven cada vez más para salvaguardar, en la medida de la profundización democrática de cada uno de ellos, algunos de los derechos fundamentales definitorios de ese “primer mundo” creado, sobre todo, tras la Segunda Guerra Mundial. Económicamente, ya antes de la llamada globalización, está el verdadero poder en manos de grandes corporaciones multinacionales que influyen y se sirven de los Estados para imponer sus intereses.

Precisamente esa incapacidad de la política para modificar la realidad de la vida cotidiana de la ciudadanía, dándole más derechos efectivos y, por tanto, más felicidad, es lo que hace que el personal huya de la política y se refugie en soluciones milagrosas, ofrecidas a la carta, por oportunistas políticos como los fascistas de todo el mundo.

Se vota con las vísceras, igual que en las compras compulsivas: primero escoges lo que te apetece, el producto que te seduce, y luego lo justificas racionalmente cómo puedes.

Si estás descontento y hay una opción política “nueva” que te señala a los “culpables” de esa insatisfacción y te asegura que los va a erradicar como, desgraciadamente, la cultura política de la ciudadanía es, en general, escasa, estas opciones pescan muy bien en estos ríos que ellos se esfuerzan tanto en revolver.

Pero, detengámonos un momento, he dicho “nueva” y ¿qué tiene de nuevo el fascismo, el conservadurismo más rancio y radical?; ustedes, con un mínimo de conocimiento histórico y político tendrán una respuesta muy clara: nada,

Fijémonos en algo que es evidente y que tenemos cierta tendencia a olvidar: la sociedad de hoy es nueva, sus componentes no son los que conocimos en nuestra juventud y en nuestra historia, aunque sea la más reciente. Entre los votantes de hoy muchos son jóvenes poco experimentados y descontentos, mucha gente tienen muy pocos o ningún conocimiento de historia, otros muchos están desencantados tras años de lucha por cambiar las cosas: resultado una gran abstención y un buen botín para esos vendedores de vieja basura en envoltorios nuevos.

Sí es preocupante.

En Alemania, parece que están vacunados, pero tienen grupos de extrema derecha en el ejército y atentados a casas de migrantes.

Que vamos a decir de Hungría que, como en otros países del antiguo bloque Soviética, han oscilado pendularmente hasta el fascismo, aprovechando tanto las herramientas democráticas como las de la estructura dictatorial anterior.

Polonia y su deriva totalitaria rompiendo con la estructura de reparto de poderes del liberalismo. Francia y sus extremistas de derechas que, ahora, copan zonas tradicionales de voto comunista. Austria y sus políticas económicas ultraliberales y también neofascistas.

Inglaterra, saliéndose del camino de la unificación europea, que tanto ilusionó tras la guerra mundial.

¡Pero si nos están fallando hasta los suecos!

El panorama es realmente desolador, pero nos muestra que la desilusión con la política es un mal generalizado en el mundo. No he querido salir de las fronteras europeas, en este pequeño comentario, por no perder más la perspectiva.

Esto debería hacernos pensar.

La revolución no es tan difícil, ha habido algunas muy grandes y otras más pequeñas, pero no se puede estudiar la Historia sin citarlas.

Quizás lo que habría que hacer es retomar las riendas del devenir histórico, que vuelva a ser relevante la política, ilusionar a la sociedad; cómo hacerlo: es, seguramente, tan difícil como revertir el cambio climático (que quizás hoy ya sea inevitable), pero, como en este caso, el colapso político posiblemente ya esté en ciernes, ver qué estrategias (que no sean las viejas mentiras fascistas que hoy parece que vuelven a triunfar) planteamos para movilizar e ilusionar a la nueva ciudadanía.

Nos va al futuro en ello y está en nuestras manos su grado de brillantez o distopía.

No es momento para la desilusión o la desidia, sino para la movilización y la potenciación de la ciudadanía; y eso ha de pasar, sobre todo, por la acción los más jóvenes, ellos seguro que, al final, verán claro por dónde debe ir el futuro de la mayoría y tomarán las decisiones colectivas que hoy parecen tan imposibles.

Habrá que arrimar el hombro como siempre, al final, se ha hecho.

Pongámonos a ello.

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