La realidad tras el ruido

Al ruido de la pasada campaña electoral, pletórico de irracionalidad, falsedad  e insultos, le ha sucedido el actual estruendo que generan los pactos de gobernabilidad que recorren de izquierda a derecha todas las opciones habidas y por haber. La irracionalidad, la mentira y el  oportunismo oscilan entre la búsqueda de la centralidad que pide Felipe González junto a la gran patronal hasta una complicada aunque verosímil, repetición de gobierno progresista amparado, eso sí, por los herederos de Jordi Pujol que no saben como salir del atolladero de Waterloo en el que se metieron para escamotear la corrupción de la derecha financiera catalana. En un …

Al ruido de la pasada campaña electoral, pletórico de irracionalidad, falsedad  e insultos, le ha sucedido el actual estruendo que generan los pactos de gobernabilidad que recorren de izquierda a derecha todas las opciones habidas y por haber.

La irracionalidad, la mentira y el  oportunismo oscilan entre la búsqueda de la centralidad que pide Felipe González junto a la gran patronal hasta una complicada aunque verosímil, repetición de gobierno progresista amparado, eso sí, por los herederos de Jordi Pujol que no saben como salir del atolladero de Waterloo en el que se metieron para escamotear la corrupción de la derecha financiera catalana.

En un nuevo capitulo del esperpento político habitual de la España cañí, quienes se llenaron la boca de eslóganes guerra civilistas, como si España fuera presa del terror rojo de 1917, ahora no saben qué colutorio utilizar para que su aliento vuelva a ser respirable y todo eso en medio de una población que parece disfrutar de este teatro de títeres de cachiporra en que unos y otros han convertido la convivencia patria.

Eso si, pese a todos los apocalipsis y desgracias nacionales que penden sobre nuestras cabezas, este verano, la mayor parte de los españoles solo luchan por un trozo donde poner su toalla en unas playas atestadas o de encontrar la casa de turismo rural más auténtica, aislada y encantadora en donde realizar sus deportes de riesgo y aventura con que llenar la tarjeta de memoria de sus móviles. Parece que de momento, las siete plagas de Egipto, a tenor de lo que cuentan los que saben de economía, no se van a cebar sobre los españoles que, por otro lado tampoco  parecen hacer mucho caso de lo que verdaderamente sucede a su alrededor. El patriotismo de eslogan y banderita de reloj es poco compatible con el análisis, la crítica y la ética social.

El lujo y los placeres de su escapada de las rutinas del calendario les impiden ver (como las nubes oscuras de una canción antigua) las condiciones de trabajo de quienes les atienden/sirven en las playas o de la especulación inmobiliaria que desde la primera edición del Festival de Benidorm ha edificado, año tras año, paella tras paella y sangría tras sangría, la destrucción del litoral español.

Por lo que se ve el atracón de sol, siesta y placeres diversos, también nubla la visión de las actuaciones de gestión medioambiental con que la fascio-derecha está condenando al Mar Menor, al Parque de Doñana o al mismísimo Delta del Ebro en beneficio de un modelo agroganadero depredador, sometido a las leyes de un mercado experto en encontrar el camino del mayor beneficio en el menor tiempo y al que gobiernos de todo signo apoyan sin miramientos. Para acomodarse a la aparentemente creciente preocupación medioambiental los mercados sabrán arbitrar una buena campaña publicitaria pintada de verde que, con otros pocos eslóganes bien elegidos y algún rostro famoso (preferentemente femenino), mantendrán entretenida a la población hasta las próximas vacaciones. Felices y contentos por echar sus cartones al contenedor azul y los plásticos al amarillo, el veraneante tornará a representar su papel en el espectáculo de fantasía en el que cree ser libre porque puede cambiarse de compañía de seguro y contratar una alarma para su casa con que prevenir una ocupación imposible e incluso un seguro privado que le convencerá de su pertenencia a la clase media y con ello la lógica de votar a los representantes de la casta dominante.

Mientras tanto, el verano con sus serpientes informativas y los tropezones de felicidad y melocotón que flotan en la sangría familiar, el Instituto Aragonés de Gestión Ambiental (INAGA) que no conoce las vacaciones, sigue firmando Declaraciones de Impacto Ambiental favorables a la expansión de una discutidas energías renovables y los proyectos de Forestalia de interconexiones con Francia que garantizan la continuidad del reinado del oligopolio de la energía ante el que administraciones interesadas y desinteresadas poblaciones no hacen sino transigir de buena o mala gana. La realidad, la verdadera realidad mercantil y especulativa, sigue su trayecto por encima de las sombrillas y de los pactos de gobernabilidad con los que, sea cual sea su resultado, siempre gana la banca.

La penúltima hazaña del INAGA ha sido su anuncio del proceso de participación pública legalmente previsto, por el que se inicia el trámite de información al pública del procedimiento de evaluación de impacto ambiental y Autorización Ambiental Integrada de una la planta de producción de "hidrógeno verde" a ubicar en el término municipal de El Burgo de Ebro, muy cerca de la capital del Ebro. Según leen los ecologistas, que tampoco pueden veranear, este proyecto lejos de avanzar hacia un necesario (aunque discutible) almacenamiento energético para el tremendo despliegue de energía solar y eólica que está poniendo en peligro la biodiversidad de la estepa zaragozana, esta destinado a nutrir de materia prima a la factoría (Evonik Peroxide Spain) de peróxido de hidrógeno de La Zaida, una de las mayores de Europa de este producto vital en la industria química. El proyecto ya tiene la declaración de Interés General para Aragón, porque el gobierno saliente tampoco coge vacaciones y tal como ha hecho con la unión de estaciones destinada a destruir Canal Roya, continua en el servicio debido a las oligarquías a quienes representan para que pase lo que pase, nada cambie en este mundo en permanente cambio. Alguien podría pensar que estamos ante un ejemplo más de cómo el dinero público se convierte en financiación discreta de las empresas transnacionales que saben nadar entre las aguas de las apariencias mientras los españoles duermen la siesta. Un larga siesta de siglos.

Tiempo habrá de distinguir si Sumar es lo que pretende ser o estamos ante la edición actualizada de la penúltima reunificación de la izquierda heredera directa de Caín o si la voluntad manifiesta de asumir los postulados de la ecología social y las exigencias de la Emergencia Climática es una certeza u otro más de los escamoteos ideológicos de que ha hecho gala el clan Errejón. En cualquier caso, pase lo que pase y sea cual sea el resultado de pactos y componendas, sería deseable que la ciudadanía, la gente normal que no ha perdido la idea de la ética como eje de comportamiento, no perdiera la visión de la realidad, de una realidad que es mucho menos simplista que lo que nos cuentan los guionistas de la realidad.

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