La pobreza es fea

Poca gente quiere poner ni un momento un ojo sobre la pobreza, menos aún sobre las causas que llevan a la exclusión social y la precariedad. No digamos ya cuando las circunstancias que producen la pobreza dependen de parámetros como ser una persona refugiada, una sin papeles, una minoría convertida en indeseable por actitudes racistas que nadie explicita, como sucede con el pueblo gitano. Así pues se acude a la solución más simple y se decide que la pobreza hace feo, sobre todo si está cerca de nuestra casa. Es más cómodo ignorar la precariedad, en una sociedad donde el …

Poca gente quiere poner ni un momento un ojo sobre la pobreza, menos aún sobre las causas que llevan a la exclusión social y la precariedad.
No digamos ya cuando las circunstancias que producen la pobreza dependen de parámetros como ser una persona refugiada, una sin papeles, una minoría convertida en indeseable por actitudes racistas que nadie explicita, como sucede con el pueblo gitano.

Así pues se acude a la solución más simple y se decide que la pobreza hace feo, sobre todo si está cerca de nuestra casa.

Es más cómodo ignorar la precariedad, en una sociedad donde el absoluto egoísmo puntúa al alza.

Si damos una vuelta más de tuerca y deshumanizamos a los que padecen la pobreza, tenemos sentadas una de las bases del pensamiento ultraderechista y ese egoísmo potenciado cosecha votos.

Había un problema y lo hemos solucionado, dijo el infame Aznar cuando deportó a varios grupos de africanos narcotizados.

Esta frase bien la podríamos aplicar al desalojo de núcleos chabolistas o, más recientemente, a la expulsión de los sintecho que acampaban en el zaragozano parque Bruil.

Se ve a personas que viven en condiciones infrahumanas como un estorbo. Personas que pueden llegar a tener un trabajo pero no pueden pagar un alquiler y por ello duermen a la intemperie, o que son víctimas de adicciones o, simplemente, han pasado una mala racha.

Si algo hemos aprendido en experiencias como el programa Con la casa en la mochila de Radio Topo, que trata el sinhogarismo, es que vivir en la calle le puede pasar a cualquiera. Que el techo precario o un mísero vivac al aire libre es la realidad diaria de millones de personas en el mundo.

No hace ni unos meses que en el mismo Zaragoza se desalojaban dos espacios dedicados a alquilar habitaciones en locales a decenas de personas sin las mínimas condiciones tan siquiera higiénicas.

También sabemos de muchos trabajadores agrícolas que viven en las mismas explotaciones en cobertizos o casetas de campo.

No hay que ir a lugares remotos para ver esto. Las personas sin techo del parque Bruil estaban en pleno centro de Zaragoza y ese era el problema: que eran visibles.

La pobreza es demasiado fea hasta para contarla. Por eso preferimos mirar para otro lado, ver a quienes la sufren como un estorbo y que alguien nos quite el problema de encima.


Acratorial semanal del programa El Acratador de Radio Topo, radio libre de Zaragoza.

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