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La pasividad de la izquierda blanca autóctona y su racismo pasivo

| 7 noviembre, 2019 11.11

He estado pensando si escribir sobre el debate del día 4 o no, pero al final he decidido que haría bien en escribir mis sentimientos (y los de mucha gente migrante racializada) sobre lo visto en la televisión.

Mientras la mayoría de los españoles se reían y ponían toda su atención en el adoquín de Rivera y el lapsus de «mamada» de Pablo Iglesias, yo me indignaba y me retorcía en el sofá con la difusión de odio, racismo, xenofobia y las más groseras mentiras sobre inmigración, sobre los estereotipos sobre los hombres migrantes, y las mentiras sobre menores migrantes en redes públicas en horario de máxima audiencia ante la pasividad de la llamada «izquierda”.

Para la mayoría de las personas migrantes racializadas no es nada nuevo este racismo velado de la izquierda blanca autóctona, dado que estamos hartos de presenciarlo, de sufrirlo y denunciarlo constantemente. La izquierda blanca autóctona se agarra al mantra del «yo no soy racista» para escudarse de su racismo y echar la culpa del racismo en los «fascistas», cuando ellos son tanto o más racistas que los fascistas y cometen uno de los que, para mí, es el peor racismo existente, que es el racismo velado o el racismo de la pasividad.

¡Qué va! ¡Yo soy de izquierdas! Los de izquierdas no somos racistas pero si veo a alguien difuminando odio en público yo me callo, me agarro al mantra «yo no soy racista» y evito hacer antirracismo radical, que para mí es el única forma de antirracismo válida y eficaz, porque hablar de inmigrantes y de racismo no da votos.

¡Qué va! ¡Yo soy de izquierdas! Los de izquierdas no somos racistas pero si mis amigos del alma son racistas contigo, y tú denuncias su racismo, yo voy a echar piedras sobre ti, que has sufrido racismo.  Voy a hablar sobre lo mala persona que eres, voy a intentar callarte por denunciar las violencias que mis amigos te hicieron sufrir, porque como mis amigos son blancos, autóctonos  y de izquierdas, ellos son personas maravillosas conmigo que también soy blanco, autóctono y de izquierdas, y por esto ellos no son racistas. Tú eres el que estás loco por denunciar racismo, ves racismo en todo, no es para tanto que alguien te mande «cortar el pelo porque parece estropajo», o «decir que te aclares la piel con crema porque tiene color a mierda», entre otras cosas.

¡Qué va! ¡Yo soy de izquierdas! Los de izquierdas no somos racistas pero si te quejas de que utilizamos el método de negreros para usar negros como tokens en nuestras campañas políticas, yo te expulso de todo porque ves racismo en todo, porque al fin de cuentas ¿qué racismo hay de malo en buscar a un negro para utilizarlo sólo para la foto, o en el acto de partido sólo para la campaña electoral, porque sólo nos interesa para esto, y luego si él habla, ya no le queremos porque no queremos ni negros ni inmigrantes que piensan y tienen voz?

¡Qué va! ¡Yo soy de izquierdas! Los de izquierdas no somos racistas pero nos encanta atacar a militantes antirracistas en twitter para decirles que dividen la lucha, y el racismo no existe, que todo es sólo cuestión  de aparofobia, sin analizar ni entender nada sobre racismo estructural, y que el racismo es una cuestión de poder y que sólo por nacer blanco, ya se nace con privilegios.

¡Qué va! ¡Yo soy de izquierdas! Los de izquierdas no somos racistas pero nos encanta llamar al activista antirracista, racista reverso cuando el antirracista nos intenta demostrar cómo de racistas somos en nuestro día a día,  y mientras nos beneficiamos del racismo estructural.

Los de izquierdas os creéis que no sois racistas, pero cada vez que defendéis a vuestros amiguitos racistas diciendo que son buenas personas, obviando que una persona por ser buena contigo, siendo blanco y autóctono también, no significa que es bueno con todos, y es perfectamente compatible para un racista ser buena persona con alguien que él considera de los suyos.  También sois racistas.

Cada vez que utilizáis a una persona negra, o racializada, sólo para la foto o evento de campaña, sin ni siquiera tener en cuenta lo que esta persona realmente piensa, también sois racistas.

Sois racistas cada vez que llamáis a Ignacio Garriga «el negro de vox», y lo infantilizáis al máximo, como si el no supiera lo que hace y lo que quiere.

Sois racistas cada vez que decís que somos exagerados, que os hacemos sentir mal por contar la violencia que sufrimos, que nos intentáis callar, y minimizáis nuestras violencias.

Sois asquerosamente racistas cada vez que en una discusión, sea en internet o personalmente con una persona migrante racializada, cuyo idioma materno no es el castellano, u otra lengua autóctona, mandáis a la persona aprender a hablar, escribir o ir a un especialista para quitar su acento.

Sois racistas cuando utilizáis a un amigo, familiar racializado, compañero de trabajo, un hijo, el marido o el perro negro que tenéis en casa para decir que no sois racistas, y así evitar el revisar vuestro racismo.

Si no haríais lo mismo con una mujer que os cuenta la violencia que sufre de su marido, ¿por qué nos lo hacéis a nosotros, cuando os contamos la violencia racista que sufrimos?

Ser de izquierdas no os quita lo racista, porque ser racista engloba mucho más que pegar a un negro, o persona racializada, en la calle, o decir que se vayan a sus países.  La omisión y la pasividad es para mí la peor forma de violencia racista, porque es una de las formas de racismo más cobarde que hay. Si has callado ante cualquiera de éstas u otras agresiones, eres un racista pasivo.

Si no eres antirracista radical, sólo eres un racista inclusivo, y un racista pasivo más*.

El racismo no es algo exclusivo de los fascistas, es también algo de la izquierda, de las feministas, de los veganos, de pobres y ricos, y excusarse de ello para negar lo evidente no os hace mejor persona.

*Racista inclusivo es todo aquel de la izquierda blanca autóctona, al que le encanta vestir la camisa de «Welcome Refugees», o de estar compartiendo cosas proinmigrante en redes sociales, los que adoran decir el «todos somos humanos», «todos somos iguales», que quieren que vengan los inmigrantes a trabajar recogiendo frutas, limpiando sus casas o en cualquier trabajo que ellos juzgan indignos, o de gente que «no tiene estudios» porque es esto lo que venden, pero no quieren ni aceptan nunca el antirracismo de verdad, lo que hacemos las personas negras, gitanas, moras y migrantes racializados que somos iguales que a ellos, y sabemos nuestros derechos, estamos empoderados, tenemos voz.

7 noviembre, 2019

Autor/Autora

Afroactivista, Afrofemenista


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