Alrededor de las 15.00 horas la participación de las elecciones en Catalunya que debían ser las más concurridas de la historia, se situaba 0,4% por debajo de los últimos comicios de 2015. Todo puede cambiar a partir de la tarde cuando muchas personas empiecen a salir de sus trabajos; por que sí, otra rareza: Mariano Rajoy decretó unas elecciones en día laborable.
Más allá de estos datos, la mañana del 21 de diciembre ha transcurrido con normalidad. En gran parte, esa normalidad se debe al fuerte dispositivo de apoderados y apoderadas de partidos políticos que han decidido monitorizar los colegios electorales para evitar fraudes de cualquier signo.
Según comentan miembros de las mesas electorales de un colegio de la Eixample, a primera hora de la mañana, había colas que se extendían hasta la calle. “Mucha gente ha querido venir hacia las 8.00, cuando aún no se habían abierto los colegios electorales, para recordar la madrugada del 1 de octubre”, dice una apoderada de la CUP.
En Catalunya estas elecciones tienen dos lecturas muy distintas en función del partido político al que se vote. Para las y los independentistas se trata de unos comicios ilegítimos que validan la represión policial sufrida durante el referéndum de octubre. Para los unionistas son la forma de reestablecer la legalidad.
“Mucha gente viene con miedo”, comenta un apoderado de la CUP en el colegio Ramón Llull de la Eixample que vio algunas de las agresiones más duras acometidas por la Policía Nacional el 1 de octubre. “Unas señoras mayores incluso han venido temprano para votar rápido e irse para casa”, añade. Lo cierto es que entre el independentismo hay cierto malestar después de todas las imposiciones que ha llevado a cabo la Junta Electoral. Los lazos amarillos, por ejemplo, un símbolo que en los últimos meses era casi omnipresente en cualquier moviliación pública son menos frecuentes hoy. “Por ley, solo los apoderados y los miembros de las mesas tenemos prohibido lucir símbolos”, señala una militante de ERC. Sin embargo, en los tiempos de la postverdad ha corrido el bulo de que quienes lleven el lazo amarillo no podrán votar. Es por ello por lo que en muchos casos ese diminuto trozo de tela ha sido sustituido por bufandas o chaquetas amarillas a modo de protesta.
Marta se hizo famosa el 1 de octubre cuando las imágenes de la brutal agresión que sufrió en el colegio Pau Claris dieron la vuelta al mundo; esas imágenes de un policía lanzándola por una esclera y fracturándole los dedos de la mano. Hoy se encuentra en el colegio Ramón Llull, es apoderada de la CUP, y afirma que está viviendo una sensación agridulce. Tiene la sensación de volver al “escenario del crimen”, pero dice que es importante votar.
La suya es una historia aterradora: “Eduardo Inda publicó todos mis datos personales en internet y desde entonces recibo amenazas de muerte, escraches en la puerta de mi casa, más de 5.000 mensajes por WhatsApp insultándome... Mi familia también ha sido amenazada. Estos meses han sido muy duros e incluso durante un tiempo no pude ir sola por la calle.” Los medios españolistas se cebaron con esta joven catalana llegando a afirmar que mentía. Hoy, según me cuenta, su calvario sigue. “Una apoderada de Ciudadanos me ha empezado a hacer fotos con su móvil y me ha increpado por estar en un colegio electoral afirmando que estoy provocando”.
Para muchas personas como Marta estas elecciones son una humillación tras los sucesos del 1 de octubre. Más cuando tienen que escuchar frases como la pronunciada por el candidato del Partido Popular Xavier García Albiol después de votar: “los que están en la cárcel y en el extranjero se lo merecen”. Sin embargo, esas mismas personas que hoy votan en signo independentista, piensan que el único modo de avanzar hacia la constitución de la República catalana es éste: volviendo a las urnas.
Algo queda claro: para el independentismo estas son las elecciones del miedo. Si gana la opción autodeterminista volverán los 1 de octubre, si pierde el recorte de la autonomía. Hablar de participaciones después de entender eso es un sinsentido. Las cartas están marcadas.

