La importancia de las palabras: populismo

Varias veces he comentado por escrito la vital importancia que tiene la utilización correcta de palabras, vocablos o epítetos. Mucho más cuando ese empleo es sesgado y lo utilizan en provecho de algo, o alguien, nuestros medios informativos de masas que, dicho sea de paso, de nuestros, de la mayoría, no tienen casi nada. Siempre he recordado al tiempo la fábula de Esopo respecto a la bondad y maldad de la lengua. Hace años se empezó a poner de moda el epíteto “populista”. Los citados medios, conscientes de todo su sesgo peyorativo, lo utilizaron tanto para calificar partidos políticos que …

Carlos Tundidor

Varias veces he comentado por escrito la vital importancia que tiene la utilización correcta de palabras, vocablos o epítetos. Mucho más cuando ese empleo es sesgado y lo utilizan en provecho de algo, o alguien, nuestros medios informativos de masas que, dicho sea de paso, de nuestros, de la mayoría, no tienen casi nada. Siempre he recordado al tiempo la fábula de Esopo respecto a la bondad y maldad de la lengua.

Hace años se empezó a poner de moda el epíteto “populista”. Los citados medios, conscientes de todo su sesgo peyorativo, lo utilizaron tanto para calificar partidos políticos que correspondían a la extrema derecha (recuerdo que la Liga italiana o la representada por Trump fueron de las primeras enfrentadas con el mismo apelativo) a partidos ascendentes de ideología progresista de izquierdas, como Podemos.

La maldad informativa continuó y continúa. Por supuesto, esos medios no tienen nada de objetivos, nada, ni siquiera un triste octavo apellido. Pero en ese tema, como en muchos otros, funciona el dicho de “adjetiva que algo queda”, parafraseando al universal “calumnia…”. En nuestro país, la inmensa mayoría de los medios con los que desayunamos, comemos y cenamos son de ese cariz: un cuarto poder sesgado de manera escandalosa hacia la defensa de los valores y privilegios de pocos individuos, entre otros los dueños de esa mayoría de medios informativos. ¡Casualidad!

No es de extrañar, entonces, que abunden y abusen del epíteto “populista” y se lo rebocen por igual al partido de extrema derecha, cercano a la filosofía nazi, que a un partido de izquierdas como es Unidas Podemos, que es constitucional —uno de los pocos que se saben y defienden los principales artículos de la Constitución—, democrático, activo defensor del feminismo, de la agenda para la defensa del clima, de los derechos sociales, de los políticos, pacifista y activista contra la pérdida de derechos humanos.

En cambio, a idéntica distancia del fiel de una balanza que no significa equilibrio, mucho menos justicia, aparece ese partido filo-nazi que puja por romper el estado autonómico, que es antidemocrático, racista y machista, que está en contra de todas las grandes leyes que afectan a la persona, que miente con descaro cuando habla del golpe de estado de Franco o que se esconde detrás de banderas para defender la corrupción real de las gentes que lo jalean y lo financian.

Y esto no es casual. Tampoco es una práctica ingenua. Ni siquiera es un uso ignorante del vocablo. Esa prensa, esos medios televisivos que califican de “populistas” tanto a Unidas Podemos como a Vox, mienten descaradamente, falsean la verdad, la falsearon desde el inicio, para colocar en semejante pie de igualdad a las dos formaciones y motejarlas a ambas de extremistas. Cuando llaman “populista” a Trump, a Putin, la Liga o a Vox y, acto seguido, señalan de igual manera a formaciones como Unidas Podemos, pretenden que el imaginario popular los mantenga a todos como últimos extremos, con toda la carga peyorativa que esto supone para un ciudadano, que solo consume pedazos masticados de “caja tonta”.

No hace falta reconvenirles, lo saben mejor que nadie. Saben que una formación de extrema derecha no debería ser calificada del mismo modo que una de izquierdas democrática y que defiende los valores más necesarios para las libertades y el bienestar de la mayoría de ciudadanos. Lo saben de sobra y, por lo tanto, no es necesario advertirles, llamarles la atención, pedirles un poco de “por favor”. Falsear la información es su objetivo, su modus vivendi hoy día. Así que no voy a reprender a dichos medios como si fuera una equivocación o una utilización mal aprendida. Simplemente, les digo que, como con Esopo, están utilizando la lengua, las palabras, de la peor manera posible: para vilipendiar, insultar o embaucar al que se informa, para mentir, adulterar o falsear la noticia, para burlarse, incluso, del que lee, escucha o contempla maldad tan manifiesta como la del etiquetado similar a formaciones que son la antítesis democrática. Una que no lo es y conforme tenga más poder lo disimulará menos. La otra, ha hecho gala durante su existencia de la defensa a ultranza de los valores de la democracia.

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