¿La IA ha pasado de moda? La Inteligencia Biológica Sintética está aquí

Con la cuarta revolución industrial marcada por la computación, se empezó a hablar en ámbitos científicos de “integrar células vivas en sistemas informáticos”. El pasado 3 de marzo, se presentó en el Congreso Mundial de Móviles en Barcelona el primer aparato que “fusiona la biología con la computación tradicional”: el CL1.

Células cerebrales humanas reales, que viven en un chip de silicio entre un conjunto de electrodos de entrada/salida | Imagen: Cortical Labs

El cerebro humano ha sido siempre un enigma e inspiración para el propio ser humano. Siempre hemos considerado la “materia gris”, o el cerebro, como el órgano más complejo donde se procesan los pensamientos, las ideas, los datos, los sentimientos y todos los procesos lógicos que hacen del ser humano lo que es.

El ordenador tradicional, que evolucionó y se convirtió en el pequeño aparato que llevamos en la mano, incluso para leer este artículo, contiene un elemento esencial: el procesador. El procesador está compuesto por “circuitos lógicos” hechos a base de un material semiconductor, el silicio. Ahora, con los modelos de inteligencia artificial, se utilizan microchips de silicio con otros minerales raros como el galio, platino y germanio, con un diseño más complejo para realizar procesos más complejos en un tiempo más corto.

Pero el gasto energético de los modelos de IA es enorme, y tiene consecuencias medioambientales insostenibles. El consumo energético anual de la empresa OpenAI, que opera el modelo ChatGPT, es similar al gasto anual total de países como Irlanda, Portugal o Chequia. Según la Agencia Internacional de Energía, el consumo energético de los centros de datos de las grandes empresas como Google y Microsoft llegará en 2026 al nivel de consumo energético total de Japón.

¿Cómo funciona el ordenador biológico CL1?

La empresa emergente australiana Cortical Labs, fundada por el médico Hon Weng Chong, presentó el CL1, el primer ordenador que funciona con una “red neuronal fluida”. Dicha red es el equivalente del procesador tradicional, y se compone de neuronas creadas en el laboratorio a partir de sangre humana y de ratones. Luego, las neuronas se colocan en una matriz plana de electrodos. Posteriormente, se coloca la matriz en una “unidad rectangular de soporte vital”, es decir, se rodea con un fluido nutritivo para mantener las neuronas vivas. El resultado de conectar estos tres pasos con hardware de silicio nos da lo que Cortical Labs llamó: “Sistema Operativo de Inteligencia Biológica”.

En un reportaje detallado en newatlas.com, el Dr. Hon dijo que el CL1 es fruto de seis años de investigación científica. El mismo Hon fue coautor de dos artículos de investigación publicados en la prestigiosa revista científica Neuron: el primero, publicado en 2007, estudia cómo las neuronas de los gatos se adaptan según la estimulación visual; y el segundo, en 2022, presenta los resultados de colocar neuronas creadas en el laboratorio a partir de células madre humanas y de gatos en una consola del videojuego Pong, donde las neuronas mostraron capacidad de crecimiento y aprendizaje. Este trabajo de investigación científica ha sido el precursor del sistema de Inteligencia Biológica Sintética (conocido como SBI en inglés) que fusiona células vivas con equipamiento físico dentro del CL1. El consumo energético del CL1 varía entre 850 y 1000 vatios solamente. Algo prometedor en términos de sostenibilidad energética y medioambiental.

Preguntas éticas

¿De dónde vienen las células humanas vivas utilizadas en el SBI? ¿El CL1 contiene un cerebro humano consciente? Esas son preguntas auténticas, a propósito de las cuales el Técnico Científico Jefe de Cortical Labs, Brett Kagan, dijo: “Se utilizan células madre pluripotentes inducidas, recogidas de muestras de sangre. Esas células son de hecho como páginas en blanco, que podemos convertir en diferentes tipos de células”. Después, se realiza un modelado biológico, o “reconfiguración” de las mismas para que sean como neuronas en forma y funcionamiento.

Kagan afirmó que dichas neuronas, a base de sangre humana y de ratones, no forman un cerebro, porque “el cerebro no es un órgano de alta pureza. El cerebro tiene muchos tipos diferentes de células y muchas diferentes conexiones. Por lo tanto, si tenemos un tipo de células, solo habrá un tipo de células, y eso no es un cerebro”.

Kagan añadió a newatlas.com que están trabajando sobre un “cerebro mínimo viable” que consiste esencialmente en una bioingeniería del SBI. En otras palabras, introducir pocos tipos de células, es decir, menos variedad de células que la que tiene el cerebro humano, para formar un conjunto parecido al cerebro humano, con el fin de efectuar operaciones controlables y matizadas, como estudiar el proceso del Alzheimer, la epilepsia, o cómo funcionan los psicótropos.

Uso y perspectivas futuras

El Dr. Hon, fundador de Cortical Labs, dijo que el objetivo de esta labor es “democratizar esa tecnología y hacerla accesible”. En el sitio web de Cortical Labs se puede crear una cuenta para acceder a una nube donde se puede programar unidades del CL1 para el uso de I+D y de medicina y farmacología.

El CL1 se pondrá a la venta en la segunda mitad de este año a un precio de 35.000 dólares por unidad. La realidad no funciona con determinismo; la puerta de las probabilidades está abierta tanto a lo positivo como a lo negativo. En la estructura socioeconómica actual, las inversiones llevan la ciencia y la tecnología al servicio del capital. Pero dentro de esta realidad, hemos visto y aprovechado logros hechos por personas que, al fin y al cabo, son producto de la materia que forma la realidad. ¿No es pertinente pensar que la inteligencia biológica podría sorprendernos positivamente porque también está formada de la misma materia?

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