La guía del "buen neoliberal", o cómo cargarse los servicios públicos en tres rápidas fases

La guía del "buen neoliberal" dice que lo primero que debe hacerse con los servicios públicos es deteriorarlos. Si te pierdes en esa hoja de ruta, puedes copiar lo que haga Almeida, tal y como practica Jorge Azcón. Comenzamos dejando a los servicios públicos bajo mínimos, sin cubrir bajas ni jubilaciones, multiplicando las tareas, dificultando el ejercicio de los derechos del personal, fabricando “instrucciones” opacas, oscuras, contradictorias, minusvalorando el trabajo de los profesionales y poniéndolos de parapeto ante la razonable indignación ciudadana que sufre ese deterioro. En paralelo, hay que transmitir a la ciudadanía dos cosas: que el servicio funciona …

La guía del "buen neoliberal" dice que lo primero que debe hacerse con los servicios públicos es deteriorarlos. Si te pierdes en esa hoja de ruta, puedes copiar lo que haga Almeida, tal y como practica Jorge Azcón. Comenzamos dejando a los servicios públicos bajo mínimos, sin cubrir bajas ni jubilaciones, multiplicando las tareas, dificultando el ejercicio de los derechos del personal, fabricando “instrucciones” opacas, oscuras, contradictorias, minusvalorando el trabajo de los profesionales y poniéndolos de parapeto ante la razonable indignación ciudadana que sufre ese deterioro.

En paralelo, hay que transmitir a la ciudadanía dos cosas: que el servicio funciona fatal y que los empleados públicos no dejan de quejarse sin motivo con la que está cayendo.

Cuando ya tienes un buen caldo de cultivo, a los usuarios enfadados y a las trabajadoras desesperadas por intentar “hacer más con menos” despliegas la fase dos. Alegas dificultades para contratar personal, ya sea por las oposiciones, los interinos, las limitaciones impuestas por el perverso gobierno central o la triste y precaria situación de las arcas públicas. Y, ¡tachán! Aquí es cuando planteas que una solución temporal puede ser reasignar los menguantes efectivos en algunos espacios, y encargar la gestión a alguna empresa privada para que se ocupe del resto.

Es el conocido procedimiento de colaboración público privada y que supone, en la mayoría de los casos, pagar más por un servicio peor. A pesar de las escasas condiciones de los trabajadores y trabajadoras de las contratas públicas, el precio aumenta considerablemente porque al coste de personal hay que sumar el 14% de beneficio industrial y el 21% de IVA. Es decir, un 35% más, así de partida.

¡Pues ya está hecho el negocio! Esta guía neoliberal funciona.

Los resultados los puedes ver en tu día a día: cuando acudas este verano a una piscina municipal, cuando tus hijos e hijas vuelvan al colegio y veas a los oficiales de mantenimiento intentar hacer su trabajo sobrepasados, cuando quieras hacer una gestión en un Centro Cívico, o si necesitas acudir a los Servicios Sociales municipales...

Piensa que cuando el servicio lo presta un empleado o empleada pública significa que tus impuestos nutren el salario digno de un vecino que se preocupa por su trabajo y que se implica en el barrio. Si eso sigue el camino de la fantástica guía neoliberal, el dinero público entrará en la dirección de prestar el servicio al menor coste posible, pagando lo menos posible a los empelados y tratando de encontrar el mayor beneficio económico, olvidando cualquier función de servicio público.

Definitivamente, esta guía neoliberal funciona. Azcón lo sabe y, adivina, es lo que está haciendo en el Ayuntamiento de Zaragoza.

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