La gaita de boto, así no

Lo de este pasado 23 de abril en la Aljafería fue una vergüenza. El acto institucional del Día de Aragón ha dejado claro que, para el gobierno de Azcón, Aragón es solo un decorado folclórico que se desempolva para posar ante las cámaras cuando conviene y se ningunea cuando no.

24 abril, 2025. 13:45
Foto: AraInfo

Lo que debía ser una celebración de nuestra identidad como Pueblo ha sido convertido en un desfile de sumisión, con banda sonora incluida: nuestra gaita de boto tocando el himno del estado.

¿Desde cuándo la gaita de boto, instrumento tradicional aragonés, símbolo de resistencia cultural, se presta para rendir honores al Estado en el día que se conmemora a Aragón? ¿Qué clase de miseria simbólica es esta?

No es un error inocente. Es una estrategia perfectamente calculada: apropiarse de nuestros símbolos, vaciarlos de contenido, y convertirlos en herramientas para reforzar el relato españolista de siempre. En “aquel tiempo” lo hicieron con la jota, la auténtica y natural, y lo están haciendo ahora con otro de nuestros símbolos demostrando una nostalgia de esos momentos pasados. Un relato que niega a Aragón como sujeto político, que desprecia nuestra lengua, nuestra cultura, nuestra historia, y que solo nos reconoce como un pueblo asimilado, obediente, útil y utilizado.

Y ahí estaba Azcón, presidente de un país que le queda grande porque nunca ha creído en él. Un político al servicio de Madrid, que se pone la camiseta de Aragón cuando conviene, pero no duda en recortar, privatizar y menospreciar lo público. Este 23 de abril ha quedado claro: para esta derecha, Aragón no es una tierra que se defiende, es un escaparate que se alquila.

La Banda de Gaitas de Boto Aragonesas, que califica su intervención como un “éxito histórico” y un “triunfo colectivo”. Afirman haber emocionado con su música y reivindicado el futuro del instrumento. Pero ¿qué futuro puede construirse sobre la renuncia al sentido profundo de lo que somos? ¿Qué victoria es esa que implica poner nuestra tradición al servicio de un relato que siempre ha negado la singularidad de Aragón? Es legítimo que una agrupación se sienta orgullosa de su trayectoria, pero resulta doloroso ver cómo ese orgullo se convierte en autocelebración vacía cuando se olvida el contexto, el día, el lugar y el significado. Si algo ha quedado claro este 23 de abril es que no todo lo que suena representa, y no todo lo que emociona dignifica.

Resulta indignante que haya sido nuestra propia Banda de Gaitas de Boto Aragonesas los que hayan accedido a participar en esta farsa, pero no es odio, es rabia, decepción y una profunda tristeza. Porque ese instrumento no nació para esto. Porque esa música no es sumisa. Porque esa tradición no puede ser utilizada para rendir pleitesía a un Estado que, año tras año margina a esta tierra.

La gaita de boto no se toca para eso. No se toca para homenajear a quienes nos ningunean. No se toca para reforzar un relato que invisibiliza a Aragón. No se toca para servir de cortina de humo a un gobierno aragonés que se arrastra.

Así que no, así no. Tañer la gaita de boto va mucho más allá de hacer música: significa literalmente abrazar siglos de tradición e identidad. Ponerla al servicio de quien quiere borrar todo eso constituye, sin duda, una traición a lo que somos, igual que a nuestra tierra.

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