La Fundación José Antonio Labordeta ha recuperado para su proyección el cortometraje de Manuel Labordeta “Comandos”, una curiosa y divertida película realizada en 1955, de 16 minutos de duración, grabada en 9,5 milímetros, y que está interpretada por sus hermanos José Antonio (tenía 20 años y era la primera película en la que intervenía) y Donato.
Se visionará por primera vez en la Fundación este jueves, 21 de mayo, a las 20.00 horas, con posterior debate en el que intervendrán Sara y Ana Labordeta (hija y sobrina, respectivamente), Luis Alegre, Manuel Moreno, presidente del Club Cine Mundo, y Julio Sánchez, fotógrafo y cineasta aragonés.
La entrada será pública y gratuita para el visionado hasta completar aforo. “Comandos” se quedará en la Fundación como parte del contenido expositivo y podrá ser vista por el público a petición del mismo, siempre en horario de apertura de la Fundación (de lunes a viernes de 10.30 a 13.30 horas. Los jueves también por la tarde, de 17.30 a 20.30 horas. Entrada a 1 euro).
“Comandos” es una película al más puro estilo del cine mudo, un tanto surrealista y muy divertida, en la línea de Charles Chaplin y Jacques Tati, dos de los ídolos de Manuel Labordeta. Rodada en los olivares de Belchite, no está exenta de mensaje ideológico. En ella aparece un individuo en un burro, con boina calada y vestido con guerrera, que simboliza a Franco, y recrea sus andanzas con un comando de olivareros.
Manuel Labordeta Subías (Zaragoza, 1923-1983) era químico farmacéutico, pero dada la prematura muerte de su padre, se entregó de lleno a la docencia y fue director del Colegio de Santo Tomás de Aquino, propiedad de la familia. Hombre de gran inquietud humanística, vivió con pasión la cultura, tanto literaria como plástica, aunque destacó, especialmente, en la cinematográfica. Miembro de diversas tertulias, algunas tan renombradas como la del café “Niké”, a la que, junto con su hermano Miguel, dotó de aquel espíritu mágico y libre de sus debates. Su dedicación al cine amateur fue muy importante y significativa, ya que fue una de las grandes figuras del cine independiente aragonés, no sólo como actor y realizador sino como impulsor de otros proyectos y como miembro activo de tertulias cinematográficas.
Como director, hay en sus películas ironía, una gran imaginación y un sentido popular de la imagen cinematográfica, especialmente en el cine de su primera etapa, como la película “Comandos”. Toda su filmografía se caracteriza por sus imágenes frescas, desenfadadas y aventureras. Como actor, poseía una amplia gama de recursos que le hacían pasar con facilidad de la vía cómica al más patético de los dramatismos. Trabajó en películas de José Luis Pomarón, Fernando Manrique, Luis Pellegero y Miguel Vidal. Su filme más ambicioso -realizado por Miguel Vidal- quedó inconcluso con su muerte. Se trataba de una adaptación de “La rosa de papel” de Valle Inclán.
"Manuel Labordeta era una persona rebosante de humanidad y afecto, por ello fue tan importante su labor como miembro e impulsor de grupos cinematográficos", apuntan desde la Fundación. Formado como tantos otros zaragozanos en las filas del pionero Cine Club de Zaragoza, entró en contacto con otros aficionados al cine amateur como Sesé, Madre, Vidal, Pellegero, Marqueta, los hermanos Sánchez Millán y, de un modo especial, con Pomarón. Con el Club Cine Mundo, junto a Moreno, Cerced, Rodero y otros, realizó una intensa labor de promoción del cine amateur que culminó con la celebración de varios concursos estatales. Posteriormente, esta actividad quedaría ampliada a nivel internacional con los intercambios de Pau.
Además de su trabajo como realizador y actor, fue muy importante su labor como impulsor y colaborador de los filmes que realizaron sus amigos. Aquel grupo de cineastas continuaron en una tertulia presidida por Gil Marraco y que, posteriormente, Manuel bautizó como “Gran Orden Aragonesa de la Imagen”, con un entusiasmo que dio sus frutos. Tras la muerte de Manuel pasó a llamarse Tertulia Cinematográfica Aragonesa.
Rosendo Tello define así, con gran acierto, su figura: “Manuel Labordeta era uno de esos espíritus más abiertos, simpáticos y finos que he conocido., Sus sentidos interiores –puro oído musical, visión cinematográfica, tacto exquisito de actor- parecían ofrecerse a los demás en saludable imaginación plástica. Su doble condición de hombre de ciencias y de letras, hicieron de él un humanista completo”.




