La fuerza emergente de las de abajo

05 abril, 2014. 20:17

Mariano Alfonso Marchas 22MLa campaña de las Marchas de la Dignidad ha supuesto el colofón a meses de preparación y de movilizaciones cotidianas -que siguen hoy en esa misma dinámica- de los movimientos sociales más activos contra el programa de empobrecimiento masivo de los de abajo. Este proceso, que ha sido una constante desde el estallido de la burbuja inmobiliaria, está tomando nuevos e interesantes rasgos. Su impacto y masividad, se explican por varias razones: la combinación de malestar social e indignación presentes en amplios sectores populares y de trabajadores duramente golpeados por la crisis y las políticas de austeridad, la negativa e incapacidad de las direcciones sindicales de CCOO/UGT, a encabezar una movilización contundente y sostenida contra las políticas de austeridad y el gobierno que las aplica, la credibilidad de las organizaciones que han aparecido como principales impulsoras de la iniciativa.

La constituyente marea de los de abajo avanza acelerando su paso, cohesionándose, interiorizando cual es el programa de emergencia social que necesitaría un gobierno de emergencia con amplios poderes y va ganado espacios en una situación de gran dinamismo social. Este movimiento está dando muchas más esperanzas que IU, PODEMOS, EQUO o la CHA.

Mucha gente ha percibido, con razón, que en un sistema tan blindado como el de la Transición es muy difícil, desde el punto de vista electoral/institucional, hacer mucho más que estar en el congreso para avisar de las jugarretas de los de arriba (no nos representan).

Pensar, como muchos ‘tribunos’ se empeñan, que un gobierno de los de abajo es posible, con impago de la deuda incluido, sin un proceso de una nueva constitución o de ruptura del marco de la actual, es de una ingenuidad palmaria. Con el articulo 135 reformado, la desregulación financiera, el papel del BCE y la falta de soberanía política/económica, o desbordamos este régimen o cualquier intento de gobierno de izquierdas o de Unidad Popular o del sentido común (según la forzada denominación de moda) entraría en una dinámica de ‘entre guerras’, en la que a cada avance timorato o intento de avance de una izquierda ‘responsable’ y atrapada en su ‘unidad’[1], chocaría con la disciplina presupuestaria de la troika y sin instrumentos para enfrentarla.

Ese gobierno, tendría muchas opciones para saldarse con un fracaso ante su incapacidad para satisfacer las necesidades reales de la gente, cada vez más urgentes, cada vez mas inasumibles. Podría abrir la puerta de la extrema derecha con un discurso y una práctica, hasta cierto punto, mimetizados a los movimientos sociales de los de abajo, pero haciendo énfasis en la preferencia nacional, o de opciones intermedias, como gobiernos más autoritarios y más virados a la derecha -todavía- que el actual, el caso de Francia (donde el gobierno está apoyado tácitamente por el PCF) nos muestra esta dinámica. Pero hay muchos ejemplos históricos, empezando por la propia experiencia del fracaso de los frentes populares en los años 30.

Esto, naturalmente, no quiere decir que no haya que trabajar por unir fuerzas, incluso electorales, pero -en mi opinión- todo este último año demuestra que el proceso social (y su empoderamiento) va muy por delante del político, en todo lo que se refiere a cuestionamiento de impugnación de la ‘democracia realmente existente’. Lo que debe de hacerse es seguir repolitizando, profundizando ese cauce de unidad por abajo, demostrar que hay soluciones posibles (como las PAHs), haciendo didáctica (en su doble vertiente de enseñar y aprender), trasladando los debates abiertos en los movimientos sociales a un plano político (es decir, qué instrumentos usamos para conseguir nuestros objetivos) y sin asustarse de que las consecuencias lógicas de ese debate vayan mucho más allá que recoger una serie de reivindicaciones sociales. Unas reivindicaciones que son papel mojado si no se cambian las relaciones sociales en torno a la propiedad, el valor de uso, lo común y una economía democrática al servicio de las necesidades sociales.

Pensar que solo eso, recogido en un programa, juntando a los partidos que hay y los que están por venir va a servir de algo, es volver a los errores del pasado: llevamos haciendo eso más de 30 años. Para eso hay que acumular poder en las calles y en otras instancias y hacen falta todavía unas cuantas marchas como las del 22M para erosionar realmente la cohesión de la alianza social gobernante, que esta maltrecha sí, pero conserva intactos muchos resortes de poder y un sistema burocratizado y elitista blindado en su favor.

Hace falta gente con flexibilidad táctica en lo concreto y sin vértigos en los objetivos estratégicos, y que no se plantee como única solución un mito de una derrota del pasado (el frente popular). La situación es completamente nueva y hay que dar nuevas soluciones, rebuscar en el almacén de nuestras prácticas y éxitos. Debemos aprender de las derrotas, venimos de varias muy gordas, pero sin anquilosarnos en mitos como el de (solo) la unidad.

Si todos esos esfuerzos por tejer unidades políticas, haciendo encajes de bolillos entre egos, partidos, candidaturas y partidillos, se hicieran, por ejemplo, para situar la cuestión de la deuda en un debate central (actualizado, formativo y continuo de los movimientos sociales), en esfuerzos por debatir que instrumentos políticos necesitamos para eso (no solo partidos, no solo candidaturas y al margen de las propias elecciones) creo que ahora estaríamos más lejos. Pero no merece la pena lamentarse.

El sábado 22 de marzo hubo un gran acontecimiento en el que todas hemos participado, todos comprendimos correctamente su importancia desde el principio. Este proceso le mete un nuevo acelerón a la cohesión de una nueva y esperanzadora corriente militante que se define en el antagonismo real y no en discursos escolásticos pre-elaborados, que busca soluciones posibles, que anuda lo posible en la dinámica de lo necesario. Los de abajo dan un nuevo salto en conciencia y desborde de los actores clásicos de este régimen. No es el último, no es el definitivo, no lo estropeemos colocando a los que deberían estar luchando por acumular poder de cambio real en debates cainitas electorales precipitados, sobreactuando las cuitas de quienes viven sumergidos en las heladas aguas del cálculo electoral. El estado del bienestar no volverá y ninguno de sus actores recobrara su antiguo protagonismo por mucho que algunos se peguen a las pancartas y pugnen por las fotos y el protagonismo.

[Nota 1: y habría que ver si un buen resultado de IU y otras organizaciones daría para armar un gobierno sin el PSOE. Con el PSOE obviamente el impago de la deuda no sería asumido. Sin el PSOE tampoco está garantizado a la vista de que la mayoría de la dirección de IU no lo tiene claro, tampoco los sectores más populistas/mediáticos de PODEMOS.]

Mariano Alfonso, militante de Izquierda Anticapitalista Aragón | Para AraInfo

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