La estupidez humana

Se llamaba Aylan Kurdi y tenía 3 años, fue asesinado. Su hermano, Galip, de 5 años también fue asesinado. Y así, cientos de miles de personas han sido asesinadas en los últimos años por la estupidez humana. Una estupidez que no deja de crecer.

La foto del pequeño Aylan ha dado la vuelta al mundo sacudiendo conciencias como si de un tsunami se tratara. Por supuesto, esto solo ha ocurrido en las personas que todavía tienen conciencia, porque existen otras que carecen de ella. Cuanto más poder ostentan, menos conciencia tienen. Es una relación que suele cumplirse en la mayoría de las ocasiones.

Albert Einstein dijo: "Hay dos cosas que son infinitas: el universo y la estupidez humana, y de la primera no estoy muy seguro". La estupidez humana es así, caprichosa. Hay quien sostiene que es el poder, el dinero, la avaricia lo que corrompe absolutamente todo, pero al final, tarde o temprano todo se convierte en estupidez. Porque el ser humano es así, estúpido. No es capaz de ver lo que está ocurriendo a su alrededor, y se empeña una y otra vez en repetir la historia. Es un error fatal.

Durante más de 4 años de guerra, en Siria han muerto más de 220.000 personas. 11 millones han abandonado su hogar en busca de paz y una nueva vida. Muchos de ellos con destino a Europa. En Hungría, en Macedonia, en Turquía y en tantos otros lugares, cientos de miles de refugiados que huyen del horror tratan de salvar la vida a costa de perder la dignidad como ser humano. Pero parece ser que Europa tiene otras prioridades, entre ellas empobrecer a los Estados más vulnerables e interponer barreras a las personas que buscan un futuro y una vida, así a secas. Ante la mayor crisis de refugiados desde la II Guerra Mundial, la vieja Europa mira para otro lado. No les interesa. Estupidez en grado máximo.

Mientras tanto, la opinión pública se centra en la conveniencia o no de la publicación de la foto de Aylan. ¿Está dentro de la ética periodística publicar este tipo de fotos? ¿Añaden información a la ya de por sí delicada situación? ¿O simplemente se busca el sensacionalismo? Bajo mi punto de vista, este tipo de debates justo en el momento en el que nos encontramos no conduce a nada. ¿No sería más conveniente que nos ocupáramos de solucionar el problema que tenemos delante de nosotros? ¿No son suficientes las miles de muertes que se suceden día tras día en nuestro planeta? ¿O acaso nos hemos vuelto ya insensibles ante semejante drama? Una vez más la estupidez humana nos muestra la realidad.

Al mismo tiempo, los dirigentes políticos tratan de escurrir el bulto, y de nuevo, como no podía ser de otra manera, los ciudadanos de a pie se organizan para de algún modo minimizar la tragedia. En muchas ciudades de España, por cierto ninguna de ellas gobernada por el partido del Gobierno, se ha lanzado una campaña para la ayuda y acogida de refugiados. Madrid, Barcelona, Zaragoza, Valencia, Córdoba, Pamplona, Málaga, A Coruña y alguna más, son ciudades que han recogido el testigo de esa llamada de auxilio y se han puesto manos a la obra. Dicen que se llama solidaridad, pero no todos la conocen. Lo que sí conocen, y muy de cerca, es la estupidez humana. De hecho, como dijo Einstein, no tiene límites.

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