El Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido es un Patrimonio de la Humanidad declarado por la UNESCO mundialmente conocido, recibiendo en torno a 600.000 visitantes al año, lo que supone un reto para su gestión, no siendo inhabitual -en momentos puntuales- la limitación de accesos por completarse el aforo admisible.
Este verano unos individuos, ignotos para la mayoría, pero, parece ser, mínimamente conocidos por haber participado en programas televisivos de ínfima calidad y peor gusto, cometieron una serie de infracciones en el interior del más que centenario y archiconocido Parque Nacional iniciándose, lógicamente, un procedimiento sancionador contra ellos.
Sorprendidos y petulantes, alegaron que habían dejado dinero en el entorno (como si pagar por adquirir bienes y utilizar servicios diera derecho a incumplir las normas) y dado a conocer ese espacio (ignorando que es, desde mucho antes de su dañina visita, uno de los puntos fuertes de la oferta de turismo natural de Europa).
Y recordé a Narciso, cuya jactancia fue castigada por Némesis haciendo que se enamorara de sí mismo. Contemplándose en las aguas, se arrojó a ellas muriendo ahogado en la búsqueda de su propia belleza. En su memoria, nació una hermosa flor que seguimos llamando narciso.
Quizá, esos individuos debieran ser más humildes y menos ignorantes y recordar la eterna lección que nos evoca el mito, pues de su reflejo en el río Arazas no queda sino el recuerdo de lo atrevida que es la estulticia.






