Lo que está ocurriendo con la Escuela Oficial de Idiomas (EOI) de Tarazona no es un caso aislado ni nuevo, pero sí especialmente sangrante. El alumnado del centro ha decidido escribir una carta a modo de denuncia y grito de auxilio ante el abandono institucional que amenaza con dejar sin este servicio público a toda la comarca.
“Escucho a dirigentes políticos hablar de las virtudes de vivir en zonas poco tensionadas, de las políticas para la España vaciada... y me pregunto: ¿de verdad se vive bien aquí, o vivimos en una burbuja de autoengaño que ya ha estallado?”, explican en su misiva.
La EOI de Tarazona lleva desde finales de octubre sin personal administrativo. Debería haber dos personas trabajando en ese puesto, pero no hay nadie. Y no es por falta de necesidad ni por falta de interés: hay personas dispuestas a cubrir esa plaza, pero no pueden hacerlo. ¿Por qué? Porque la Dirección General de Función Pública del Gobierno de Aragón se niega a sacar la plaza como llamamiento extraordinario, lo que ampliaría las posibilidades de cobertura. Mientras tanto, se siguen publicando los llamamientos ordinarios mes tras mes, sin éxito. Es una pescadilla que se muerde la cola y, lo que es peor, que sigue dejando a la escuela en una situación crítica. “Desde función pública se escudan en que nadie la quiere, pero lo cierto es que el procedimiento actual impide que quienes sí estarían dispuestos a asumir el puesto puedan hacerlo”, sostienen los alumnos y las alumnas.
Pero el abandono no es solo administrativo. El Departamento de Educación del Gobierno de Aragón tampoco ha estado a la altura. En lugar de proteger a su personal, lo ha dejado solo ante la sobrecarga. Docentes y equipos directivos se ven obligados a asumir tareas que no les corresponden, supliendo la ausencia de personal esencial, sin recursos ni reconocimiento. No se puede hablar de calidad educativa mientras se deja a quienes la sostienen desamparados, agotados y al borde del colapso.
La consecuencia inmediata es clara: en julio arranca el periodo de matrícula para el próximo curso, y al no haber personal administrativo, será la dirección del centro quien asuma esa tarea si queremos que la escuela siga existiendo. Un parche más, otra carga más sobre quien ya sostiene como puede un centro que debería estar apoyado por la administración, no resistiendo pese a ella. Los y las estudiantes son tajantes: “Somos conscientes del privilegio que supone disponer de servicios como este, y precisamente por eso no vamos a permitir que nos los arrebaten”.
Lo que está pasando en Tarazona roza el surrealismo, como dicen sus estudiantes. Pero también es un ejemplo clarísimo de cómo se desmonta lo público: no con un hachazo, sino con una lenta y premeditada inanición. Primero se deja de cubrir una plaza, luego se eterniza la solución, más tarde se responsabiliza a quien sufre el problema y se normaliza lo que jamás debería ser normal: que un servicio esencial para el derecho a la educación esté a punto de desaparecer por pura desidia institucional.
Desde el alumnado se exige a las administraciones públicas que garanticen la cobertura inmediata de las plazas vacantes, y se hace un llamamiento a toda la ciudadanía para que no permita que esta historia se repita en silencio. Porque no solo está en juego una escuela, sino el modelo de territorio que queremos: uno con derechos y servicios públicos, o uno abandonado al recorte y al éxodo.
La lucha por mantener abierta la EOI de Tarazona es también una lucha por vivir dignamente en el medio rural. Y esa lucha, como tantas otras, no debería librarla sola la ciudadanía.




