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La Cumbre que no amaba al clima

La Conferencia de las Partes (COP) es el órgano de decisión supremo de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre Cambio Climático. 197 Partes conforman el tratado: 196 naciones más la Unión Europea. En estas conferencias anuales (que comenzaron en 1995) pueden participar como observadores los representantes de empresas...
| 15 diciembre, 2019 11.12
La Cumbre que no amaba al clima
Un momento durante la Cumbre Social por el Clima. Foto: Carlos J López.

La Conferencia de las Partes (COP) es el órgano de decisión supremo de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre Cambio Climático. 197 Partes conforman el tratado: 196 naciones más la Unión Europea. En estas conferencias anuales (que comenzaron en 1995) pueden participar como observadores los representantes de empresas, organizaciones internacionales, grupos de interés o asociaciones.
Es su vigésima quinta reunión. Está organizada y presidida por Chile, tras la renuncia de Brasil con la llegada del negacionista Bolsonaro al poder. Pero las revueltas en Chile, basadas en el rechazo social al empeoramiento de la vida (mientras unos pocos la mejoran desmedidamente) y una postura cercana al negacionismo del presidente chileno, llevaron la Cumbre del Clima a Madrid.

La COP25, cuyo lema “Tiempo de Actuar” es revelador, ha concluido el 13 de diciembre sin actuar, con algún acuerdo menor de obligaciones para combatir el cambio climático, que no llegará a cumplirse como está siendo tradicional. Le antecede el fracaso de Katowice hace un año que pretendía, simplemente, el compromiso de todas las partes para cumplir lo acordado en las cumbres de Kioto (1997) y París (2015) sobre reducción de emisiones de gases de efecto invernadero (GEI), para evitar el aumento progresivo de la temperatura del planeta y que debería entrar en vigor en 2020. Ningún país quiere modificar su sistema productivo ni modo de vida aunque suponga, como ya se sabe, una amenaza de muerte para el planeta.

La COP25 está siendo, como es habitual, una reunión de cargos públicos de los principales países (contaminantes) del mundo para ver cómo pueden seguir manteniendo un sistema económico basado en el crecimiento monetario sin que afecte gravemente al medioambiente. No es, obviamente, que les mueva una preocupación por preservar el planeta y sus ecosistemas en su estado original, sino el miedo que están infundiendo las consecuencias cada vez más visibles de la crisis climática.

Prueba de ello es que el encuentro se basa, principalmente, en el control de las emisiones de GEI a través de la implantación de un “mercado de carbono”. Es decir, los países ricos fijan unos “derechos de contaminación” por CO2 principalmente y el país que los exceda deberá comprar derechos a otro al que le “sobren”. Un mercado sujeto a especulación y esta nunca ha sido amiga del planeta. Eso sí, se ha escenificado muy bien que todas las partes afectadas han podido decir unas palabras. Un espectáculo tan grandilocuente como estéril.

La Cumbre Social
Por este motivo, los verdaderos expertos en todas las aristas del cambio climático, que son muchas, se han reunido en un encuentro alternativo muy poco mediatizado: la Cumbre Social por el Clima (CSC), que comenzó el día 7 tras la gran Marcha por el Clima que recorrió el centro de Madrid. Aragón ha estado presente con activistas de los sectores de la ecología como Ecologistas en Acción, de la energía como la Red contra las Autopistas Eléctricas, del agua, como Coagret y Red de Agua Pública o de movilidad sostenible.

Decenas de actividades en la Universidad Complutense de Madrid que sirven para poner en contacto las múltiples experiencias mundiales y para apuntar las soluciones al problema. “No queremos que nos escuchen, queremos que escuchen a la ciencia”. Esto sólo es posible si los expertos no están sujetos a intereses empresariales y, por ello, la COP no dará nunca una solución efectiva.

El pabellón verde, ese espacio de la COP25 para el público, es una exposición de algunas experiencias ecologistas y científicas pero, sobre todo, un gran escaparate de las grandes empresas contaminantes: energéticas y constructoras. Al lavado de imagen contaminante le llaman greenwhasing o ecopostureo.

Algo queda claro, sin embargo. El modo de vida occidental actual no puede durar mucho tiempo sin alterar gravemente el equilibrio medioambiental planetario. ¿Qué hacer? Frente a la pretensión de la COP de seguir igual pero un poquito menos, se alzan las voces de la CSC exigiendo cambios radicales, que no sólo proponen soluciones viables, sino que también desmontan falsas argumentaciones muy extendidas por medios de comunicación y “expertos” a sueldo de las grandes empresas contaminantes. Greta Thunberg pretende concienciar a los líderes políticos, pero sabe que las respuestas están en la Cumbre Social, a donde acudió a mostrar su apoyo. Sólo los movimientos sociales pueden forzar a sus gobiernos a afrontar con seriedad la emergencia climática actual.

Energía
Nuestro sistema energético se basa en el consumo creciente de combustibles fósiles agudizado desde la revolución industrial por el uso masivo de carbón y petróleo, recursos finitos ya en declive de producción. Su quema produce grandes cantidades de emisiones de GEI (el 80%). La primera medida debe ser, indefectiblemente, la reducción de consumo energético, algo que no contempla la COP. Después sustituir combustibles fósiles por energías renovables.

La energía nuclear no es alternativa por varios motivos: supone el 5% de la producción energética (no puede suplir al 80%), es costosísimo construir sus infraestructuras (como curiosidad, una central nuclear emplea 7 veces el hormigón del rascacielos Empire State) y desmontarlas después y es costosísimo y muy contaminante obtener el combustible y almacenarlo después, pues son residuos que permanecen activos más de 100.000 años. Su peligrosidad es muy alta y aumenta exponencialmente a partir de los 40 años de vida útil. Y, aunque no se diga, también contamina, menos que el petróleo pero mucho más que la eólica o la biomasa. Si están obteniendo rentabilidad las empresas energéticas es porque no están pagando ninguno de estos costes. ¿Quién los pagará? ¡Qué duda!

Dos empresas extranjeras controlan la minería del uranio en el Estado español, lo que además de una pérdida de soberanía energética implica un aumento de costes. La central nuclear de Almaraz, por ejemplo, se refrigera con el pantano de Arrocampo, pero cada vez es más difícil porque la temperatura de su agua se mantiene caliente todo el año. A pesar de los controles de seguridad, en el Tajo hay contaminación derivada, una preocupación en Portugal, que no tiene centrales. Tampoco tiene déficit energético.

El Estado español cierra centrales térmicas y pasa a comprar la energía a Marruecos que la produce en dos centrales térmicas igualmente (que pertenecen a empresas transnacionales), es decir, deslocalizamos la contaminación, pero no la reducimos. Es posible por las autopistas eléctricas construidas. Son megaproyectos especulativos innecesarios y opacos, un sumidero de recursos públicos para aprovechamiento privado y un destrozo al paisaje. Hay varios proyectos en los Pirineos y en los Balcanes, un territorio donde se conservó la naturaleza. Ahora se va a llenar de embalses y se va a conectar con Italia. Europa no quiere renunciar a su consumo energético.
En Granada hemos parado dos proyectos de autopistas eléctricas porque habiendo sido publicado en el Boletín Oficial y expropiadas 500 propiedades (pequeñas claro), adolecía de los preceptivos informes de impacto económico y ambiental. Hay connivencia de administraciones y empresas.

Red Eléctrica Española es 80% privada (se malvendió). Está dirigida por el ex-ministro del PSOE Jordi Sevilla y, como empresa privada, busca su beneficio privado y no el interés social. Electricité de France es 85% pública. España tiene una capacidad de producción de 101 MW y los picos de consumo llegan a 41. El sistema está sobredimensionado. No requiere ninguna ampliación. No requiere más autopistas eléctricas. Cada una que atraviesa los Pirineos hace caminos para instalar y mantener las torres de 100 m de altura y tala la vegetación de 100 m de anchura. Destroza el valle afectado sin dejar un sólo beneficio.

La mejora de conectividad eléctrica podría reducir costes de transporte pero no el precio de la electricidad que fija un oligopolio, como ha demostrado el proceso de «liberalización». Además, deberíamos reducir el tamaño de las instalaciones productoras, así como la distancia de transporte de la energía. Deberíamos acomodar el consumo a la producción y no so revés.

Es preciso cambiar el modelo energético y pasa, ineludiblemente, por evitar el control de la energía por cualquier tipo de oligopolio privado, como ocurre actualmente. En el futuro debe haber muchas pequeñas producciones de diferentes sistemas y en diferentes sitios y el oligopolio actual teme perder el control de los precios. No podemos permitir una transición energética basada en la sangre de los pueblos indígenas que viven en las zonas que están siendo objeto de la usura de las grandes multinacionales.

La movilidad
Los planes de movilidad de la mayoría de ciudades son muy bonitos pero se han hecho para guardarlos en el cajón. Y las empresas lo aprovechan para mejorar su imagen sin aportar nada al medioambiente. Realmente pretenden deteriorar el transporte colectivo. Las nuevas políticas de movilidad basadas en compartir vehículos y otras que no reducen el uso de vehículos a motor individuales (aunque sean eléctricos) no son eficientes ni para mitigar el cambio climático. La campaña “30 Días en Bici” pretende introducir a mucha gente en el conocimiento y uso de la bicicleta para sus desplazamientos habituales como un modo de mejorar su salud y, sobre todo, su movilidad. Aragón debería adoptarla.

Medioambiente y derechos humanos
La crisis climática no se soluciona hablando sólo de economía, como hace la COP, hay que hablar también, y sobre todo, de medio ambiente y de derechos humanos. Las grandes empresas multinacionales buscan maximizar su beneficio y esto se consigue mejor con salarios míseros y sin pagar por los destrozos medioambientales. En territorios vírgenes, poblados de indígenas de escasa relevancia política para sus gobiernos, estas empresas no tienen escrúpulos en destruir el entorno y hasta las mismas personas si molestan o se oponen. El desplazamiento masivo de poblaciones, el envenenamiento de tierras (y sus moradores) y el asesinato de líderes sociales y medioambientales es continuo en pos del crecimiento de Occidente. No se podrá no mejorar, sino siquiera parar, la degradación del clima si siguen existiendo grandes corporaciones mundiales.

Los movimientos indígenas, medioambientalistas y de jóvenes rurales y urbanos están cada vez más relacionados globalmente, un hecho que no suele aparecer en unos medios de comunicación que también pertenecen a los grandes grupos empresariales.
El cambio climático, con sus variaciones pluviales y de temperatura, está provocando la ruina de muchos pequeños agricultores en los países pobres. Algunos pueden reciclarse hacia el turismo de naturaleza, pero están en riesgo constante por las presiones especulativas de la minería, la agroganadería intensiva, la construcción o las represas, que modifican drásticamente el paisaje. Pero otros no tienen más remedio que emigrar, la mayoría a ciudades cercanas, pero algunos intentan llegar a los países ricos. Las leyes europeas establecen diferencia entre la emigración política por persecución y la emigración económica, pero hay muy poca diferencia entre morir en una guerra, asesinado o de hambre.

Occidente se lleva la riqueza de los países y debe implicarse en la solución. Debe acoger a las personas que huyen de hambre, guerra y persecución, en virtud de la Declaración Universal de los Derechos Humanos y, por supuesto, paralizar el expolio y las guerras que provoca para ello.

Alimentos
El cambio climático y sus efectos está siendo agudizado por la quema de los bosques terrestres como en el Amazonas, ya que al efecto contaminante del incendio se une disminución de absorción de CO2 de un bosque que pierde vegetación. Los incendios no son fortuitos. Poco tiempo después ya hay ganado pastando en las zonas arrasadas o cultivos latifundistas. Se quema por interés económico.
Si la producción alimentaria crece, ¿por qué aumenta el hambre en el mundo? Producimos el doble de alimentos necesarios para alimentar a la humanidad, pero muchos se desechan en los países ricos. No se requieren más cultivos o granjas y menos a costa de bosques. La comida, en nuestro sistema, no es un derecho sino un negocio. Volvemos a estar dominados por los intereses de grandes empresas transnacionales.

La multiplicación de las macrogranjas y macrocultivos está siendo pareja a la desaparición de las pequeñas exploraciones familiares, lo que agudiza el problema de despoblación rural. En España ya viven 32 millones de cerdos y se sacrifican 50 millones al año. Una “industria” que genera 62 millones de metros cúbicos de purines concentrados en poco espacio, que contaminan acuíferos y campos. Las macrogranjas europeas importan cereales transgénicos de Sudamérica gracias a acuerdos comerciales como el UE-Mercosur. Contaminación acumulativa. España se enfrenta cada año al incumplimiento de los límites fijados por la UE de emisión de amoniaco, de la que la ganadería intensiva es responsable en un 92%, según Greenpeace.

En Aragón viven 43 millones de animales de granja. De ellos 8 millones son cerdos, la comunidad con mayor cantidad. Se prevé el sacrificio de 20 millones en 2020. Actualmente, el sector produce 110 m3 de purines (nitrógeno líquido). La ganadería aragonesa produce, al año, medio millón de toneladas de metano (como 6 millones de automóviles), un gas con una potencia de efecto invernadero 20 veces superior al CO2 y 600.000 toneladas de nitrógeno, que requeriría toda la extensión de la comunidad autónoma para su difusión no contaminante. Esta contaminación ambiental ya afecta a la salud humana y los purines amenazan con dejar envenenados grandes extensiones de tierras y aguas por muchos años.

Los ricos contaminan más
La contaminación no es un problema creado por todo el mundo: los ricos hemos contaminado mucho más que los pobres y queremos seguir igual. La desigualdad extrema y la crisis climática van de la mano, y no es posible entender la una sin la otra. Solo el 10% más rico del planeta es 60 veces más responsable de las emisiones de dióxido de carbono que se emiten a la atmósfera que el 10% más pobre. En el caso de España, las emisiones de CO2 por consumo del 10% de los hogares más ricos superan en 2,3 veces las del 10% más pobre. Una persona en España expulsa cada año a la atmósfera casi 4 veces más que una china, 5,6 veces más que una marroquí, 6,4 más que una guatemalteca, 16,5 más que una nigeriana o 50 veces lo que un granjero ugandés. Son datos del informe de Oxfam presentado en la COP25.

Contaminación y tratados de libre comercio
Debemos producir y consumir en entornos cercanos y los productos deberían ser de calidad y duraderos. Los Tratados de Libre Comercio (TLC), además del efecto «beneficioso» del intercambio de productos, tiene un coste altísimo en contaminación por el transporte y en dependencia política y económica, ya que las beneficiadas son siempre grandes empresas y productores que acaban con toda la pequeña competencia, dejando a las familias sin recursos y, dominando a los propios gobiernos.

No estamos en contra del desarrollo, estamos en contra de un desarrollo a costa de la naturaleza y de la vida de las propias personas, especialmente del maltrato a los pueblos indígenas, que siguen siendo desplazados y asesinados impunemente” nos cuentan activistas latinoamericanos. En Latinoamérica los gobiernos suelen estar en contra de los intereses indígenas. Los TLC, como el acuerdo comercial UE-Mercosur, no tienen en cuenta ningún aspecto medioambiental ni de trazabilidad del producto para que respete calidad y derechos humanos. No se sabe si un producto deriva de la explotación, del expolio o del asesinato, si emplea agrotóxicos cancerígenos u otros pesticidas nocivos para la salud o para la tierra.

Los tratados comerciales tienen un “mecanismo de resolución de disputas entre inversores extranjeros y estados” (ISDS) que es un sistema privado judicial pagado con fondos públicos para que las empresas multinacionales puedan demandar a los estados por las pérdidas que ellas estimen que les producen las leyes del país. Este mecanismo está por encima de la propia Constitución Española. Estos tratados no interesan a la gente.

El Acuerdo de París es insuficiente contra el cambio climático. Debemos rechazar la Organización Mundial del Comercio y su modelo comercial internacional basado en los tratados comerciales como el UE-Mercosur, fomentado especialmente por Sánchez y Bolsonaro. Conviene recordar que la patronal empresarial española felicitó al ultraderechista Bolsonaro por su victoria en Brasil. Hay mucho negocio en materias primas a explotar. No les importa su ataque al medioambiente, al cambio climático y a la vida de las personas.
La deforestación, alarmante en Brasil, va a provocar un aumento enorme de emisiones de CO2 por los nuevos cultivos a exportar a Europa y por la quema y desaparición de los bosques amazónicos. El acuerdo UE-Mercosur no busca alimentarnos sino lucrar a unos pocos.
Pantanos, despoblación y asesinatos

El río Ebro es el que más embalses tiene en Europa : 150 y otros 50 proyectos más. Así que cada vez llega menos agua al delta y casi no aporta sedimentos, que se han reducido en un 99%. El cambio climático reduce más los aportes de agua y calienta y acidifica los mares.
Muchos embalses son innecesarios o dañinos. Han despoblado muchos valles y no solucionan los problemas de agua ya que no hay ningún plan que adapte los cultivos a las características hídricas del entorno. La demanda de agua crece continuamente para la agricultura, pero también justifica los proyectos especulativos de grandes constructoras y empresas energéticas.

El dinero a ganar, siempre el dinero, lleva al asesinato de muchos activistas medioambientales, como pasó con Berta Cáceres. Sus asesinos materiales ya han sido condenados a cárcel por la presión social internacional. No así los inductores intelectuales. En 2015 fueron asesinados185, con Brasil, Filipinas y Colombia como países con mayores casos.

Conclusión
El futuro de la humanidad y del planeta pasa por dar una visión más social y medioambiental a la vida, mejorando su calidad. Lo importante no es el dinero que tanto aman las grandes empresas, sino las personas y el planeta, la pacha mama. La presión social es la única capaz de obligar a cambiar el rumbo y superar la emergencia climática (y humanitaria). Como ha dicho Greta Thunberg: «En solo tres semanas entraremos en una nueva década, una década que definirá nuestro futuro. Ahora mismo estamos desesperados por alguna señal de esperanza, y les digo que hay esperanza, la he visto, pero no viene de los gobiernos o las corporaciones, viene del pueblo. Cada gran cambio en la Historia ha venido del pueblo”.

15 diciembre, 2019

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