Casi dos décadas después del arrasamiento de la cueva de Chaves, las investigaciones arqueológicas regresan a este enclave con el objetivo de evaluar qué elementos del yacimiento pueden todavía ser estudiados y, sobre todo, qué posibilidades existen de conservar parte de la información arqueológica que permanece bajo los niveles neolíticos destruidos por la codicia capitalista.
La Universidad de Zaragoza retoma este jueves, 20 de agosto, los trabajos arqueológicos promovidos en la cueva de Chaves. El denominado “rescate arqueológico” comienza después de unos primeros trabajos previos centrados en la topografía de la cavidad y continuará con una jornada colaborativa en la que participará alrededor de una veintena de personas voluntarias.
La actuación tiene como punto de partida los restos arqueológicos que todavía pueden localizarse sobre el suelo de la cueva. Se trata de materiales detectados durante las visitas públicas realizadas a lo largo del último año y que serán recogidos registrando previamente su posición concreta dentro de la cavidad.
La intervención pretende evitar que estos restos continúen deteriorándose. Según explican las entidades promotoras, los materiales constituyen prácticamente lo poco que queda de la ocupación neolítica de la cueva y se encuentran ya fuera de su contexto arqueológico original. La maquinaria pesada que arrasó el yacimiento provocó su desplazamiento y deterioro, de manera que los restos conservados en superficie apenas aportan información histórica.
Por este motivo, el objetivo de esta primera actuación es fundamentalmente patrimonial más que científico. La recogida y documentación de los materiales permitirá, no obstante, evitar que continúen sufriendo daños como consecuencia del tránsito de las personas visitantes por el interior de la cavidad.
Una actuación principalmente patrimonial
Las entidades impulsoras subrayan que los restos que permanecen en superficie son “lo poco que queda” de la ocupación neolítica y que su estado de conservación y la pérdida de su contexto original limitan considerablemente la información histórica que pueden aportar.
La intervención tiene, por ello, un marcado carácter patrimonial. La recogida sistemática pretende preservar esos materiales frente a nuevas agresiones y evitar que continúen deteriorándose por el tránsito de visitantes.
Los restos ya han sufrido el arrastre provocado por la maquinaria pesada que intervino en la destrucción del yacimiento. A ese deterioro se suma ahora el riesgo derivado de las visitas a la cavidad. La recogida, identificación y registro de los materiales pretende impedir que sigan sufriendo daños por el pisoteo accidental o inconsciente de quienes acceden al espacio.
La jornada del jueves constituye así una primera actuación dentro de un programa de investigación mucho más amplio, cuyo siguiente objetivo será conocer qué parte del registro arqueológico puede permanecer todavía conservada en el subsuelo.
Georradar y sondeos para buscar posibles niveles paleolíticos
Las próximas semanas estarán dedicadas a completar las labores topográficas y a desarrollar nuevas investigaciones sobre el subsuelo de la cueva. El proyecto contempla la realización de estudios mediante georradar, una técnica que permitirá analizar las estructuras y posibles niveles conservados bajo la superficie sin necesidad de intervenir inicialmente de manera invasiva sobre todo el espacio.
A estos trabajos se sumarán sondeos arqueológicos destinados a valorar la posible conservación de ocupaciones paleolíticas. Esta posibilidad se plantea a partir de la existencia de una potente costra localizada bajo los niveles neolíticos que fueron destruidos. Los estudios previstos tratarán de determinar si bajo esa formación se conservan restos correspondientes a ocupaciones paleolíticas y, en consecuencia, si existe todavía un registro arqueológico susceptible de investigación.
La cuestión resulta especialmente relevante para determinar el alcance de lo que todavía puede conservarse en la cueva. Frente a los materiales neolíticos que permanecen descontextualizados en superficie, los posibles niveles paleolíticos situados bajo la costra podrían conservar parte de su contexto arqueológico y proporcionar nueva información científica.
Será precisamente la combinación de las labores topográficas, los estudios con georradar y los posteriores sondeos la que permita evaluar el estado de conservación de esos posibles niveles.
Un proyecto dirigido por Rafael Domingo
La dirección de los trabajos corresponde al arqueólogo y profesor del Área de Prehistoria de la Universidad de Zaragoza Rafael Domingo. El proyecto está promovido por la propia Universidad de Zaragoza y cuenta con la colaboración de Apudepa, Ecologistas en Acción de Uesca, la Asociación Valle de la Gloria de Casbas y la Plataforma para la Defensa del Patrimonio de Uesca.
Las cuatro organizaciones acompañan así a la Universidad de Zaragoza en esta nueva fase de investigación y recuperación patrimonial de la cueva de Chaves.
La iniciativa combina en esta primera etapa la investigación arqueológica con una dimensión de conservación patrimonial, ante la necesidad de proteger los materiales que todavía pueden recuperarse y documentarse en el interior de la cavidad.
La jornada de este jueves
La primera jornada colaborativa tendrá lugar este jueves, 20 de agosto. La cita para las personas interesadas en asistir está fijada a las 12:30 horas en el aparcamiento situado al inicio del camino hacia la cueva.
Desde ese punto se realizará el traslado hasta la cavidad, donde el profesor Rafael Domingo ofrecerá las explicaciones correspondientes sobre los trabajos y el proyecto de investigación. Las organizaciones convocantes han solicitado confirmación de asistencia. El punto de encuentro del aparcamiento se encuentra en las coordenadas 42°12'59.9"N 0°08'53.9"W.
Con esta actuación, la cueva de Chaves vuelve a ser objeto de investigación arqueológica casi dos décadas después de su arrasamiento. La recogida y documentación de los materiales neolíticos que todavía permanecen en superficie constituye el primer paso de un programa que pretende determinar si, pese a la destrucción sufrida por el yacimiento, todavía existen bajo sus niveles arrasados vestigios de ocupaciones paleolíticas que puedan ser investigados y preservados.
La intervención parte, por tanto, de una realidad arqueológica profundamente dañada, pero también de la posibilidad de que una parte del registro prehistórico de la cavidad haya sobrevivido bajo los niveles destruidos. Los estudios de las próximas semanas deberán determinar hasta qué punto esa información permanece todavía a salvo.





