
El otro día leí por aquí un artículo que pretendía explotar aquella gracia del “regador regado”, del “indignado con los indignados”, del “señalador de casta de los que señalan a la casta”. Me hizo más gracia el hecho que el texto. Pero bueno, la “chispa” de ese artículo me encendió las ganas de escribir un poco cuando tuviera un rato. Y esta es mi reflexión.
Corrían las épocas de la primera restauración borbónica, aquella que entre el XIX y el XX convirtió España en finca del caciquismo, cuando se empleó en la prensa, y no en balde como confirmaría Tuñón de Lara al hablar de “bloque de poder”, la palabra “casta”. Aparecía asociada a uno de los popes del bipartidismo de entonces, Práxedes M. Sagasta. Y llegó la República, y en 1931 la CNT en sus medios de difusión se decía ''¿Será la última vez que la casta se vanaglorie de su triunfo?'' y en el difícil año de 1934, Manuel Azaña, en el diario El Luchador escribía en contra de los gobiernos con ataduras monárquicas denunciándolos como “casta política” y en esas misma páginas Pérez Ayala al año siguiente las desenmascaraba así: ''En España las únicas castas hereditarias han sido recientemente la de los políticos de profesión, la militar, que es también una variedad de la casta política y la aristocracia''. Hay quien se va a la India y no recuerda menciones más recientes de la palabra como la de Hermann Tersch, en un diario tan poco revolucionario como el ABC en 2010, refiriéndose al PSOE “que lamentablemente tiene cómplices, colaboradores y encubridores de este casta política, mediática y económica de este país el que abundan los cobardes''. Y es que la palabra casta pertenece a la inteligencia colectiva mundial del siglo XX como forma de denunciar a la autorreproductiva élite extractiva (puede consultarse al Nobel en Economía Stiglitz para saber qué es eso) que se instala en sistemas políticos como el nuestro en los que se conectan circuitos que unen los partidos políticos con los grupos financieros y de la gran empresa.
Las más de las veces le falta la razón a ese periodista del ABC que citaba pero no cuando decía que una casta tiene encubridores y colaboradores. ¿Los llamaremos a estos “casta de 2ª”, “caspa” o “casta menor”? Hoy vamos a darnos licencia para ir por esa “casta menor”. En esa “casta menor” entran partidos con vocación de bisagra, escindidos del bipartidismo de esta segunda restauración borbónica. Hay ahí personajes con carisma mediano (pero con mucho garrote con los suyos) que aspiran a conseguir su cachito de poder apelando al voto de colectivos y personas más indignadas y hartas que informadas por unos medios de comunicación pagados por la casta financiera. Pero, vaya, consideremos también piezas de casta menor a los partidos de andar por casa, a los que aspiran a su parejita de concejales, a su manita de diputados regionales o nacionales. Ya se sabe que muchos pocos hacen un mucho y dan para presumir de tener miles de cargos públicos. ¡Y si es en una comunidad autónoma con 700 municipios qué difícil debe ser conseguir miles de sillas! O sacar cientos de cuartos a los que llamar “mi despacho” para cerrar la puerta y hacer cosas dentro. Para que se les pueda ver, los partidos de la casta menor utilizan etiquetas, a veces a pares, como “izquierda” o “aragonesista” sin creérselas más que como recurso para resultar “guay” a sus amigos de toda la vida y apropiarse de la gente que quiere luchar y a la que no le quieren dejar otro remedio que acudir a estas denominaciones. Hasta quieren atacar un poco a los demás por no usar sus etiquetas. Incluso, utilizando una cuestión de derechos humanos como es que no se discrimine a nadie, por ejemplo, por causa de su lengua. Es demagógico (vaya, estoy cayendo en el chiste de regar al regador, lo siento) ligar el patrimonio lingüístico aragonés con la conveniencia política de un partido que al mismo tiempo se olvida ponerlo en uso público cuando puede o se olvida de la necesidad de contar en esa cuestión con la sensibilidad de la gente. La gente de esta tierra es la única que debe de hablar de ello y lo hará en una u otra de las distintas lenguas empleadas en Aragón. Es la gente la que vive y hace viva una lengua, no el twiter de un político.
Creo que no hace falta remontarse a los tiempos de Catón ni a los de la enciclopedia Álvarez para reivindicar la palabra crítica. Sólo hay que acudir a la inteligencia, y a la memoria también. Podemos recordar algunas cosas bastante más recientes que la antigüedad grecorromana. ¿Por qué no? La casta menor es colaboradora ocasionalmente necesaria para que la casta mayor medre. Cuando la casta mayor necesita de una ayudita para mangonear los bienes comunes de la gente, para privatizar, para despilfarrar o para tapar, siempre tiene ahí a la casta menor. Y la casta menor no participa de los grandes sobres ni de los soleados chalets que goza la otra. Sus ambiciones, menores, claro, son las de ese cargo con sus dietas y ceremonias, las del control de esas prebendas y subvenciones que controlan a su vez a quienes viven de las migajas de las migajas; las pequeñas ambiciones que hacen vender por cuatro lentejas a la mayoría de la gente de esta tierra. Y a veces hacen pagar a las gentes de Aragón por esas poquitas miserias facturas no menudas como las urbanizar Arcosur, como las de proyectos de Romaredas y como las de megasupereventos y megaibertrenes para ponernos en el mapa a los zaragozanos. En el mapa que nos han puesto es en el mapa de la deuda insostenible, que se quiere pagar con privatizaciones encubiertas de bienes comunes como el agua, con retrasos en el pago a contratas pertenecientes a fondos multinacionales que esclavizan nuestros impuestos futuros y nuestra fuerza de trabajo presente. ¿Por qué quienes debían hacerlo no denunciaron lo que era injusto? ¿Por qué ayudaron a echarnos al cuello tanta cadena? La casta menor tal vez tuviera también una valentía menor; menor aún que sus pequeños intereses.
Podemos ha de sacar fuera del poder a la casta, casta mayor o casta menor, para que pueda entrar como un vendaval la gente corriente. Podemos es un movimiento social que ha sabido ver que para lograr dominar el juego es necesario emplear el arma de la creación de un partido, no desde luego con un partido como es el de cualquier representante de la casta menor, como el del autor del texto que citaba al principio.
Podemos utiliza en un su combate por la democracia un partido participativo que ha hecho de la palabra y la discusión su mejor recurso de propaganda; un partido que convierte el debate de ideas en la manera en la que luego enfoca sus primarias abiertas. ¿Han hecho todos los partidos de Aragón primarias abiertas últimamente? Podemos es un partido que se auto-prohíbe en sus documentos constitutivos contraer deudas con ningún banco, ni con ninguna caja autonómica, que luego haya que pagar con el Boletín Oficial. La gente que vota Podemos paga sus propias campañas mediante la cooperación económica en Internet, los crowfundings.
Podemos no quiere ocupar el lugar de la gente allí donde la gente es capaz de organizarse sola. Podemos renuncia a andar a la búsqueda de cuotas de poder local cuando es la propia ciudadanía la que desborda los diques que le ponen a la democracia los partidos mayores y menores de la casta. Y en esta comunidad autónoma Podemos romperá esos diques con la ayuda de la gente allí donde sea necesario.
Pablo Félix González Ochoa, Secretaría de Comunicación del Consejo Ciudadano en Zaragoza de Podemos
